La estrategia socialista del “todo vale” por Cristina Cifuentes

Cuando apenas quedan unos días para el inicio de la campaña electoral, algunos han puesto en marcha la maquinaria de la mentira y el engaño en un intento por extender la confusión y el miedo entre los ciudadanos para sacar ventaja política. Tras los embustes sobre el copago sanitario o la eliminación de la gratuidad de las tiras de control de la glucosa para diabéticos, sale a escena la número dos de la candidatura socialista a la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce,  utilizando la muerte como instrumento electoral sin ningún tipo de pudor.

Valcarce critica al Gobierno de Esperanza Aguirre y dice que en Madrid ha habido “79 personas que han muerto esperando los recursos de la Ley de Dependencia”. Olvida la dirigente socialista que el 60% de las personas dependientes que todavía no reciben asistencia viven precisamente en comunidades autónomas gobernadas por el PSOE.

Lo cierto es que Madrid lidera la atención a dependientes, con 9 puntos por encima de la media nacional. La Comunidad atiende diariamente a 70.000 personas dependientes y otras 16.000 reciben prestaciones económicas. Además, nuestra región es la que cuenta con más plazas residenciales y centros de día. Desde la implantación de la Ley de Dependencia, el Gobierno de Esperanza Aguirre ha aportado en Madrid prácticamente la misma cantidad aportada por el Gobierno de Zapatero en el resto de España (3.400 millones de Euros en políticas de prevención y atención). Además, la aportación del Gobierno regional para la atención a la dependencia es casi diez veces la de la Administración General del Estado en la Comunidad de Madrid.

El Gobierno socialista presume de la paternidad de la Ley de Dependencia, pero no aporta los fondos necesarios para aplicarla. Y es la Comunidad de Madrid quien asume el 76% del coste de atención de cada persona dependiente. Valcarce fue impulsora de esta Ley desde la Secretaría de Estado de Asuntos Sociales y por tanto conoce perfectamente la situación. Por ello su mezquino intento de atacar al gobierno de Esperanza Aguirre a costa de los dependientes muertos resulta especialmente censurable.

Resulta lamentable la macabra utilización que los socialistas madrileños hacen de las desgracias ajenas. A eso se le llama “ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. Y es que en política no puede valer todo ni se deberían atravesar determinadas líneas rojas como acaba de hacer la número 2 socialista. Sin duda los madrileños les pasarán factura por ello.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta de el Asamblea de Madrid

Anuncios

“Decálogo del político buenista (unisex y ambidiestro)” por Ángel Garrido

1 – Si eres de izquierdas, procura parecer un poco de derechas. Si eres de derechas, procura parecer un poco de izquierdas.

2 – Sé crítico con los tuyos. No hace falta tener razón, basta con parecer diferente.

3 – Di siempre lo que piensas. Lo que piensas que la gente quiere oír claro.

4 – Sensu contrario, nunca digas nada que creas que la gente no quiere oír.

5 – Desconfía de los principios; es infinitamente mejor el sentido de la oportunidad. Ignora a los resabiados que lo califican burdamente como oportunismo.

6 – Elabora un prontuario de frases buenistas y tenlo siempre a mano, no hace falta que digan nada pero es importante que sirvan para todo. Verbigracia: “Debemos desarrollar acciones integradoras que esculpan espacios de encuentro, donde los nexos de colaboración se establezcan a través de hilos de diálogo entre los agentes implicados”. Bonita ¿verdad?

7 – Sigue siendo un error muy frecuente querer distinguir a las personas por sus méritos y capacidad. El buenismo no juzga a las personas por cosas así, sino por su sonrisa.

8 – Olvida lo que tantas veces habrás escuchado sobre que en democracia las formas son importantes. Olvídalo por completo. En el Buenismo, las formas son lo ÚNICO importante. Deja asuntos triviales como el fondo, para filósofos o catedráticos de ética, que a ti no te pagan para eso.

9 – Más de un gran buenista se ha malogrado por no elegir las citas oportunas. Si eres de izquierdas, cita a Vargas Llosa; si eres de derechas, Benedetti es tu hombre. Por supuesto no hace falta haberlos leído.

10 -Si hay que desconfiar de los principios, aún más de las convicciones. Los principios son contrarios a la necesaria flexibilidad buenista, pero las convicciones nos pueden llevar al desastre de no poder cambiar de principios.

Ángel Garrido, concejal (PP) Ayuntamiento de Madrid

“¿Y Bender qué opina de esto?” por David Sañudo

Uno se pone a hacer zapping por la TDT y (quitando programas del corazón, concursos absurdos, magacines de cotilleo, programas repetidos, realities o llamadas de la suerte) puede que, con mucha suerte, se tope con un informativo decente (entiéndase por decente uno que no tenga videos de youtube, trailers de películas o videoclips musicales); pero dice la leyenda urbana que a veces puedes encontrarte un canal donde emiten series de televisión de calidad (nada de jovencitas pechugonas peleándose en las duchas mientras su compañero sin camiseta arregla el motor de un barco) y que, normalmente en horario intempestivo, puedes llegar a ver algún capítulo atrasado de ’The Big Bang Theory’,  ‘Misfits’, ‘Como conocí a vuestra madre’, o ‘Futurama’.

Nombres como los de Sheldon Cooper, Nathan Young, Barney Stinson o Bender Doblador Rodríguez son un hilo de esperanza para una TV que, como el periodismo en general, se difiere poco de la basura: algo que en algún momento fue útil pero que ahora huele bastante mal.

Las series anteriormente citadas se encuentran entre las más vistas por los jóvenes españoles, no hay más que navegar un rato por Internet para comprobarlo, pero es imposible seguirlas al ritmo de la televisión española: cambian su horario de emisión todas las semanas y se emiten varios capítulos seguidos sin orden ni concierto.

Si algún joven español quiere ser fiel a TBBT o HIMYM deberá, a juicio de este Gobierno, delinquir o, a juicio de algún cantante, dejar morir a los niños africanos. Difícil elección, entiendo, aunque como última opción podemos pedir consejo a nuestros queridos personajes:

Barney- Lo siento, no puedo, tengo las manos atadas… ¡ah no! eso fue anoche

Nathan- Somos jóvenes, se supone que debemos emborracharnos, que debemos portarnos mal.

Sheldon- “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David?

Bender- No sé, por primera vez en mi vida, noto que estoy harto de robar.

Uff… casi mejor no haber preguntado.

David Sañudo, periodista

“Rescate de los ayuntamientos” por Javier López

Hemos celebrado en CCOO de Madrid unas Jornadas sobre “Deuda, financiación local y repercusión en el empleo”.  Un debate esencial en tiempos de una crisis, larga, dura que se va a prolongar en el tiempo y que tiene efectos desastrosos sobre el empleo.   Los datos de empleo en Madrid ponen de relieve la dramática situación de 543.000 personas paradas en la Región, de las cuales 240.000 carecen de todo tipo de prestación, subsidio, o ayuda.  Una cifra que llegará a finales de este año a 300.000 personas paradas sin protección alguna.

Frente a quienes consideran que este país necesita reformas laborales, de la negociación colectiva, o de la protección social (pensiones, sanidad, educación, dependencia), CCOO hemos planteado que este país lo que necesita es revisar en profundidad un modelo económico de crecimiento endémico de la construcción, que ha funcionado como un cáncer con metástasis en todo el sistema productivo y de los servicios.

La irresponsabilidad inmobiliaria y financiera, han funcionado como una pandemia que ha recorrido el planeta derribando economías, destruyendo empleos y afectando más a países como España, Irlanda, Grecia o Portugal, que habían fiado su crecimiento a la financiación del sector inmobiliario, creando una burbuja especulativa de los precios de la vivienda.

Necesitamos reformar, reconstruir un nuevo modelo económico más sólido y productivo.  Necesitamos inversión pública, a falta de la privada, para reactivar la economía y comenzar a crear empleo cuanto antes.  Necesitamos proteger a las personas paradas.  Necesitamos asegurar la protección social para evitar quiebras y fracturas sociales.  Para afrontar estas líneas de trabajo y de futuro necesitamos asegurar los recursos.  Para tener recursos crediticios necesitamos una reforma en profundidad del sistema financiero, asegurando la fluidez entre el ahorro y el crédito.  Algo que no garantizan los bancos españoles en este momento.  Para obtener recursos, necesitamos reformar nuestro sistema fiscal, opaco, oscuro, injusto y desequilibrado, que carga la recaudación sobre los trabajadores y sus nóminas y que es complaciente y permisivo con las rentas del capital y especialmente las más altas.

Pero, junto a estas reformas, no podemos olvidar otra esencial y determinante en estos momentos, como es el de la Reforma del Sistema de Financiación Municipal.  Se habla mucho de los Ayuntamientos como administración más cercana a los ciudadanos.  Hay que recordar que un Ayuntamiento es tan  Estado como el gobierno Central o como una Comunidad Autónoma.

Sin embargo los Ayuntamientos son grandes maltratados por la descentralización autonómica.  Tras más de 30 años de democracia la participación del gasto municipal en el conjunto de gastos del Estado no va más allá del 13 por ciento del total, mientras que las Comunidades Autónomas han pasado a gestionar el 36 por ciento del gasto total, que incluiye la Seguridad Social.

La media de participación del gasto municipal en el total, en la zona euro es del 24,8 por ciento.  Casi uno de cada cuatro euros del gasto del Estado es municipal.  Hasta los países,  tradicionalmente centralistas como el francés mantienen un gasto municipal que supone el 22 por ciento del total. Reitero, en una España  autonómica y descentralizada, los Ayuntamientos no suponen más del 13 por ciento del gasto total.

Tampoco  desde el punto de vista de la participación de los Ayuntamientos en los ingresos del Estado la situación es mejor.  Los Ayuntamientos se encuentran en el 7 por ciento, mientras el Estado se queda con el 56 por ciento y las Comunidades Autónomas se quedan con el 36 por ciento de los recursos  recaudados.

Los Ayuntamientos, necesitan clarificar su sistema de financiación.  Cada dos por tres asistimos a una reforma de la financiación autonómica.  La última dotando con 11.000 millones de euros, más, ya en plena crisis, a las Administraciones  autonómicas.  Cada vez que esto ocurre se anuncia una reforma de la financiación municipal que nunca llega.  Por esta vía, los Ayuntamientos sin competencias claras, ni financiación estable, caminan de cabeza hacia su ruina económica, golpeando al empleo.

España necesita una segunda descentralización, que establezca el mapa de competencias municipales y establezca la financiación local estable y segura de esas competencias.  Mientras tanto el Gobierno de España debería tratar a los Ayuntamientos como a las Comunidades Autónomas, no imponiendo limitaciones extraordinarias a la refinanciación de la deuda municipal siempre que no aumente el endeudamiento.

En cuanto al Gobierno Regional de Esperanza Aguirre, no puede seguir mirando para otro lado,  cuando cerca de 60 ayuntamientos madrileños se encuentran al borde de la suspensión de pagos, el Expediente de Regulación de Empleo y la pérdida de puestos de trabajos directos e indirectos.

No es entendible que se establezcan fondos de rescate europeos para los países miembros, fondos de ayuda pública para salvar a la banca y por el contrario la Comunidad de Madrid no cuente con un Fondo de Rescate para evitar el colapso financiero de los Ayuntamientos, que puede agudizarse a partir de las elecciones autonómicas y municipales del 22 de Mayo.

Como Administración más cercana a los  ciudadanos, los Ayuntamientos deben ver despejado su futuro de financiación y solucionados los problemas derivados de la crisis, para planificar inversiones, crear empleo y favorecer la máxima calidad de los servicios públicos que prestan.

Francisco Javier López Martín, Secretario General de CCOO de Madrid.

“El futuro” por Lidia Fernández

Los jóvenes portugueses se manifestaron al grito de “dire straits”. No era publicidad de un grupo musical sino todo un llamamiento: “Situación desesperada”.

Los jóvenes griegos llenaron las calles rechazando un rescate que les robaba el país por treinta años.

Los jóvenes españoles fueron protagonistas de la huelga general y el pasado día 7 también protagonizaron su propia manifestación.

No es casualidad: esta no ha sido solo una crisis para maltratar el presente de la mayoría; es una crisis para castigar el futuro de los más jóvenes.

¿Qué podríamos decir de los jóvenes madrileños? Que se les niega cualquier oportunidad.

El 40% de  personas menores de 30 años se encuentran en paro. La salidas que se les ofrecen son la de emigrar, como hicieron sus abuelos, o acceder, con fortuna, a algún empleo poco cualificado.

Con salarios de miseria, trabajo precario o poco cualificado para su formación, con vivienda inaccesible, los madrileños y madrileñas más jóvenes se ven privados de su derecho a planificar su desarrollo personal y profesional, su proyecto de vida.

Sabíamos, desde el principio, que para los jóvenes la crisis no traería un momento feliz. Pero nunca imaginamos que no sólo les fastidiarían el presente sino que les dejarían sin futuro.

Sin embargo, es posible afirmar que hay oportunidades de empleo y derechos sociales. Que podemos impulsar un salario y un trabajo digno que nos permita llegar a final de mes sin dependencias de la familia.

Es tiempo de ofrecer oportunidades. Es el momento de frenar las agresiones de las políticas más liberales, la de los recortes y el dinero a los fuertes.  Es el momento de proponer un presente mejor, si, pero sobre todo, de garantizar futuro.

Solo hay una barrera que se oponga a esa posibilidad: la insaciable codicia de los especuladores y los poderosos. Y, también, la debilidad y la pereza de quienes se han rendido sin el menor reparo a la prepotencia de los mercados financieros.

Seguro que es  una barrera que será salvada, porque se habla de juventud sin futuro pero también tenemos una juventud sin miedo.

Lidia Fernández, responsable de Comunicación IU Comunidad de Madrid

“Mandar es gobernar mal” por Miguel Aguado

Nuestra vida se está volviendo horizontal. Los viejos valores verticales de jerarquía, obediencia y monolitismo cada vez pintan menos en nuestro día a día, y más bien apostamos por valores horizontales de intercambio, igualdad, participación y diversidad. La dictadura es vertical, la democracia horizontal. El ‘ordeno y mando’ es vertical, el diálogo es horizontal. La exigencia es vertical, la seducción horizontal. En nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestro entorno todos tendemos a ser cada vez más horizontales: nos mandan menos y mandamos menos, pero en cambio cooperamos más, sugerimos y nos sugieren más, convencemos y nos convencen más. En fin, nuestra sociedad se relaciona mejor y es más sensible al argumento y la persuasión que nunca. En política, casi todos los partidos españoles han ido cambiando en paralelo a esa evolución. Alguno queda, que no señalaré en mi compromiso de no atacar en esta columna, que aún no lo ha hecho, y sigue aferrado a la imposición, la falta de diálogo y el ‘porque lo digo yo’ como señas de identidad. Algunos todavía reclaman mano dura, intransigencia y rigidez para abordar los problemas. Ese autoritarismo antiguo no tiene futuro.

Todos sabemos que el mundo es redondo, pero hay quien disiente. El analista estadounidense Thomas Friedman publicó en 2005 su influyente ensayo “El mundo es plano: una breve historia del siglo XXI”, en el que defendía que internet, la globalización económica y demás conmociones contemporáneas han vuelto plano el mundo, en el sentido de que las empresas, las sociedades y las personas de nuestro planeta tienden a nivelarse, interactuar y competir entre sí en un plano de cada vez mayor igualdad.

Yo no estoy tan seguro del alcance de esa ‘democratización económica global’ que ve Friedman, pero suscribo la idea de que nuestra sociedad occidental es cada vez más democrática. Más abierta al razonamiento, más dinámica, más pragmática, más sensible a los matices, más propensa al intercambio fructífero de pareceres, más dispuesta a escuchar a los demás. Hemos dejado atrás el ‘usted no sabe con quién está hablando’. La noción de respeto sigue vigente, pero ahora el respeto se gana, no viene dado por la posición de cada uno. Las esposas ya no preparan a los maridos la bata y las zapatillas, los hijos ya no tratan de usted a sus padres ni les deben sumisión, los jefes delegan e involucran a sus colaboradores en proyectos abiertos, las empresas procuran canalizar la creatividad y participación de sus empleados. Incluso estructuras que podrían a veces parecer más burocratizadas como las iglesias, los partidos (casi todos) y los sindicatos intentan abrirse al debate y buscan estructurarse de manera flexible y, si no horizontal, sí al menos bidireccional entre la cúpula y el resto de la organización.

En nuestro país sigue habiendo personas y grupos, que se mantienen anclados en una actitud hosca, anacrónica y antipática de todos-firmes-que-aquí-mando-yo que les aleja de la realidad, les enajena la voluntad participativa de los ciudadanos, les priva del imprescindible contraste con otras opiniones y, no por casualidad, les tiene sumido en una feroz crisis-guerra interna que promete durar años. El PSOE funciona porque articula la disensión de manera positiva y debate consigo mismo y con los demás. Se mueve en torno a ideas (la de solidaridad, la de desarrollo sostenible, la de igualdad, etc.) y promueve la transparencia y la democracia interna; otros se mueven en torno a personas como delegados de oscuros grupos de poder y fomenta el monolitismo, la adhesión, la obediencia. Hoy y cada vez más gobernar es liderar a la sociedad, estimularla y dotarla de capacidad para que progrese; para los conservadores gobernar es mandar y punto.

Los romanos distinguían entre dos clases de poder. Según ellos, una cosa es la ‘potestas’, que tiene el sentido del poder efectivo, sea cual sea su legitimidad o su origen, y otra cosa distinta y más digna es la ‘auctoritas’, que es el poder derivado de un verdadero liderazgo, inspirador, legítimo, respetado por todos y fruto de una autoridad o prestigio consecuencia del buen hacer. Podríamos decir que la potestas vence, pero la auctoritas convence. La potestas es vertical, el poder por el poder, en tanto que la auctoritas es horizontal, el poder para liderar e inspirar el progreso social. Todos estamos de acuerdo en que es la auctoritas la forma más deseable de poder, pero queda en cierta derecha española algún resabio inquietante de cuando lo importante era ejercer el poder se tuviera legitimidad para ello o no, resabio que explica aquel dicho cruel de que ‘la izquierda tiene principios, la derecha tiene intereses’.

Miguel Aguado, secretario de Medio Ambiente del PSM

“Madride” por Adolfo Suárez

Hay casi tantos Madrid como personas lo disfrutan, lo odian, lo pasean o lo añoran. Hay tantos Madrid que quizás podríamos llamar a esta ciudad-ciudades Madride

El Madride de los Reyes, las princesas, los palacios. El Madride los que gobernaron un mundo que se extendía más allá, siempre más allá. De la razón, del oro y la plata, de los sueños de los que iban o de los que venían. Buenos y malos monarcas, pérfidas princesas, Duques de espada en mano y duelo presto, Condes de tanta alcurnia como peso, Baronesas altivas y Heraldos de sangre noble y bolsa pobre. Buscavidas notables y perdonavidas peligrosos. Un Madride Alatristes y embozados. Una ciudad de mucha corte y poca confección.

El Madride Baroja, de Quevedo. De Cervantes, de Hernández, de Góngora y su nariz, de Fortunata yPérez, de Jacinta y de Galdós. El Madride Max Extrella, de Unamuno y Valle Inclán. Madride rimas y leyendas, de Gustavos y Adolfos, de “¿Que es Poesía?, Madride eres tú. Madride escritores, soñadores y sus mezclas. Madride de sonetos, novelas, versos cortos y asonantes, teatros y tertulias. Madride Café Gijón.

El Madride los rebeldes, de los del “no pasaran”, del Dos de mayo. El Madride de las derrotas, de los puños en el suelo, de las ilusiones calladas. El Madride “levántate de nuevo”. La ciudad comunera, de calles brigadistas. El Madride un catorce de abril de risas por banderas.

El Madride las fiestas, de jaranas y reuniones. Madride de siempre la penúltima, la próxima a mi cuenta. Madride de cervezas en Latina, Vermouth en Las Vistillas, Sidras en Mingo, vinitos donde quieras. El Madride de los que nunca duermen ni dejan dormir a veces. El Madride las tres de la mañana, de los ojos brillantes, de los de tu casa o la mía. De los portales, de las esquinas oscuras, de los besos robados, de las farolas testigos. El Madride estudias o trabajas, usas Twitter o Facebook, de requiebros y desdenes, de amanecer con churros en San Ginés.

El Madride los barrios. De una tienda en Chamberí, una taberna en Vallecas, un cuchitril en Latina, una casita en Aluche, un bar muy majo en Usera o una peluquería en Moratalaz. Madride paseos por pequeños pueblos sin salir de la ciudad. Madride de Holas, Buenas Noches, Señora, como va su hijo, que fue de su vecina, como ha subido el gas. Madride cerca, de compartir acera, calle y escaso aparcamiento. Madride vecinos del quinto, de alquilados del tercero, de un viajante de Sestao realquilao en Casa Paca.

Madride todos. Malos, buenos y de los que progresan adecuadamente. Madride mil rincones, mil leyendas, mil milis, dos mil besos. Madride las prisas para uno y del Retiro para otros. Buses y metros, coches y atascos. Nada es Madrid ni mentira, todo es según del Madrileño que lo mira. Madride de gente que llega sin ganas de llegar, de personas que viven para salir en cuanto dan las puente en el reloj. Madride gente de colores, de hombres grises, de niños, de viejos en la obra que luego llegan tarde a los Bailes de Salón.

En fin, Madride ti.

Adolfo Suárez, escritor