“Sobrevivir es delito: tirar de la manta” por Víctor Granado

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Lucro (del lat. lucrum): 1. Ganancia o provecho que se saca de algo.

En el eterno retorno de lo idéntico volvemos a ver de nuevo como la despenalización de un hecho vuelve, aún de forma más cruel, a ser parte de nuestro código penal. Esto sucede con la más que previsible aprobación de la reforma del código penal que castigará con penas de cárcel de entre seis meses y dos años a aquellas personas que venden en las calles y que, comúnmente, llamamos manteros, como consecuencia de la conversión de lo que hasta ahora es una falta en delito.

Tradicionalmente se ha entendido que cuando colisionan dos derechos entre sí debe prevalecer el de mayor rango. Con la operación de camuflaje que acompaña a la reforma de la situación penal de “las mantas” se pretende esgrimir que la vulneración del derecho a la propiedad intelectual devenga en una condena penal con privación de libertad. Colisionan así el derecho a la propiedad intelectual y el derecho a vivir en libertad. La violación del primero se plantea como causa del castigo con la privación del segundo. El legislador se aparta de la convención que sitúa por encima el derecho a vivir en libertad e invierte la primacía entre ambos derechos.

Lo más importante, a mi juicio, en esta cuestión es identificar el qué y para qué de esta modificación legal. La asociación de sin papeles de Madrid convocaba junto con otros colectivos el pasado 17 de febrero un acto de protesta en la comercial calle de Preciados en Madrid para denunciar y pedir la paralización de esta reforma. Bajo el lema sobrevivir no es delito las personas congregadas denunciaban la criminalización de quienes sobreviven vendiendo en la vía pública en situación de vulnerabilidad extrema para poder sobrevivir. Tal y como rezaban algunos carteles, se trata de vender sin ánimo de lucro, para la mera subsistencia.

En cambio la persecución de “los manteros” en lugar de ser un mecanismo de lucha contra la venta ambulante irregular y la “piratería” es un dispositivo de control de la migración irregular. Se trata de una introducción de controles fronterizos en el interior de las ciudades. Esta re-penalización de “las mantas” desempeña un papel crucial en la producción de irregularidad migratoria ya que con la detención y los antecedentes penales que dejará en los sancionados esta modificación legal, bien perderán la residencia legal si la tienen, bien tendrán imposible poder alcanzarla, cuando no suponga su internamiento y posterior expulsión del territorio nacional. Esta función no sólo intimidatoria o disuasoria sino directamente expulsiva de la nueva legislación revela con claridad como no son el hambre o las mafias quienes producen la migración irregular sino los estados democráticos de los que somos nacionales.

El lucro no se supone en quien con su actividad consigue sobrevivir a duras penas y sí, en cambio, en quien se aprovecha de la especial situación de vulnerabilidad de las personas para producir de manera continuada un aumento de la irregularidad migratoria al bloquear tanto el acceso regular al país como el acceso regularizado al mercado de trabajo y se sirve de la mano de obra en situación irregular para incrementar sus beneficios. Parece perfectamente legítimo decir pues como dicen las personas que luchan contra esta modificación legal que las mantas son un mecanismo de subsistencia sin ánimo de lucro. No puede decir lo mismo quien usa la consideración de la venta en las mantas como un delito para servirse en beneficio propio de la situación irregular de las personas que luchan por sobrevivir.

 

Víctor Granado Almena
Profesor de Filosofía
Investigador dedicado al estudio de las migraciones y a los DD.HH.  

“¿Y Bender qué opina de esto?” por David Sañudo

Uno se pone a hacer zapping por la TDT y (quitando programas del corazón, concursos absurdos, magacines de cotilleo, programas repetidos, realities o llamadas de la suerte) puede que, con mucha suerte, se tope con un informativo decente (entiéndase por decente uno que no tenga videos de youtube, trailers de películas o videoclips musicales); pero dice la leyenda urbana que a veces puedes encontrarte un canal donde emiten series de televisión de calidad (nada de jovencitas pechugonas peleándose en las duchas mientras su compañero sin camiseta arregla el motor de un barco) y que, normalmente en horario intempestivo, puedes llegar a ver algún capítulo atrasado de ’The Big Bang Theory’,  ‘Misfits’, ‘Como conocí a vuestra madre’, o ‘Futurama’.

Nombres como los de Sheldon Cooper, Nathan Young, Barney Stinson o Bender Doblador Rodríguez son un hilo de esperanza para una TV que, como el periodismo en general, se difiere poco de la basura: algo que en algún momento fue útil pero que ahora huele bastante mal.

Las series anteriormente citadas se encuentran entre las más vistas por los jóvenes españoles, no hay más que navegar un rato por Internet para comprobarlo, pero es imposible seguirlas al ritmo de la televisión española: cambian su horario de emisión todas las semanas y se emiten varios capítulos seguidos sin orden ni concierto.

Si algún joven español quiere ser fiel a TBBT o HIMYM deberá, a juicio de este Gobierno, delinquir o, a juicio de algún cantante, dejar morir a los niños africanos. Difícil elección, entiendo, aunque como última opción podemos pedir consejo a nuestros queridos personajes:

Barney- Lo siento, no puedo, tengo las manos atadas… ¡ah no! eso fue anoche

Nathan- Somos jóvenes, se supone que debemos emborracharnos, que debemos portarnos mal.

Sheldon- “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David?

Bender- No sé, por primera vez en mi vida, noto que estoy harto de robar.

Uff… casi mejor no haber preguntado.

David Sañudo, periodista