“Las personas paradas lo primero” por Francisco Javier López

Tras el respiro de la temporada turística y veraniega, las cosas vuelven a su ser, o a su NO-SER.  Unos a trabajar, con miedo a perder el empleo y otros, cada vez más, al paro.

Los datos de paro en España y en Madrid vuelven a ser muy preocupantes.  76.645 personas paradas más en España y 9.196 personas más en el paro en Madrid.

Las cifras parece que ya no conmueven.  536.457 personas paradas en Madrid son un número desconocido hasta ahora  en nuestra Comunidad.  Sobre todo porque 240.000 de esas personas carecen de todo tipo de ayudas, subsidios, o prestaciones.  Son demasiadas las familias que no pueden subsistir en estas condiciones.  Son demasiadas las personas en riesgo de pobreza. Demasiada  gente rebuscando en los contenedores.

Ningún gobierno puede cerrar los ojos a esta realidad.  Esas personas son la prioridad a la que hay que atender y proteger cada día  en las que hay que pensar en cada momento.  Para las que hay que hacer política y destinar los escasos recursos, de forma prioritaria.

Personas que viven en familias que tienen que subsistir cada día.  Personas cuyos hijos e hijas estudian, necesitan libros y comedor escolar.  Personas que no pueden verse excluidas de la asistencia sanitaria, ni pagar algunos medicamentos.  Personas que tienen derecho a un empleo, o a una prestación económica.

Defender el empleo, proteger a las personas desempleadas y fortalecer la cohesión social que garantizan la sanidad, la educación, la atención a la dependencia, son tareas esenciales y la prioridad absoluta en estos momentos.

El 7 de Octubre estaremos en las calles de toda España para exigir estas prioridades a nuestros gobiernos.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid

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“LosdeMadrid” por Adolfo Suárez

A raíz de la victoria de Rajoy en las elecciones generales, mucho me temo que los de Madrid, o algunos de ellos al menos, empezaremos a sufrir de manera más intensa uno de los males que más me suelen disgustar en las conversaciones que mantengo con gente de fuera de esta ciudad o en las noticias o comentarios que provienen de esos mismos lugares. Y es que esa frase, la del título, comenzará a circular por los corrillos como si Bisbal hubiera metido otra vez la pata o la Sinde hablase de nuevo sobre su famosa ley. “Los de Madrid” se convertirá en el comienzo de toda una gama de frases que nos hará cómplices, si no ejecutores, de todos los males y maldades posibles. LosdeMadrid subiremos o bajaremos los impuestos, cerraremos instituciones, recortaremos presupuestos y dejaremos sin atender necesidades.

Por más que me miro el árbol genealógico, no me encuentro el Rajoy por ninguna parte. Por mucho que busco entre los sobres que me manda el banco, no encuentro el correspondiente a la nómina de Génova o Moncloa. No hay manera que me encuentre la cartera de ministro o la carpeta de subsecretario.

Los de Madrid no gobernamos el resto de España. Bastante tenemos con lidiar con los problemas surgidos de tener alojados a quienes lo hacen, sean de un color u otro, de Ferraz o de Génova. Los de Madrid no decidimos más allá de nuestra Asamblea o de la parte proporcional de los diputados, y ni siquiera el hecho de que terminen siendo del partido que sean significa que todos los habitantes de la Comunidad se orienten en ese sentido. Los de Madrid no nos llamamos todos Gallardón, Zapatero, Esperanza o Rubalcaba. Madrid, la ciudad, sus habitantes, no dictan las leyes, lo hace el gobierno que tiene su sede en Madrid.

No me quejo especialmente de que mi ciudad sea la capital de España, y no porque yo sea muy “español”, en la peor acepción de la palabra. Eso trae muchas cosas buenas, inherentes a que su nombre es más conocido internacionalmente, por ejemplo, o incluso a su oferta cultural o de ocio. La parte que me gusta de Madrid por ser una gran ciudad, una ciudad cosmopolita, probablemente no existiría si no fuera por esa condición. Estoy orgulloso de la historia de mis plazas, de los cuentos de Reyes, Alatristes, rufianes y princesas que zigzaguean por sus patios.

No me importa aguantar que si los vendedores de zapatillas verdes de Aguasfrías de la Rotonda piensan que están siendo atacados sus derechos se vengan para el ministerio correspondiente y me cierren la calle para que protesten a gusto. Es un precio a pagar por ser la capital. Pero si me importa que se piense que todos los que estamos fuera de ese ministerio cualquiera, hemos hecho algo para ello.

Que conste que pasa igual en todos los sentidos. Que también mucha, demasiada gente de esta ciudad tiende a opinar sobre losdecataluña o sobre losvascos de la misma manera. Al mismo saco todos, que ahorramos saliva, que está la vida mal, o algo asi. Y así, precisamente, nos perdemos a las personas, a las miradas, a las sonrisas, a las birras. Las de Madrid, Cuenca, Barcelona o Cochinchina. Personas. Miradas. Sonrisas.

LosdeMadrid, losdecualquierlado, somos ante todo eso, “los”, que para eso está al principio de la frase. Escúchame primero, ponte a este lado de la barra con una cerveza o un café, y mira a ver si nos entendemos. Y que “losdeMadrid” sean los churros, los madroños o los chotis.

Adolfo Suárez, escritor (Cosecha del 66)

“Madride” por Adolfo Suárez

Hay casi tantos Madrid como personas lo disfrutan, lo odian, lo pasean o lo añoran. Hay tantos Madrid que quizás podríamos llamar a esta ciudad-ciudades Madride

El Madride de los Reyes, las princesas, los palacios. El Madride los que gobernaron un mundo que se extendía más allá, siempre más allá. De la razón, del oro y la plata, de los sueños de los que iban o de los que venían. Buenos y malos monarcas, pérfidas princesas, Duques de espada en mano y duelo presto, Condes de tanta alcurnia como peso, Baronesas altivas y Heraldos de sangre noble y bolsa pobre. Buscavidas notables y perdonavidas peligrosos. Un Madride Alatristes y embozados. Una ciudad de mucha corte y poca confección.

El Madride Baroja, de Quevedo. De Cervantes, de Hernández, de Góngora y su nariz, de Fortunata yPérez, de Jacinta y de Galdós. El Madride Max Extrella, de Unamuno y Valle Inclán. Madride rimas y leyendas, de Gustavos y Adolfos, de “¿Que es Poesía?, Madride eres tú. Madride escritores, soñadores y sus mezclas. Madride de sonetos, novelas, versos cortos y asonantes, teatros y tertulias. Madride Café Gijón.

El Madride los rebeldes, de los del “no pasaran”, del Dos de mayo. El Madride de las derrotas, de los puños en el suelo, de las ilusiones calladas. El Madride “levántate de nuevo”. La ciudad comunera, de calles brigadistas. El Madride un catorce de abril de risas por banderas.

El Madride las fiestas, de jaranas y reuniones. Madride de siempre la penúltima, la próxima a mi cuenta. Madride de cervezas en Latina, Vermouth en Las Vistillas, Sidras en Mingo, vinitos donde quieras. El Madride de los que nunca duermen ni dejan dormir a veces. El Madride las tres de la mañana, de los ojos brillantes, de los de tu casa o la mía. De los portales, de las esquinas oscuras, de los besos robados, de las farolas testigos. El Madride estudias o trabajas, usas Twitter o Facebook, de requiebros y desdenes, de amanecer con churros en San Ginés.

El Madride los barrios. De una tienda en Chamberí, una taberna en Vallecas, un cuchitril en Latina, una casita en Aluche, un bar muy majo en Usera o una peluquería en Moratalaz. Madride paseos por pequeños pueblos sin salir de la ciudad. Madride de Holas, Buenas Noches, Señora, como va su hijo, que fue de su vecina, como ha subido el gas. Madride cerca, de compartir acera, calle y escaso aparcamiento. Madride vecinos del quinto, de alquilados del tercero, de un viajante de Sestao realquilao en Casa Paca.

Madride todos. Malos, buenos y de los que progresan adecuadamente. Madride mil rincones, mil leyendas, mil milis, dos mil besos. Madride las prisas para uno y del Retiro para otros. Buses y metros, coches y atascos. Nada es Madrid ni mentira, todo es según del Madrileño que lo mira. Madride de gente que llega sin ganas de llegar, de personas que viven para salir en cuanto dan las puente en el reloj. Madride gente de colores, de hombres grises, de niños, de viejos en la obra que luego llegan tarde a los Bailes de Salón.

En fin, Madride ti.

Adolfo Suárez, escritor

SER comunidad, Madrid opina en red

Las mismas aguas que hoy bañan tierras sedientas de revoluciones, dieron consuelo a los labios que alzaron la voz dejando escapar un nuevo idioma, el de los derechos humanos. Urukagin, gobernante de Lagash, es considerado hoy como el primer reformista por la igualdad y la libertad social. Hace más de 4000 años de aquel “loco iluminado” que supo entender la necesidad de una justicia social, de un pueblo sin hambre, del fin de los semidioses y las clases sociales oprimidas. Terminó con el látigo instigador, combatió la corrupción e incluso frenó esa usura que hoy inunda el mercado internacional.

Su código, surgido tal vez de un mal sueño, una mirada húmeda o un silencio inundado de terror, nunca salió de aquella pequeña ciudad-estado situada en el sur de lo que más tarde se conocería como el imperio de Sumeria, hoy parte de Irak. De Urukagin queda poco más que una roca fracturada e incompleta en las vitrinas menos visitadas del Museo del Louvre.

La historia ha arrebatado a los reyes de sangre roja, líderes religiosos, autócratas, políticos o periodistas el poder absoluto de la palabra. Otro código, formado por unos y ceros, posibilitó la democratización de la opinión, el acceso ilimitado a la información y la difusión imparable de las ideas. Es apasionante descubrirse en medio de la que sin duda será una de las grandes revoluciones de la humanidad; el nacimiento de la verdadera comunidad global.

“SER comunidad, Madrid opina en red” nace como una semilla de esa universalización de la palabra. Hemos invitado a mujeres y hombres de la política, del empresariado, del periodismo, del mundo laboral, del tejido asociativo…pero te necesitamos a ti. Queremos que no se pierda ese pensamiento surgido en el atasco diario camino del trabajo, oyendo la radio, en la cola del paro, mientras juegas con tus hijos, en mitad de una buena conversación con amigos…compartir es la palabra más importante de este siglo.

David Guerrero
(Director de Informativos y Contenidos SER Madrid Sur – SER Madrid Norte)

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