“Está en juego nuestra salud” por Marciano Sánchez Bayle

FOTO_MARCIANOSANCHEZEl 24 de mayo próximo se eligen los representantes en los parlamentos autonómicos que a su vez serán quienes decidan los gobiernos de la mayoría de las CCAA, entre ellas la de Madrid.

Aunque la Sanidad es la principal competencia de las CCAA y la que consume la mayor parte de su presupuesto (en torno a un 40%), sin embargo, y de manera un tanto sorprendente, no ocupa un lugar prioritario en el debate público, que esta perdido en los encuentros/ desencuentros entre las directivas de los partidos y en cuestiones metafísicas.

El sistema sanitario público español, gozaba hasta la llegada del PP al gobierno de un gran prestigio internacional por su elevada eficiencia (bajo coste y buenos resultados en salud); su carácter universal; su naturaleza redistributiva y equitativa financiada por impuestos; sin barreras económicas para acceder a la asistencia; su integralidad basada en una potente Atención Primaria que garantizaba la promoción de salud, la continuidad de la atención y la distribución racional de los paciente en el sistema.

Sin embargo la Política del   PP a nivel central y en las CCAA esta orientada a desmantelar y privatizar el sistema sanitario publico para ponerlo en manos de entidades bancarias, multinacionales sanitarias y fondos de inversión internacional ubicados en los paraísos fiscales, una política que ha alentado muchos de los casos de corrupción que van saliendo a la luz.

A ello, y no tanto por la crisis, sino como elemento fundamental para reforzar estas políticas privatizadoras (ya lo dice el Roto “hay que destrozar todo lo público para demostrar que no funciona”) hay que unir los brutales recortes que ha sufrido el sistema sanitario a partir de 2009, año de máximo gasto sanitario público, que suponen, según las fuentes entre 13.000 y 20.000 millones € de recortes en la Sanidad Pública.

Obviamente el resultado de los recortes ha sido el esperado y básicamente en dos aspectos claves: una disminución del personal sanitario (alrededor de 55.000 trabajadores menos) y de los recursos del sistema (cierres de camas, de consultas, de actividad de tarde, de puntos de atención continuada, etc); y paralelamente un aumento del gasto privado que solo moderadamente reflejan las encuestas (el % de gasto sanitario privado paso del 25,7% en 2009 al 27% en 2011 según la OCDE), de esta manera recortes y privatización de la financiación han ido de la mano, pero además hay que ser conscientes de que el aumento del gasto privado supone mayor inequidad porque muchas personas, especialmente con la crisis, no tienen ninguna posibilidad de incrementar su gasto sanitario privado y quedan sin opciones de acceder a prestaciones sanitarias que precisan (un buen ejemplo son los copagos que han producido que un 14,76% de la población no pueda acceder, por motivos económicos, a los medicamentos prescritos).

Pero el problema ha sido aún mayor porque la privatización de centros sanitarios (mayoritariamente hospitales, pero también centros de salud en algunas CCAA), no solo no ha mejorado la calidad de la atención, en algún caso la ha empeorado, sino que además ha incrementado los costes de una manera muy importante (entre 7 y 8 veces sobre la alternativa de provisión pública), empobreciendo así aún mas a los centros públicos, un ejemplo paradigmático es la Comunidad de Madrid donde en los 3 últimos años el presupuesto de los hospitales públicos ha descendido el 16,09, el 7 y el 1,08% cada año mientras los centros privados tuvieron un incremento del 5,el 2 y el 34% en los mismos años.

Todo ello ha supuesto una disminución de los trabajadores de la Sanidad Pública conllevando el cierre de camas, de puntos de atención continuada, de actividad de tarde, etc, disparado las listas de espera quirúrgicas, de consultas de especialistas, de pruebas diagnósticas e incluso de medicina general y enfermería en Atención Primaria, y ha empeorado notablemente la opinión que tienen los ciudadanos sobre el funcionamiento de nuestro sistema sanitario. Como la ausencia de transparencia es la norma entre las administraciones sanitarias no se puede constatar un empeoramiento en los parámetros de funcionamiento del sistema sanitario (los últimos datos publicados son de 2011 cuando los mayores recortes y exclusiones se producen a partir de septiembre de 2012), pero también hay que tener en cuenta que si el sistema no ha colapsado se debe sobre todo al esfuerzo que están realizando los profesionales sanitarios, su compromiso con la Sanidad Pública, que como es lógico tiene un limite, y de continuar las cosas por el mismo camino acabaran totalmente desbordados (ya están desincentivados y cercanos al colapso).

La Sanidad es un mecanismo básico de solidaridad social y una de las claves del estado del bienestar, además interviene de una manera importante en toda nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte estamos en constante relación con el sistema sanitario y nuestra calidad de vida, nuestra autonomía y nuestra dignidad como personas, dependen en gran parte de que exista un sistema sanitario público que responda a las necesidades de atención que se van produciendo a lo largo de la vida.

Por eso, es fundamental el resultado de las próximas elecciones autonómicas, porque se va a decidir en ellas si culmina el proceso de desmantelamiento de la Sanidad Pública o si se produce un cambio de rumbo que suponga la recuperación de un sistema sanitario público de calidad y del derecho a la atención sanitaria para toda la población. Por eso debemos de votar y a la hora de hacerlo tener en cuenta quienes son los que garantizan un sistema sanitario de calidad y quienes solo están interesados en su desmantelamiento y privatización y en los intereses económicos de sus empresas.

Marciano Sánchez Bayle

Presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid

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“Una memoria demasiado selectiva” por Juan Torres García

FOTO_JUAN_TORRESHace unos días leía un artículo en El País en el que se hablaba de la capacidad que tenemos los seres humanos para recordar lo que nos interesa y así poder seguir haciendo aquello que queremos. Esto ocurre, simplemente, porque nuestra memoria es selectiva. Al leer el artículo recordé, como consecuencia de la reciente huelga de limpieza de Madrid, las declaraciones de la alcaldesa de Madrid y del presidente del Gobierno en defensa del derecho de los ciudadanos madrileños a caminar por unas calles libres de suciedad y basura. Los dos han hecho una encendida defensa de la necesidad de restringir (perdón, regular aún más) el derecho de huelga. Queda claro que en un estado democrático el respeto a los derechos de los ciudadanos tiene que ser el objetivo máximo de los gobernantes. Sin embargo en este caso tanto la alcaldesa como el presidente tienen una memoria demasiado selectiva, ya que al defender el derecho a pasear por la calle sin tener que sortear basuras ni desperdicios han omitido el artículo 35 de nuestra Constitución, en el que se reconoce a todos los españoles el derecho al trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, algo que sencillamente a Ana Botella se le olvidó cuando posibilitó, a través de la regulación de los contratos de adjudicación, que las empresas concesionarias del servicio de limpieza de Madrid pudieran despedir a más de un millar de trabajadores y rebajar en más de un 40% el salario del resto. Por cierto, mayoritariamente los vecinos de la ciudad de Madrid han comprendido las razones de los trabajadores y se han solidarizado con su causa.

La historia y la vida cotidiana están llenas de ejemplos de cómo los responsables públicos a menudo prefieren acordarse exclusivamente de los derechos que a ellos más les interesan. Uno de éstos es el referido al derecho de los padres y madres a elegir el colegio y el tipo de educación que queremos para nuestros hijos y que los actuales responsables de la educación madrileña no se cansan de recordarnos. Cada vez que oigo este argumento sé que después viene la cesión de suelo público para construir un centro concertado, en la mayoría de los casos religioso, o bien para autorizar la ampliación de los que ya existen. Sin embargo, supongo que como consecuencia de su “memoria selectiva”, olvidan el derecho de las familias a elegir la educación pública. Un ejemplo de lo anterior es el caso que se está dando en uno de los colegios de mi ciudad, San Sebastián de los Reyes. Al inicio del curso actual la Comunidad de Madrid decidió eliminar una de las dos clases de niños de tres años -primero de educación infantil- y aumentar escandalosamente el número de alumnos de la clase que queda. Está claro que la Consejería de Educación no va a autorizar que se matricule en este colegio ningún otro alumno (ya ha habido algún caso en el que se ha denegado), puesto que si aumentara el número de alumnos de tres años se tendría que abrir una nueva clase desdoblando la única y masificada que hay ahora.

¿Dónde está la libertad de elección de las familias que quieran que sus hijos vayan a este colegio? ¿Dónde queda la libertad de poder elegir un colegio que tiene un proyecto educativo y una ubicación por la que se pueden sentir atraídas algunas familias? Sencillamente, esta posibilidad de elección no existe para las familias que elegimos la escuela pública, y el derecho “selectivo” de elección únicamente está disponible para aquellos que deseen elegir la escuela privada-concertada.

Desgraciadamente no sólo estamos ante un caso de memoria selectiva de la Comunidad de Madrid frente a un mismo derecho sino que nos encontramos ante una enorme y peligrosa irresponsabilidad ya que con sus decisiones, absolutamente partidistas e ideológicas, están poniendo en peligro el derecho de los alumnos de este colegio a una educación digna tal y como recoge el artículo 27 de la Constitución Española y el estupendo proyecto de mejora que ha elaborado su comunidad escolar.

En algún momento tendremos que poner freno a tantas aplicaciones selectivas y arbitrarias de los derechos ciudadanos, volviendo a poner en marcha medidas que garanticen a todos y a todas los mismos derechos y las mismas oportunidades.

Juan Torres
AMPA “Buero Vallejo” de San Sebastián de los Reyes

“No le digas a mi madre que soy diputado; mejor dile que toco el piano en un burdel“ por Miguel Aguado

“El hecho de que no tengas interés en la política no significa que los políticos no tengan interés en ti”.
Pericles (430 a.C.)
El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán
gobernados por personas que sí se interesan.
Arnold J. Toynbee (1889-1975) Historiador inglés.

Siempre tuve mala suerte. Cuando tenía 14 años acudí por primera vez a un campamento de verano. Como los monitores eran voluntarios la entidad organizadora entendía que debían tener algún tipo de “privilegios” (ducharse con agua caliente en el botiquín en lugar de las frías duchas de Covaleda como el resto, poder comer jamón y aperitivos ricos en las reuniones de coordinación nocturnas y algún etcétera más), cuando me titulé como monitor y deseoso de tener esos “privilegios” los tiempos habían cambiado y no parecía muy ético (realmente no lo era y lo comparto); esos “privilegios” se perdieron y los que se duchaban con agua caliente eran los niños pequeños y los monitores teníamos que dar ejemplo cual “tarzanes” de la selva. Llegué tarde.

El pasado mes de junio de 2011 salí elegido por primera vez como Diputado en la Asamblea de Madrid por el PSM PSOE; y me encuentro con cosas que me hacen recordar aquellos tiempos. Todo el mundo habla de “privilegios” de los diputados pero cuando llego no los encuentro, debí de llegar tarde igualmente. Nótese el tono irónico, por favor.

Para más inri cuando salgo de mi casa para ir a la Asamblea de Madrid me encuentro estos días una pancarta que dice: “el próximo parado que sea un diputado”. Ya no solo no tengo esos grandes “privilegios” sino que además algunos quieren que deje de hacer política. ¡Púes vamos bien!

Así viendo esto he decidido parafrasear, amigo lector, este artículo con un título de un libro de periodismo clásico y lo adapto a lo que siento.

Parece últimamente que debo justificar ante todo el mundo que no tengo privilegios, que me dedico temporalmente a la POLÍTICA (sí con mayúsculas), es decir que he decidido (sí, decidido porque nadie me obliga a ello y es una decisión vital de cada uno) hacer lo posible para mejorar la calidad de vida, los derechos e incluso trabajar para tratar de aumentar la felicidad de mis convecinos. Y lo hago desde la socialdemocracia porque considero que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades para ser libre y que debe existir una sociedad organizada y con cierta fuerza que permita la redistribución de los recursos y facilite la equidad. Me lo creo y creo que es posible. Considero que no se puede tener una aspiración más noble; y me apetece dedicar un tiempo de mi vida a ello. Puedo hacerlo mal o bien, eso es criticable sin lugar a dudas; pero no la aspiración. No puedo admitirlo. Valórenme por mis palabras o por mis hechos, por nada más, por favor.

Pero por otra parte, entiendo que en momentos tan complicados como los que vivimos con una repercusión social tremenda de la crisis económica y muy especialmente de los injustos recortes que afectan a los menos favorecidos, el enfado y la rabia hacen mella.

Igualmente, la actitud y los hechos de muchos políticos y de los partidos políticos de forma colectiva e individual han sido absolutamente impresentables, sin lugar a dudas.

Ambos motivos son entendibles y comprensibles. Pero lo que no entiendo ni comprendo es la utilización torticera y populista de algunos grupos políticos. Me refiero muy claramente a la derecha política del PP y a sus aliados de la derecha camuflada de UPyD.

Pondré dos ejemplos:

La Presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha, además senadora, Secretaria General del PP,… y tantas cosas, algunos con sus consiguientes sueldos, la señora Cospedal (PP) acaba de aprobar que en su región los diputados no cobren. ¡Muy bien! dirán algunos ¡para lo que hacen! El argumento es económico: esta medida ahorra un millón de euros. Lo que no dice es que el conjunto de sus asesores, elegidos a dedo, cuestan un millón y medio. Es decir, prefiere los que ella designa a dedo aunque cuesten más que los elegidos democráticamente por los ciudadanos. Yo, por el contrario, prefiero la democracia. Y ¿Usted?

la alternativa es muy clara: solo podrán estar en política los ricos y los que defiendan intereses ajenos a lo público: lobbies empresariales, farmacéuticos,… Muy democrático no parece.

Y por otra parte, sus aliados de UPyD (la marca blanca del PP que opinan algunos) en sus múltiples propuestas de “supuesto” ahorro eliminando organismos públicos de control del gobierno de turno con sus trabajadores (que aprobaron sus oposiciones) así como la restricción de recursos humanos y técnicos para poder hacer la oposición mejor y más fundamentada. Aunque, sin embargo, miren para otro lado cuando, por ejemplo, su diputado (de UPyD) en Asturias tenga seis, ¡sí seis!, asesores para él solo; o cuando su líder nacional, Rosa Díez, lleve 30 años sin bajarse del coche oficial. Igualmente, basan sus propuestas en eliminar todo lo que sea (algunas veces con razón) pero sobre todo, aquello que permita hacer el control y la capacidad de propuesta de la oposición mejor. ¡Qué casualidad!

Hay quienes confunden “privilegios” con instrumentos o medios para gestionar. Quizás no los confundan y lo tengan muy claro y sea por esto que se atacan de forma clara y tan populista.

Pues yo, reivindico la POLÍTICA. Es el momento de hacer POLÍTICA pensando en los demás, pudiendo mirar a los ojos de los demás y no tener nunca ningún motivo para retirar la mirada. Es el momento, más que nunca, de la POLÍTICA  honesta, sincera, noble, implicada, con pasión y sobre todo, con el corazón.

Ahora en estos momentos en los que parece que reivindicar la política es algo quizás incluso suicida, quiero reivindicar la POLÍTICA, con mayúsculas, porque mientras que hay algunos que intentan cargarse la política a propósito y otros entiendo que por ignorancia, los ciudadanos debemos tener en cuenta que cuando no hay política, otros harán política por nosotros, la diferencia estará en que no defenderán los intereses generales, sino los suyos; y le aseguro que no son los nuestros.

Hace años un grupo de mujeres consideraron que era impresentable que las mujeres no tuviesen voto. Posiblemente, la sociedad en general no veía un problema en ello; pero consideraron que debían convencer, actuar y crear un sentimiento de presión que hizo posible lo que hoy es algo consustancial a la democracia y al sentimiento más ético de nuestra sociedad: la igualdad. Con anterioridad, unas personas librepensadoras consideraron que la esclavitud era inadmisible, aunque fuese un motor económico tremendo. Lograron que se prohibiese y además la búsqueda de una alternativa económica trajo la revolución industrial. Más recientemente, otras personas, socialdemócratas ellas y europeas, soñaron que todos deberíamos tener acceso a una educación y una sanidad lo mejor posible sin tener en cuenta la capacidad económica, y se logró.

¿Cree Usted, amigo lector, que todo esto se pudo hacer sin política?

Yo creo que no, creo que se pudo hacer desde los valores de la nobleza y el altruismo de la búsqueda de una sociedad mejor. Hoy podemos comenzar una verdadera revolución social, revisando los errores, corrigiendo los mismos, cambiando todo lo cambiable, transparentando todo lo que se haga, y tantas cosas; o quizás mejor dicho debemos comenzar una verdadera RE-EVOLUCIÓN. Yo me apunto, ¿Y usted?

La democracia necesita una virtud: la confianza.
Sin su construcción, no puede haber una auténtica democracia.
Victoria Camps (1941-?) Filósofa española.
Miguel Aguado
Diputado PSOE Asamblea de Madrid

“Las personas paradas lo primero” por Francisco Javier López

Tras el respiro de la temporada turística y veraniega, las cosas vuelven a su ser, o a su NO-SER.  Unos a trabajar, con miedo a perder el empleo y otros, cada vez más, al paro.

Los datos de paro en España y en Madrid vuelven a ser muy preocupantes.  76.645 personas paradas más en España y 9.196 personas más en el paro en Madrid.

Las cifras parece que ya no conmueven.  536.457 personas paradas en Madrid son un número desconocido hasta ahora  en nuestra Comunidad.  Sobre todo porque 240.000 de esas personas carecen de todo tipo de ayudas, subsidios, o prestaciones.  Son demasiadas las familias que no pueden subsistir en estas condiciones.  Son demasiadas las personas en riesgo de pobreza. Demasiada  gente rebuscando en los contenedores.

Ningún gobierno puede cerrar los ojos a esta realidad.  Esas personas son la prioridad a la que hay que atender y proteger cada día  en las que hay que pensar en cada momento.  Para las que hay que hacer política y destinar los escasos recursos, de forma prioritaria.

Personas que viven en familias que tienen que subsistir cada día.  Personas cuyos hijos e hijas estudian, necesitan libros y comedor escolar.  Personas que no pueden verse excluidas de la asistencia sanitaria, ni pagar algunos medicamentos.  Personas que tienen derecho a un empleo, o a una prestación económica.

Defender el empleo, proteger a las personas desempleadas y fortalecer la cohesión social que garantizan la sanidad, la educación, la atención a la dependencia, son tareas esenciales y la prioridad absoluta en estos momentos.

El 7 de Octubre estaremos en las calles de toda España para exigir estas prioridades a nuestros gobiernos.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid

“El Canal de Isabel II y el agua de Madrid ya es de todos los madrileños” por Miguel Aguado

Hasta mediados del siglo XIX, los madrileños bebían las aguas subterráneas extraídas mediante un complejo sistema de pozos, minas y galerías, los conocidos “viajes de aguas”, que captaban, drenaban y transportaban el agua hasta las numerosas fuentes públicas dispersas por todo el casco urbano. Aquí, eran los aguadores quienes transportaban el agua hasta las viviendas de las familias más acomodadas. En los barrios obreros y populares, las mujeres eran quienes más a menudo acudían a rellenar sus cántaros a las fuentes.

Aunque se hicieron diversos proyectos para abastecer de agua a la capital desde mediados del siglo XVIII, no es hasta 1848, cuando fue definitivamente aprobada la memoria de un proyecto provisional del abastecimiento a Madrid, con aguas del río Lozoya. El proyecto estaba redactado con tal previsión que era más que suficiente para abastecer a una población doble de la que existía. Aunque parecía algo fantástico para la época, tenía, en realidad, tal visión de futuro que en la actualidad siguen funcionando parte de las instalaciones originales.

El pasado 18 de junio se cumplieron 161 años desde que, siendo Reina de España Isabel II, se dictó el Real Decreto, refrendado por Juan Bravo Murillo, presidente del Consejo de Ministros en esos momentos, en el que se disponía que el Gobierno realizara la ejecución de los trabajos a través de un canal derivado del río Lozoya, que llevaría el nombre de Canal de Isabel II en honor a la soberana.

El Canal de Isabel II nació como proyecto definitivo para solucionar uno de los más graves problemas que arrastraba Madrid: la necesidad de agua para el consumo de sus habitantes que, por aquel entonces, sobrepasaba la cifra de doscientos mil. Autorizada la creación del Canal comenzaron inmediatamente las obras para conducir las aguas del Lozoya por vía rodada hastala Capital. Conuna visión de futuro se diseñó para abastecer a cuatrocientos mil habitantes.

La realización de este proyecto, que representa una de las mayores obras de ingeniería de los últimos siglos, significó uno de los desafíos técnicos más destacados de la ingeniería contemporánea, una auténtica hazaña que aunó los saberes y experiencias de los mejores ingenieros de la época y el esfuerzo de un colectivo humano que trabajó en la construcción de grandes presas y acueductos en condiciones muy adversas.

Desde entonces los madrileños conocemos y gozamos de las ventajas de tener agua corriente en los hogares de toda la región. Un agua de calidad, conocida y apreciada en toda España. Un verdadero símbolo de nuestra ciudad y de toda la Comunidad de Madrid. Un servicio público ejemplar y un Patrimonio histórico-industrial de todos los madrileños durante varias generaciones.

Nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos nos hemos sentido orgullosos y conocedores, de una forma práctica a través del Canal de Isabel II, de la importancia de lo público, es decir de lo de todos. Hemos creído que en tal caso avanzaría y mejoraría. Pero hay veces que los gobernantes con poca o ninguna visión de futuro y de lo colectivo, toman decisiones erróneas.

Por una ley aprobada el 29 de diciembre de 2008, el gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó la privatización del Canal de Isabel II. Es decir convertir en negocio para unos pocos, lo que era y es un patrimonio y un servicio de todos, un servicio público. Algo que parecería impensable para nuestros abuelos, hoy algunos de sus nietos lo han visto como posible: privatizar el agua.

Ya lo dijo el poeta Inglés Charles Caleb Colton en los mismos años de la creación del Canal de Isabel II: Volver la vista atrás es una cosa y marchar atrás, otra.

Una multitud de entidades ciudadanas, sindicales, vecinales, sociales, partidos políticos y una amplia mayoría de los ciudadanos decimos NO. Es nuestra, es de todos y queremos que siga siéndolo.

Así se dijo en el referéndum del pasado 4 de marzo de forma clara y contundente, así se está trasladando en multitud de actos y reivindicaciones ciudadanas. Esta misma semana se llevarán a cabo actuaciones como la  denominada Murales del Agua, donde el próximo 24 de junio y en multitud de espacios públicos los madrileños podamos expresar que la gestión del agua nos importa, que el Canal de Isabel II es sólo nuestro y que vamos a defenderlo.

Recientemente se ha admitido a trámite el recurso de inconstitucionalidad, presentado por 50 senadores socialistas contra la privatización. Parece evidente que lo público y de todos debe protegerse frente a los que ven en ello nuevas oportunidades de negocios oscuros e interesados.

Considero que es un desatino la privatización del Canal de Isabel II:

  • Porque no tiene justificación desde ningún punto de vista (ni económico, ni técnico, ni social) y sin embargo puede conducir a la prestación de peores servicios, a un mayor coste del agua, tal como se ha demostrado en privatizaciones similares como el caso de París y a un empeoramiento de las condiciones de sus trabajadores.
  • Porque el objetivo fundamental de una empresa con accionariado privado es el beneficio y no la mejora del servicio. Las nuevas inversiones y los beneficios de los accionistas los pagaremos los ciudadanos a través de la tarifa.
  • Porque la experiencia demuestra que una empresa pública es a menudo mas eficiente desde el punto de vista económico, social y ambiental, tal como lo ha demostrado el Canal de Isabel II. Aplica mejor las políticas de ahorro del agua y puede dedicar íntegramente los recursos generados a mejorar la calidad del servicio.
  • Porque el proceso adolece de un déficit democrático y falta de transparencia desde su comienzo.
  • Y porque la privatización presenta importantes lagunas legales, al obviar la propiedad del Estado de importantes infraestructuras del ciclo del agua y la voluntad de los ayuntamientos.

Por todo ello debemos considerar que:

  • La disponibilidad y al acceso al agua constituyen un derecho humano  y colectivo.
  • El agua es un bien común, patrimonio dela humanidad. No es una mercadería, un bien económico comercial. No es el “oro azul”.
  • El gobierno del agua y del conjunto del ciclo integral del agua  es responsabilidad pública.
  • La financiación de los costes asociados al gobierno del agua debe estar asegurada por la colectividad, por el Estado.
  • El agua es un asunto de ciudadanía y democracia. Toda política sobre el agua implica un alto grado de participación de los ciudadanos.

La decisión de Bravo Murillo representó un esfuerzo colectivo de gobernantes con visión de futuro y de servicio y el trabajo de varios miles de trabajadores para dejarnos a las futuras generaciones un servicio público de primera. Madrid se merece seguir gozando de agua de calidad para todos y de todos, porque tiene un pueblo que sabe apreciar lo que tiene, que sabe mirar al pasado para avanzar hacia el futuro.

Miguel Aguado Arnáez
Diputado PSOE Asamblea de Madrid

 

“Medio pan y un libro… y un billete de tren” por David Sañudo

No recuerdo cuál fue el primer libro que leí. Supongo que ni siguiera se podía llamar “leerlo”. Imagino que mis padres me sentarían en la sillita, me pondrían un libro en el regazo y pasaban las páginas que yo miraba sin saber. Sí recuerdo, por ejemplo, uno de los primeros que “cogí” prestado de una biblioteca: “La bruja Mon” de la serie blanca de Barco de Vapor.

Amo a las bibliotecas. Los pasillos. Las estanterías con los libros en formación. Ordenados pero desordenados. Paseo por allí. Si no busco nada en concreto, me guío por sus lomos. Los colores. El tamaño.

Ahora el ayuntamiento de Parla se plantea cobrar por el préstamo de libros. Tres euros al año, que yo, personalmente, pagaré gustoso. A mí no me hace falta que me convenzan, que me atraigan hacia las bibliotecas. Yo ya estoy “enganchado” a la lectura. Pero, ¿qué hay de esa persona que se “sacó” el carnet por tenerlo (y porque era gratis)? ¿Ese niño al que su madre le “apuntó” a la biblioteca siendo pequeño? ¿Ese que no ha “cogido” nunca un libro (“vaya rollo”, dice cuando le hablan de leer) pero al que, tal vez, un día, acompañando a alguien a la “biblio” le atrae esa portada o ese libro del que ahora han hecho película? Esa persona no “vivirá” esa historia, ni las que le habrían sucedido. Esa persona no leerá.

Y todo por conseguir cuánto ¿10.000? ¿20.000 euros al año? Con una deuda de 221 millones de euros a pagar en 20 años (si finalmente se aprueba el Plan de Ajuste) no tiene pinta de que vaya a solucionar muchos problemas.

Hace muchos años, en un momento crítico (tanto político como económico) para la historia de España, un poeta dijo: “si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”. Tal vez, Federico GarcíaLorca hoy pediría también un billete de Cercanías, porque eso de “leer un libro en el tren” (a lo que tantos somos aficionados) se va a convertir  en un “artículo de lujo”.

David Sañudo
Periodista

“Yo iba en Bicicleta” por Adolfo Suárez

Yo iba en bicicleta. Iba a trabajar y lo escuché en la esquina de Avenida de América con la calle Cartagena. Era un 11 de Marzo. Recuerdo el sentimiento de asombro, el dolor, la incomprensión, la irrealidad real del odio. Porque el odio no tiene banderas, pero se agarra a ellas. No tiene patria, pero vive en todas. No tiene alma, pero las llena para que siempre estén medio vacías. Nadie podía imaginar aquello. Todos los muertos. Todos los futuros por el suelo. Toda esa cercanía peligrosa, la cotidianidad atacada. Cuantas veces en un Cercanías, cuantas veces en Atocha, cuantas veces.

Y desde entonces, por muy mínima parte que sea en mi vida, nunca he dejado de ir en bicicleta por la esquina de Avenida de América con Cartagena. Como aquel que nunca ha dejado de dar vueltas a un café con leche en vaso y con dos de azúcar en Velázquez. Al igual que ella, que anda haciendo las mismas camas que aquella mañana maldita de marzo, las sábanas azules para el cuarto del chico, las blancas con pequeñas flores rosas para la niña. Lo mismo que tú, que estas en el mismo kilómetro de la M-30, en el mismo atasco y con la misma radio en la misma emisora, aunque ahora vayas en moto y no pises la M-30 ni en pintura. Todos dejamos allí una parte, unos minutos, unas horas. Un tiempo congelado.

Y están ellos. Los que se fueron sin vida, y los que se quedaron sin vida. Los que no tienen futuro y los que se quedaron sin él, condenados a que su instante, su tiempo congelado, se extienda a habitaciones vacías, a pasados, a caricias irrepetibles, a derrotas diarias a golpe de recuerdo. Podría escribir mil palabras, mil frases, mil textos. Y no me acercaría al dolor de ver un rincón vacío y no entender porqué no está él, ella, sus buenos días, sus sonrisas, sus malos ratos, su manera de moverse, sus preguntas, sus errores, su modo de coger una taza de café. Es ese golpe diario, esa pregunta machacona, la aguja cotidiana: ¿Porqué no están?

Y sentirse lanzados, usados, citados, nombrados, manchados, tachados, ocultos, mostrados… en nombre de A, de B, de C. Para salvar banderas, derechos, honores, patrias, libertades, conceptos. Existir condenados en párrafos, encerrados en titulares, apresados en columnas y tertulias, apartados a reuniones, enlatados en cinco minutos de noticias. Y que nada consiga explicar ese rincón vacío. La nada. La falta. Y sólo vence el odio seco, puro. El odio en los libros, en los textos, en las piedras lanzadas que tapiaran el rincón, que seguirá vacío, pero lleno de piedras, de palabras, de soledades, de pequeñas derrotas, de paseos adentro.

Y yo seguiré yendo en bicicleta, un eterno 11 de marzo, por la esquina de Avenida de América con la calle Cartagena.

 

Adolfo Suárez
Escritor