“Cuestión de coherencia” por Sara Hernández

Este fin de semana estamos llamados a elegir la cabeza del socialismo madrileño. Vaya por delante mi respeto a los dos compañeros, y a los que lo puedan hacer en los próximos días, que han dado un paso adelante; a ellos y, evidentemente, a las personas que les apoyan en sus, hasta ahora, precandidaturas.

Quiero señalar en primer lugar que me parece sano y democrático la existencia de varias candidaturas, señal de viveza, dinamismo y riqueza del PSOE. No comparto las opiniones que ven en esto una división y un mal mensaje a la sociedad: muy al contrario, donde otros ven división yo veo alternativas, unos dicen que nos miramos el obligo, yo digo que nos rearmamos internamente para ganar nuestro espacio político en la calle.

Antes de hablar de nombres creo fundamental hablar de modelo de partido. Y el mío es aquel con dos características: socialismo y democracia. Hablar de democracia es recuperar el partido para las bases, es pluralidad y libre ejercicio a las diferentes opiniones. Democracia es un militante, un voto.

Por eso apoyo el proyecto que habla de primarias, a la Secretaría General y para los candidatos, un proyecto que defiende devolverle al militante poder y protagonismo.

De la misma manera, cuando hablamos de Socialismo hablamos de valores, de principios, de más de 130 años de historia luchando contra las injusticias. Por eso apoyo un discurso que defiende el impuesto a la banca, la tasa de transacciones financieras, el impuesto sobre las grandes fortunas, la reforma fiscal para que paguen más los que más tienen o la reforma financiera, creando una banca pública.

Y este modelo de partido tiene en Madrid su referente, Tomás Gómez, que ha trasladado un claro mensaje de alternativa de izquierdas, demandado por la sociedad, que ha visto hasta ahora en el PSOE un partido desdibujado, alejado de sus raíces.

Sería bueno dejar a las personas trabajar, a los proyectos consolidarse. Tomás Gómez ha sido legitimado en un tres procesos, incluidas las primarias, y esta será el cuarto. El sábado tendremos la respuesta y, después, A- TRABAJAR- TODOS- JUNTOS.

Sara Hernández Barroso
Concejala PSOE Ayuntamiento de Getafe
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“Reforma Laboral: más paro, menos derechos” por Javier López

En eso, simple y llanamente consiste la famosa Reforma Laboral.  Mira que el PP intenta explicar, a base de utilizar sus televisiones públicas y privadas un pastón en tertulianos, las bondades del decreto impuesto.  Y sin embargo todo el mundo entiende con meridiana claridad que, antes, te despedían con una indemnización de 45 días por  año trabajo y ahora con 20 días por años.

Está claro que, a partir de la Reforma Laboral, el despido es más barato y el trabajo también lo es.  Se crea un nuevo contrato subvencionado con un año de prueba.

Si no le gustas al empresario te vas a la calle y sin indemnización alguna.  Luego puede contratarte de nuevo con el mismo contrato y un año de prueba.

Si enfermas y para tu desgracia faltas 9 días en dos meses, te vas a la calle con indemnización de 20 días.

Si la empresa gana dinero, pero vende o ingresa, menos te vas a la calle con 20 días, o te bajan el salario, o te cambian la jornada, o te trasladan a otra ciudad, o te bajan de categoría.

El empresario puede incumplir el convenio si vende menos, o si ingresa menos.

El empresario puede poner en marcha un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), sin autorización alguna y utilizando para ello recursos públicos a su libre albedrío.

¿Se creará empleo?  Claramente NO y el mismo gobierno y los empresarios lo reconocen.

¿Aumentará el paro? Lo que es más fácil es despedir.  El empresario sólo crea empleo si la economía crece y no lo va a hacer.  Por lo tanto el paro seguirá creciendo.

Ya sólo faltaba un responsable de la CEOE reclamando que se le quiten las ayudas a los parados que no acepten un puesto de trabajo en Laponia.  Un comportamiento inmoral.

En fin, alguien ha perdido la cabeza y no somos los trabajadores y trabajadoras, ni la ciudadanía, que salimos a las calles el pasado 19 de Febrero de forma libre, pacífica y masiva.

Ese alguien debería inmediatamente reunirse con empresarios y sindicatos y recuperar una negociación que recomponga en las empresas unas relaciones laborales asentadas en el derecho y la justicia.

El 29 F lo volveremos a exigir en la Puerta del Sol.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid 


“La historia nunca está escrita” por Esteban Beltrán

En varias ocasiones, profetas de distinto signo nos han anunciado el fin de la historia. Nos han dicho que las cosas son como son y, en general, no están tan mal. Esta profecía autocumplida parecía ser verdad sobre todo para una región como la de Oriente Medio y el Norte de África. Una región de conflictos antiguos y viejos presidentes inamovibles.

Sin embargo, 2011 fue un año sin precedentes para los pueblos de la región. Todos los pronósticos saltaron por los aires. Se rompieron las barreras del miedo. Miles de personas de toda edad y condición, sobre todo jóvenes y mujeres, inundaron las calles para exigir un cambio.
Las llamas de la protesta, de forma literal y trágica, se encendieron el 17 de diciembre de 2010 con el acto desesperado de Mohamed Bouazizi, en Túnez. Bouazizi, un vendedor ambulante que se prendió fuego después de sufrir la enésima humillación de su vida a manos de la policía, murió antes de poder ver la vorágine que su acción había desencadenado.
Su gesto desató una onda comprimida de frustración causada por años de opresión, violaciones de derechos humanos, desgobierno y corrupción, liberando una energía y poder que hasta entonces la gente de a pie no había experimentado ni creía tener. En los meses siguientes, la gente de Túnez, El Cairo o Bengasi salió a las calles exigiendo dignidad y dando una lección de humanidad.
Ha sido muy emocionante ver a los manifestantes de Túnez convencer a las fuerzas enviadas a reprimirles para que depusieran sus armas. A los jóvenes egipcios organizarse para convocar a decenas de miles de personas a través de las redes sociales y del boca a boca. A familias enteras de yemeníes pidiendo la salida del poder de un presidente que sentía que ya no les representaba.
Emocionante y estremecedor. En estos meses hemos vuelto a enfrentarnos con horrores que generan una conmoción difícil de transmitir con palabras. Las imágenes del brutal final de un mandatario tan cruel como Muamar el Gadafi nos produjeron una repulsión infinita. Las imágenes de las sangrientas matanzas de civiles en Siria nos hicieron –y hacen– sentir una violenta indignación, al igual que la de una joven manifestante egipcia golpeada brutalmente por la policía y arrastrada semidesnuda por las calles de El Cairo.
De esas imágenes convulsas, llenas de carreras, gritos y, demasiado a menudo, sangre, surge también un sentimiento de simpatía, respeto, casi orgullo. Pese a la extrema violencia ejercida contra ellos, la gente ha seguido manifestándose por el respeto a sus derechos y a su dignidad. El personal sanitario voluntario que en las calles de El Cairo atendía a los heridos ha seguido allí. Improvisados cronistas de las masacres de las fuerzas de seguridad siria en Homs, Deraa o Idlib han seguido allí, grabando con sus teléfonos móviles el horror para que el mundo supiese lo que estaba pasando.
Viendo la imagen de la plaza Tahrir iluminada y llena de manifestantes en medio de la noche era difícil no pensar que estábamos contemplando la imagen del centro del mundo, de igual manera que en 1989 era difícil no pensar que el centro del mundo era Berlín y que las personas que se aprestaban a la tarea de derribar el muro estaban creando un mundo nuevo.
Los sucedido en estos meses es bastante bien conocido. En Túnez, aunque todavía queda mucho por hacer, se han dado avances significativos en el reconocimiento de los derechos humanos, especialmente de la libertad de expresión. En Egipto, la transición está siendo mucho más agitada e incierta, y la represión de las protestas de aquellos que consideran que un régimen político más abierto debe llegar, muy dura.
En Libia, las protestas desembocaron en un conflicto armado en el que la intervención internacional inclinó la balanza en contra del régimen del coronel Muamar el Gadafi. El nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición ni siquiera ha conseguido poner fin a las detenciones arbitrarias, los malos tratos y las torturas.
En Yemen, la obstinada negativa del presidente a dimitir hasta casi el final de 2011, pese a las masivas protestas antigubernamentales, exacerbó los ya profundos problemas sociales, políticos y económicos del país. Su salida del poder a cambio de la impunidad supone un hecho muy negativo.
Los dirigentes de Bahréin, respaldados por Arabia Saudí, respondieron a las protestas con la fuerza, pero terminaron el año suscribiendo un compromiso de reforma, reparación y reconciliación. Mientras tanto, Siria se tambalea al borde de la guerra civil, pues su presidente recurre implacablemente a la fuerza bruta para aplastar las protestas.
En Amnistía Internacional estamos convencidos de que el mundo puede cambiar, pero no puede hacerlo solo. Necesita de la fuerza de ciudadanos y ciudadanas convencidos de que el respeto a los derechos humanos es la mayor garantía de paz, seguridad y bienestar. La fuerza y la convicción que los activistas de la Primavera Árabe han demostrado tener.
Por eso, a lo largo del mes de febrero, Amnistía Internacional se moviliza para decir que todavía queda mucho por conseguir en materia de derechos humanos en Oriente Medio y el Norte de África, pero, sobre todo, para rendir homenaje y demostrar nuestra solidaridad a las decenas de miles de personas, anónimas en su mayoría, que han conseguido, en tan solo un año, que se produzcan cambios hasta hace poco impensables en la región. Para celebrar un año de rebelión que es, también y sobre todo, un año de esperanza.

Esteban Beltrán
Director de Amnistía Internacional España

“La gran trampa y las preguntas” por Manuel Robles

A medida que pasan y pesan los acontecimientos económicos y sociales en Europa y en España, los ciudadanos asistimos perplejos, angustiados, faltos de información veraz que nos haga ver con claridad para qué sirven los recortes que se están haciendo, la pérdida de derechos laborales, unido a la evidencia de que detrás pueden venir desmantelamientos de servicios públicos esenciales como la educación, o la sanidad,  junto con la pérdida de miles de puestos de trabajo en el sector público. De momento la ciudadanía solo ve destrucción de empleo con todas estas medidas, porque ninguna va acompañada del compromiso real de los empresarios para generar puestos de trabajo. Ni de los bancos para crear líneas de crédito a empresas y privados.

Tenemos la sensación de haber caído en una gran trampa. La ciudadanía ha votado por mayoría al PP, con la sana idea de cambiar para mejorar la situación, inducidos por sus mensajes electorales. Ahora la cruda realidad se hace presente y vemos que las primeras medidas son todo lo contrario a lo que nos han ofrecido. Nos surgen preguntas sin respuesta cierta. ¿Podemos salir de esta crisis recortando inversiones y gasto público? ¿Podemos aspirar a tener una nómina decente que nos permita llevar una vida digna y dar a nuestros hijos, y jóvenes una alternativa, una educación, una formación adecuada para el presente y el futuro? ¿Podemos aspirar a tener un empleo con la estabilidad suficiente para poder hacer un mínimo proyecto de vida? ¿El coste del crecimiento económico y la creación de empleo en España y en Europa es la pérdida de derechos laborales? ¿La competitividad significa llegar a trabajar en condiciones precarias, a cobrar los sueldos de países sin derechos laborales, sin seguridad social, sin coberturas sanitarias y educativas? ¿Es así como se ponen medidas para reestructurar nuestro sistema productivo y empresarial?

¿Es así como se relanza el consumo como un motor esencial de crecimiento económico y creación de empleos? Creemos sinceramente que no. La esperanza está en que seamos capaces de obligar a los que nos deben una acción positiva en el Gobierno, en Europa, a los empresarios, y sobre todo a los sistemas financieros a contribuir a crear empleo, sin trampa, sin pérdida de derechos fundamentales.

Porque el paro, junto con la deuda privada y el desahucio de miles de familias es un drama que el sistema debe saber corregir, debe buscar alternativas de rescate como se hace con los bancos en crisis, principales creadores de la situación que vivimos, junto con la sospecha de que estamos ante un gigantesco ataque especulativo al euro y a los sistemas públicos,  por parte de los poderes fácticos e incontrolados del capital especulativo a nivel mundial.

Una vez más, los ayuntamientos reivindicamos a los gobiernos del Estado y las Comunidades Autónomas que nos den competencias y recursos para contribuir a la creación de empleo en nuestras ciudades y mantener la ayuda permanente a las familias necesitadas.

 

Manuel Robles
Alcalde de Fuenlabrada

“Mamá quiero ser famoso” por Pilar García

Ahora los niños no dicen, como la conocida canción, “mamá quiero ser artista”, sino “mamá quiero ser famoso”. Fascina la fama rápida, salir en televisión, ser reconocidos por la calle, tener ciertos privilegios y sobre todo, el dinero  fácil que da, hoy en día, ser famoso. No hablamos de la fama del actor, del deportista de éxito o del científico brillante. No.

Algunos programas de televisión han consagrado como auténticos personajes mediáticos a personas anónimas cuyas vidas hemos ido conociendo por entregas. Pero, hasta el Olimpo de la fama más vacua no llega cualquiera. Muchos los llamados y pocos los elegidos. Sólo los más preparados para ello. Aquellos que saben sacar más partido  al morbo de su vida, aquellos a los que el escándalo les encumbra. A esta indudable preparación, no cualquiera es capaz, se lo aseguro, se une una falta absoluta de pudor para exponer en público lo más íntimo y personal, acompañado de un lenguaje soez y vulgar, que hasta a la audiencia ávida de diversión sin complicaciones, les provoca, en muchos casos, vergüenza ajena.

Es la fama exprés del siglo XXI, no se puede personalizar en ningún nombre porque hay muchos. Unos exprimen el jugo hasta que termina el programa de turno, otros hasta que sus peripecias sentimentales dejan de ser noticia en todos los medios, en fin, cada uno tiene su fecha de caducidad, pero mientras tanto van dejando su huella colectiva.

Dicen que a todos nos gusta tener nuestro minuto de fama. Sí y no pasa nada. No se trata de hacer un aquelarre, si no de comprender que nos divierten, provocan debates, nos escandalizan, no pasa nada, pero por favor, no pueden ser un referente social.

Sí nos pueden servir para reflexionar. Pensar, no por qué son protagonistas de programas de prime time, sino por qué nuestra sociedad se identifica tanto con ellos. Tal vez, una de las claves esté en el cambio de valores que hemos vivido en los últimos tiempos. Hay que volver a poner de moda cosas como la cultura del esfuerzo, que no todo vale, el amor por lo bien hecho, el respeto al otro, el debate de opiniones sereno – ¡por favor, no por gritar más se tiene razón! – y la tolerancia. Ya sé que mucha gente lo tiene en cuenta, pero más todavía. Así, tal vez, volvamos a escuchar la letra de la canción, algo modificada, mamá quiero ser fontanero, médico, comercial, abogado,…, eso sí, si la reforma laboral, la crisis internacional y Moody`s se lo permiten.

Escrito, no desde el cariño, sino con cariño.

 

Pilar García
Periodista

“Sinceridad y firmeza” por José Carlos Boza

El reciente congreso del Partido Popular celebrado en Sevilla ha sido la confirmación de lo que viene haciendo –y explicando- el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy: Los españoles se merecen la verdad.

Nuestra sociedad tiene que saber a lo que se enfrenta y debe conocer la magnitud de la tarea que tenemos por delante. Es tiempo de un análisis adulto, que no sirve de nada ocultar con “brotes verdes” o similares. Ningún Gobierno democrático tiene derecho a trabajar a espaldas de la ciudadanía.

Precisamente de ese ejercicio de responsabilidad nacen iniciativas como la reforma laboral, el primer intento serio de abordar la crisis económica y que supone un punto de partida dentro de un paquete de medidas que se irá adaptando a las necesidades de cada momento.

Lo que ha hecho el Gobierno de Mariano Rajoy es, simple y llanamente, lo que debía hacerse. No sirve de nada poner paños calientes, confundir respecto a los presupuestos u ocultar datos sobre el déficit. La realidad es la que es y termina por evidenciarse con más fuerza ante quienes pretenden esconderla.

Es obvio, por otro lado, que este paquete de medidas habría sido menos contundente si no se hubiera recibido una herencia como la que ha dejado el PSOE, que ha superado los cálculos más pesimistas del actual Gobierno.

Con cierta razón va calando en la ciudadanía la idea de que aquellos políticos o administraciones que han dilapidado los recursos sin un planteamiento riguroso y sin seguir los criterios que marca el sentido común, contraen con la sociedad una deuda que debería ir más allá del mero cambio político consecuencia del castigo ciudadano.

Pero, del mismo modo, creo que, en justicia, se debe dar la oportunidad a aquellos que ahora asumimos la responsabilidad de demostrar que nuestros planteamientos son coherentes con el contexto que nos ha tocado vivir y que nos enfrentamos a los retos desde la rectitud moral, la sensatez y la lealtad que debemos a la ciudadanía. Con sinceridad y firmeza a la hora de afrontar lo que la situación demanda.

Estos son los principios que hemos querido aplicar en Valdemoro. Sinceridad a la hora de explicar los recortes presupuestarios y de pedir colaboración ciudadana y paciencia a los proveedores. Pero firmeza cuando toca hacer públicas nuestras ideas, nuestras recetas para combatir la crisis y nuestra frontal oposición ante quienes quieren confundir a la ciudadanía con informaciones falsas y bulos sin sentido. Cualquier vecino de Valdemoro sabe perfectamente de qué estoy hablando y puede tener la seguridad de que este Ayuntamiento no va a perder el Norte ni va a apartarse un paso de la línea que nos marcaron los vecinos respaldando mayoritariamente nuestro programa de Gobierno.

 

José Carlos Boza
Alcalde de Valdemoro

“La reforma del despido barato” por Javier López

A lo largo de esta crisis hemos visto caer empresas y aumentar el paro. Desde el inicio de la misma CCOO y UGT hemos planteado la necesidad de negociar las medidas para combatir la crisis y superarla.

Hemos hecho esfuerzos para alcanzar acuerdos: Sobre pensiones, sobre los trabajadores y trabajadoras del campo, sobre el trabajo doméstico.

Hemos intentado en dos ocasiones negociar en materia de contratación y en materia de negociación colectiva. Y hemos topado con el portazo en las narices de la patronal y la imposición del Gobierno. En la primera de las ocasiones, el Gobierno impuso una reforma laboral que dio lugar a la huelga general del 29-S. En la segunda, el desgaste del Gobierno condujo a la anticipación de las elecciones generales.

Con un nuevo Gobierno hemos intentado retomar la negociación y el Diálogo Social y hemos convenido recientemente un Acuerdo de Negociación Colectiva. Un Acuerdo que conduce a la senda de la negociación en la flexibilidad en las empresas y que compromete crecimientos moderados de los salarios a cambio de moderación en el crecimiento de los precios y la reinversión de beneficios.

Pero, a pesar de que el Gobierno saludó el Acuerdo, inmediatamente lo ha tirado a la papelera.

Lo ha tirado a la papelera porque la Reforma Laboral impuesta no solo legisla en aquello sobre lo que no había acuerdo, sino que tira por la borda y desprecia el Diálogo Social en todo aquello que es más propio de empresarios y sindicatos: La negociación colectiva.

Con todo, la Reforma Laboral decretada es, sin duda, la más dura, brutal y agresiva de todo nuestro periodo democrático. Con ella, el Gobierno abarata y facilita el despido y deja en manos del empresario todo el poder para despedir, incumplir el convenio, cambiar unilateralmente las condiciones de trabajo, el salario y el lugar de trabajo, eliminando la autorización administrativa en los Expedientes de Regulación de Empleo. Además, en una situación dramática como la que viven muchos Ayuntamientos, y Comunidades Autónomas, se facilita el despido en las Administraciones Públicas.

El país tiene un problema serio de empleo y la respuesta que ofrece el Gobierno es facilitar el despido. Lo que este país necesita es una reforma del sistema financiero que facilite el acceso al crédito de empresas y familias. Necesitamos una reforma fiscal que combata el fraude y haga más justo el reparto de las cargas fiscales.

Y necesitamos apuntalar las maltrechas finanzas de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. Necesitamos pensar un modelo productivo sólido y sostenible. Con base industrial y servicios de calidad, repensando el futuro del sector inmobiliario. Necesitamos proteger a los parados y las familias, fortaleciendo las prestaciones y Servicios Públicos.

Vamos a tiempos turbulentos en los que la movilización tiene que abrir paso a la negociación. La Reforma es aplaudida por Ángela Merkel mientras los mercados siguen bajándonos la nota.

Es una evidencia que facilitar el despido produce más paro, menos consumo, menos actividad económica y de nuevo más paro, más crisis, más dureza, más recortes, más ajustes. Un bucle del que no saldremos con reformas como la impuesta, sino reactivando la economía y creado empleo.

Tenemos por delante un largo camino de debate en las empresas y la sociedad, de movilizaciones crecientes con una primera cita el 19 de febrero. Vamos a sembrar España de movilizaciones.

Francisco Javier López Martín
Secretario General de CCOO de Madrid