“¿Es realmente importante la Marca Personal en el entorno profesional?” por Juan Carlos Lozano

El concepto de Marca Personal (en inglés Personal Branding) está de moda, aunque aún quedan muchas dudas sobre qué es y por qué es tan importante. En este artículo vamos a intentar desgranar el porqué de su origen y, de forma práctica, porqué es importante en nuestro contexto profesional.

Esta acepción, aunque atemporal, es relativamente reciente, al menos a lo que su conceptualización o utilización actual se refiere.  Su origen se atribuye a Tom Peters, mencionándose por primera vez en su artículo “The Brand Called You” (Revista Fast Company, 1997).

No es novedad hablar de la importancia de la marca y de que la marca de nuestras empresas sea reconocida, pero dado el entorno cada vez más social en el que nos encontramos, los grandes embajadores de las empresas son sus propios integrantes. Esta visión trasciende incluso a la tipología o calidad de los servicios o productos que ofrecen las diferentes organizaciones (de ahí el concepto con el que estoy tan de acuerdo de “Capital Humano”).

No es ninguna novedad que la imagen de marca es un excelente respaldo en el cierre de operaciones y alianzas estratégicas, y en una innumerable tipología de otras operaciones, pero nadie duda de que esas operaciones finalmente son cerradas por las personas que participan en ellas. Ya sean pequeñas o grandes operaciones, la venta de un producto del portfolio o la adquisición de una nueva filial, las personas que participan en dichos procesos son claves para el éxito final de los mismos.

Este valor hace que cobre cada vez más importancia el concepto de que cada uno de nosotros somos Directores/as Generales de nuestras propias empresas, lo que Peters expresa como elYO S.A.”.

Ciertamente el concepto de marca personal tiene un enfoque hacia la visibilidad de nuestro expertise y conocimiento para compartirlo con el contexto empresarial, pero evidentemente tiene un trasfondo muchísimo mayor. En un mundo en el que Internet y las Redes Sociales juegan, queramos o no, un papel transcendental, no podemos quedarnos al margen.

Según estudios de grandes consultoras internacionales, cuando tenemos una reunión importante ya no sólo buscamos en Internet información de la compañía con la que vamos a reunirnos, sino también el nombre de las personas concretas que van a participar en la misma.

Este es un fenómeno actual y real, y no podemos vivir ajenos a él. Cada vez es más difícil conocer a alguien que en alguna ocasión no haya buscado el perfil de otro profesional en Google. ¿Alguien se ha buscado alguna vez en a sí mismo? Si sorpresivamente la respuesta es no, les invito a hacerlo.

La sorpresa puede ser interesante, primero porque nos encontremos con resultados inesperados (en ocasiones no muy afortunados), o no aparecer o hacerlo en la página 16 de Google… Puede que esto no diga mucho de nosotros, lo cual no significa que necesariamente tengamos que estar presentes, pero si no nos metemos nosotros, alguien lo hará por nosotros en algún momento. Y puestos a leer cosas sobre nosotros, ¿por qué no hacer que esas cosas sean las que deben ser?. Desde esta perspectiva parece importante al menos plantearse la posibilidad.

En muchas de mis conferencias, algunos de los directivos asistentes me acaban preguntando “Pero eso de la marca personal, ¿es realmente importante, sirve para algo?”. Realmente el problema no es si es importante o no, si no si me aporta el suficiente valor como para dedicarle tiempo. El tiempo es un (por no decir el más) importante activo del que disponemos y como todo importante activo es limitado. La pregunta que hay detrás de la que me formulan es: “¿Realmente mi marca personal me aporta un justificado beneficio como para que le dedique parte de mi tiempo, y si es así, cuánto tiempo he de dedicarle?

Sobre los beneficios, algunos ya han quedado identificados. Sobre el tiempo, nos asombraríamos de la reducida dedicación que, siguiendo una metodología y procesos definidos, nos conllevaría definir una buena estrategia de marca personal y conseguir unos resultados sorprendentes, pero eso ya será harina de otro artículo.

Juan Carlos Lozano
Presidente Dir&ge
Network Directivos & Gerentes
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“¿Y Bender qué opina de esto?” por David Sañudo

Uno se pone a hacer zapping por la TDT y (quitando programas del corazón, concursos absurdos, magacines de cotilleo, programas repetidos, realities o llamadas de la suerte) puede que, con mucha suerte, se tope con un informativo decente (entiéndase por decente uno que no tenga videos de youtube, trailers de películas o videoclips musicales); pero dice la leyenda urbana que a veces puedes encontrarte un canal donde emiten series de televisión de calidad (nada de jovencitas pechugonas peleándose en las duchas mientras su compañero sin camiseta arregla el motor de un barco) y que, normalmente en horario intempestivo, puedes llegar a ver algún capítulo atrasado de ’The Big Bang Theory’,  ‘Misfits’, ‘Como conocí a vuestra madre’, o ‘Futurama’.

Nombres como los de Sheldon Cooper, Nathan Young, Barney Stinson o Bender Doblador Rodríguez son un hilo de esperanza para una TV que, como el periodismo en general, se difiere poco de la basura: algo que en algún momento fue útil pero que ahora huele bastante mal.

Las series anteriormente citadas se encuentran entre las más vistas por los jóvenes españoles, no hay más que navegar un rato por Internet para comprobarlo, pero es imposible seguirlas al ritmo de la televisión española: cambian su horario de emisión todas las semanas y se emiten varios capítulos seguidos sin orden ni concierto.

Si algún joven español quiere ser fiel a TBBT o HIMYM deberá, a juicio de este Gobierno, delinquir o, a juicio de algún cantante, dejar morir a los niños africanos. Difícil elección, entiendo, aunque como última opción podemos pedir consejo a nuestros queridos personajes:

Barney- Lo siento, no puedo, tengo las manos atadas… ¡ah no! eso fue anoche

Nathan- Somos jóvenes, se supone que debemos emborracharnos, que debemos portarnos mal.

Sheldon- “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David?

Bender- No sé, por primera vez en mi vida, noto que estoy harto de robar.

Uff… casi mejor no haber preguntado.

David Sañudo, periodista

“Virtual y también muy real” por Pilar García

Hace unos días leía en esta página una noticia sobre la importancia que está cobrando Facebook en los divorcios en EEUU. La información en cuestión ofrecía datos de un estudio de la Academia Americana de Abogados Matrimoniales, recogido por “The Guardian”, en el que se aseguraba que  los abogados norteamericanos sitúan a Facebook como la principal fuente de pruebas en el 20% de los divorcios.

En los primeros meses de este 2011 hemos visto también como a través de Internet y las redes sociales, pueblos oprimidos, devastados por la pobreza y el hartazgo de la injusticia, se han revuelto contra sus gobiernos y los han depuesto. En muchos de estos países, se llegó incluso a cortar Internet. Pero no se pueden poner puertas al campo, como dice el refranero más castizo.

En un plano más doméstico, si se quiere, el otro día me encontré en el ascensor a mi vecino del quinto. Iba con una morenaza impresionante, a la que cogía de la cintura con cierto orgullo. No era su mujer. Después me enteré que a su santa la ha dejado por está joven a la que conoció a través de Internet.

Son tres ejemplos, podría poner más, pero con estos basta para comprender cómo el mundo de las redes sociales ha traspasado esa frontera de lo virtual, haciéndose cada vez más real, más palpable y presente por las consecuencias que tiene en la vida  personal y colectiva. Si alguien pensó en un momento dado, o piensa todavía, que esto era sólo una moda pasajera, que vaya cambiando de opinión, porque la realidad es muy tozuda e indica todo lo contrario.

Es verdad, que no debemos sacralizar el mundo 2.0, porque tiene muchos dobles filos y porque nunca es bueno convertirse en un “friky” de nada, además, las relaciones en la red no deben sustituir nunca el contacto personal, mucho más rico, pero si es cierto que las redes sociales son hoy día un campo infinito, abierto al intercambio de ideas, opiniones, capaz de mover el mundo. Queda extender su manejo a todos los sectores, para acortar esa brecha digital marcada por las diferencias económicas o el desarrollo social y cultural. Y es que nunca lo virtual, había sido tan real.

Pilar García, periodista