Es una vergüenza como nos comen el coco

Es una vergüenza como nos comen el coco, con gilipolleces en los grandes debates nacionales televisivos, como tratan la problemática de la crisis de forma estéril sin entrar en el autentico origen y meollo del asunto, simplemente se dedican a sacar en primera plana las consecuencias, buscando el morbo y la compasión del publico, y de paso, hacen que una mayoría se sienta afortunada por no estar como los casos que publican.

Si los inversores nos retiraron el crédito fue sin duda porque el sistema político-social español se nos fue de las manos, está sobredimensionado para la productividad del tejido productivo español. Una vez asumido esto, el día que Mariano y sus secuaces se quieran dar cuenta de esto y hagan adelgazar nuestro obeso sistema político-social, los inversores comenzaran a volver a confiar en nuestro sistema, en nuestra tolerante democracia, en nuestro arte para la convivencia multirracial que nos caracteriza. Solo asumiendo nuestra obesidad político-social conseguiremos algo, y poniéndonos a régimen, es verdad que no se pierden kilos en un día cuando se han cogido a lo largo de 7 años de Zapatero, pero es cierto que el exceso de cargos políticos, nacionales, autonómicos y municipales, unido a los funcionarios sin una función concreta, pero en su mesa funcionarial cada día, sin objetivos pero con un gran sueldo.

Ese es el tejido improductivo que mantiene la ruina española, que a su vez mantiene la falsa economía que hoy vivimos. Poco a poco tenemos que adelgazar, pero es necesario que los que mandan lo asuman, y pongan a régimen al estado español lo mas urgente posible. Y con un poco de suerte los famosos inversores nos reconozcan como una opción interesante en el mundo donde depositar sus fondos, y así poner en marcha la Pyme española generadora del 80% del empleo Español a través del crédito, bancario, como sucede en el resto de Europa, la realidades que cualquier empresa requiere de un 50 a un 80% de recursos financieros ajenos, y hoy en España son cero absoluto.

Luis Miguel Llamas

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“Mamá quiero ser famoso” por Pilar García

Ahora los niños no dicen, como la conocida canción, “mamá quiero ser artista”, sino “mamá quiero ser famoso”. Fascina la fama rápida, salir en televisión, ser reconocidos por la calle, tener ciertos privilegios y sobre todo, el dinero  fácil que da, hoy en día, ser famoso. No hablamos de la fama del actor, del deportista de éxito o del científico brillante. No.

Algunos programas de televisión han consagrado como auténticos personajes mediáticos a personas anónimas cuyas vidas hemos ido conociendo por entregas. Pero, hasta el Olimpo de la fama más vacua no llega cualquiera. Muchos los llamados y pocos los elegidos. Sólo los más preparados para ello. Aquellos que saben sacar más partido  al morbo de su vida, aquellos a los que el escándalo les encumbra. A esta indudable preparación, no cualquiera es capaz, se lo aseguro, se une una falta absoluta de pudor para exponer en público lo más íntimo y personal, acompañado de un lenguaje soez y vulgar, que hasta a la audiencia ávida de diversión sin complicaciones, les provoca, en muchos casos, vergüenza ajena.

Es la fama exprés del siglo XXI, no se puede personalizar en ningún nombre porque hay muchos. Unos exprimen el jugo hasta que termina el programa de turno, otros hasta que sus peripecias sentimentales dejan de ser noticia en todos los medios, en fin, cada uno tiene su fecha de caducidad, pero mientras tanto van dejando su huella colectiva.

Dicen que a todos nos gusta tener nuestro minuto de fama. Sí y no pasa nada. No se trata de hacer un aquelarre, si no de comprender que nos divierten, provocan debates, nos escandalizan, no pasa nada, pero por favor, no pueden ser un referente social.

Sí nos pueden servir para reflexionar. Pensar, no por qué son protagonistas de programas de prime time, sino por qué nuestra sociedad se identifica tanto con ellos. Tal vez, una de las claves esté en el cambio de valores que hemos vivido en los últimos tiempos. Hay que volver a poner de moda cosas como la cultura del esfuerzo, que no todo vale, el amor por lo bien hecho, el respeto al otro, el debate de opiniones sereno – ¡por favor, no por gritar más se tiene razón! – y la tolerancia. Ya sé que mucha gente lo tiene en cuenta, pero más todavía. Así, tal vez, volvamos a escuchar la letra de la canción, algo modificada, mamá quiero ser fontanero, médico, comercial, abogado,…, eso sí, si la reforma laboral, la crisis internacional y Moody`s se lo permiten.

Escrito, no desde el cariño, sino con cariño.

 

Pilar García
Periodista

“¿Y Bender qué opina de esto?” por David Sañudo

Uno se pone a hacer zapping por la TDT y (quitando programas del corazón, concursos absurdos, magacines de cotilleo, programas repetidos, realities o llamadas de la suerte) puede que, con mucha suerte, se tope con un informativo decente (entiéndase por decente uno que no tenga videos de youtube, trailers de películas o videoclips musicales); pero dice la leyenda urbana que a veces puedes encontrarte un canal donde emiten series de televisión de calidad (nada de jovencitas pechugonas peleándose en las duchas mientras su compañero sin camiseta arregla el motor de un barco) y que, normalmente en horario intempestivo, puedes llegar a ver algún capítulo atrasado de ’The Big Bang Theory’,  ‘Misfits’, ‘Como conocí a vuestra madre’, o ‘Futurama’.

Nombres como los de Sheldon Cooper, Nathan Young, Barney Stinson o Bender Doblador Rodríguez son un hilo de esperanza para una TV que, como el periodismo en general, se difiere poco de la basura: algo que en algún momento fue útil pero que ahora huele bastante mal.

Las series anteriormente citadas se encuentran entre las más vistas por los jóvenes españoles, no hay más que navegar un rato por Internet para comprobarlo, pero es imposible seguirlas al ritmo de la televisión española: cambian su horario de emisión todas las semanas y se emiten varios capítulos seguidos sin orden ni concierto.

Si algún joven español quiere ser fiel a TBBT o HIMYM deberá, a juicio de este Gobierno, delinquir o, a juicio de algún cantante, dejar morir a los niños africanos. Difícil elección, entiendo, aunque como última opción podemos pedir consejo a nuestros queridos personajes:

Barney- Lo siento, no puedo, tengo las manos atadas… ¡ah no! eso fue anoche

Nathan- Somos jóvenes, se supone que debemos emborracharnos, que debemos portarnos mal.

Sheldon- “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David? “Toc toc toc” ¿David?

Bender- No sé, por primera vez en mi vida, noto que estoy harto de robar.

Uff… casi mejor no haber preguntado.

David Sañudo, periodista