“Gallardón” por Ángel Garrido

Los admiradores de Borges -uno de los escasos escritores que cambiaron para siempre el uso del español- sabemos que a priori no hay nada más sencillo que imitar su estilo, pero a la vez, nada más difícil que probar a hacerlo y que el resultado del intento resulte en cosa distinta que una triste caricatura del mismo.

Ocurre lo mismo -mutatis mutandis- con el flamante Ministro de Justicia y hasta hace pocas fechas Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Un hombre con una simbología de acción y un discurso político tan propio, que es casi imposible intentar integrar parte de ese discurso o esa dinámica, sin que quede de inmediato manifiestamente claro que se está “imitando” a Gallardón.

Gallardón, como Borges, sólo hay uno y sólo él es capaz de imitarse a sí mismo con garantía de éxito y brillar incluso en aquellos escenarios donde la luz es tenue o casi inexistente. Como muestra, sirva la batería de propuestas que ha lanzado en relación al Ministerio que administra y que han causado una auténtica conmoción en la opinión pública, aplicando lo que parecía ser hasta la fecha el menos común de los sentidos en el ministerio, ésto es, el sentido común.

A los políticos con personalidad, independientemente de su ideología y condición, se les admira y se les odia en proporciones no semejantes -los admiradores son mayoría- pero sí de intensidad muy similar. Pueden a veces contar con menos admiradores fervientes en sus propias filas, pero como escribió José Bianco, “la única estima que cuenta para un hombre inteligente es la estima del adversario”.

Yo he tenido la fortuna de poder trabajar con Alberto Ruiz Gallardón y he tenido también la suerte de poder discrepar en alguna ocasión con él y hacerlo siempre recibiendo por su parte el trato elegante que caracteriza a los grandes. Paradójicamente, a raíz de una de esas discrepancias, tuve la ocasión de almorzar en privado con él. El entonces Alcalde de Madrid y mi jefe de filas, sin necesidad alguna por su parte, me comentó abierta y francamente sus opiniones en muchas materias y me expuso un cronograma de futuro para nuestra ciudad y nuestro partido, que tengo que decir se ha cumplido punto por punto.

Sólo conozco dos políticos para los que sé a ciencia cierta que el mejor regalo que se les puede hacer es un libro, una es mi querida amiga y delegada del Gobierno Cristina Cifuentes; el otro es Alberto Ruiz Gallardón, así que le regalé uno en aquella comida. Se trataba de la bonita edición de “Olímpicas” de mi admirado poeta Juan Antonio González Iglesias. Gallardón, con la suerte o el instinto de los lectores impenitentes, lo hojeó y se detuvo en su página 19, me miró y dijo algo así como “menuda frase”. Eran las dos primeras líneas del poema ‘Contra derrota’ y dicen así: “La derrota ya tiene suficientes enamorados”. Gallardón no es, afortunadamente, uno de ellos.

Ángel Garrido García, presidente del Pleno del Ayuntamiento de Madrid

“Una historia repetida” por Cristina Cifuentes

Como ocurrió con el 3 de marzo de 1996, el 20 de noviembre de 2011 se ha convertido en una fecha clave de cambio en la historia de nuestra reciente democracia; por su necesidad indiscutible y por su parecido con la situación del país a mediados de los noventa.

Entonces como ahora, España atravesaba por una grave crisis económica: el paro superaba el 20 por ciento, la mitad de los jóvenes españoles no podía acceder a un empleo, las cuentas de la Seguridad Social estaban en quiebra, las perspectivas de crecimiento eran prácticamente nulas, la credibilidad de nuestro país dentro y fuera de las fronteras era inexistente y la corrupción salpicaba al Gobierno socialista.

Quince años después, mismo partido en el Gobierno, problemas similares, misma ineficacia. Todo igual, quizá con una excepción: la deriva a la que hace tiempo abandonó al país el presidente Rodríguez Zapatero, ahora en funciones, cuando desoyó la crisis y, antes y después, con su empeño en hacer una política de imagen en lugar de apostar por la política de gestión.

Ahora como entonces, el Partido Popular tiene la responsabilidad de lograr la recuperación de  España lo antes posible. Y eso, sin duda, pasa necesariamente por adoptar medidas urgentes, hacer importantes esfuerzos y remar todos juntos.

Es urgente una reforma del mercado laboral, que dote de garantías a los trabajadores, que no tenga como prioridad reducir el coste del despido sino abaratar la contratación, bonificando, por ejemplo, con una reducción en el Impuesto de Sociedades a aquellas nuevas empresas que creen empleo. Una reforma que no deje de lado a quienes han sido los grandes perjudicados de esta crisis, como jóvenes, mujeres y parados de larga duración con más de 45 años.

Igual de urgente es dar un ejemplo de austeridad y de gestión responsable con un saneamiento de nuestras cuentas públicas; porque un control exhaustivo y riguroso del déficit presupuestario, impidiendo el endeudamiento excesivo del Estado y las Comunidades Autónomas, será la única garantía para preservar nuestro estado de bienestar.

Sin duda, el nuevo Gobierno tendrá que eliminar gasto corriente y no productivo, evitar duplicidades, priorizar la prestación de servicios y planificar una adecuada inversión pública, haciendo de la vuelta a un plan de estabilidad presupuestaria el objetivo irrenunciable.

Y se deberá afrontar sin demora un saneamiento y reestructuración del sistema financiero para dotarlo de mayor estabilidad, mejor seguridad y más dinamismo.

España tiene futuro y los españoles tienen más cerca la solución. Si aplicamos medidas, y actuamos juntos y con determinación, conseguiremos recuperar la credibilidad y la confianza que nuestros vecinos europeos demandan.

Confianza, empleo y austeridad, tres elementos de una suma que, entonces como ahora, nos sacará con buenas expectativas de la crisis y convertirá a España, de nuevo, en un referente en el mundo.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta Asamblea de Madrid

La estrategia socialista del “todo vale” por Cristina Cifuentes

Cuando apenas quedan unos días para el inicio de la campaña electoral, algunos han puesto en marcha la maquinaria de la mentira y el engaño en un intento por extender la confusión y el miedo entre los ciudadanos para sacar ventaja política. Tras los embustes sobre el copago sanitario o la eliminación de la gratuidad de las tiras de control de la glucosa para diabéticos, sale a escena la número dos de la candidatura socialista a la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce,  utilizando la muerte como instrumento electoral sin ningún tipo de pudor.

Valcarce critica al Gobierno de Esperanza Aguirre y dice que en Madrid ha habido “79 personas que han muerto esperando los recursos de la Ley de Dependencia”. Olvida la dirigente socialista que el 60% de las personas dependientes que todavía no reciben asistencia viven precisamente en comunidades autónomas gobernadas por el PSOE.

Lo cierto es que Madrid lidera la atención a dependientes, con 9 puntos por encima de la media nacional. La Comunidad atiende diariamente a 70.000 personas dependientes y otras 16.000 reciben prestaciones económicas. Además, nuestra región es la que cuenta con más plazas residenciales y centros de día. Desde la implantación de la Ley de Dependencia, el Gobierno de Esperanza Aguirre ha aportado en Madrid prácticamente la misma cantidad aportada por el Gobierno de Zapatero en el resto de España (3.400 millones de Euros en políticas de prevención y atención). Además, la aportación del Gobierno regional para la atención a la dependencia es casi diez veces la de la Administración General del Estado en la Comunidad de Madrid.

El Gobierno socialista presume de la paternidad de la Ley de Dependencia, pero no aporta los fondos necesarios para aplicarla. Y es la Comunidad de Madrid quien asume el 76% del coste de atención de cada persona dependiente. Valcarce fue impulsora de esta Ley desde la Secretaría de Estado de Asuntos Sociales y por tanto conoce perfectamente la situación. Por ello su mezquino intento de atacar al gobierno de Esperanza Aguirre a costa de los dependientes muertos resulta especialmente censurable.

Resulta lamentable la macabra utilización que los socialistas madrileños hacen de las desgracias ajenas. A eso se le llama “ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. Y es que en política no puede valer todo ni se deberían atravesar determinadas líneas rojas como acaba de hacer la número 2 socialista. Sin duda los madrileños les pasarán factura por ello.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta de el Asamblea de Madrid

“El modelo energético, como la crisis” por Cristina Cifuentes

En las últimas semanas, el Gobierno nos ha tenido de sorpresa en sorpresa a cuenta de sucesivas improvisaciones para reducir el gasto de energía. Una vez más ha tenido que ser  un factor externo, la crisis en Libia, el que haya hecho actuar al Gobierno. Y de nuevo, Rodríguez Zapatero ha desaprovechado la oportunidad de una reforma valiente en favor ocurrencias que dan portadas y evitan  tratar los asuntos en profundidad, pero no constituyen verdaderas estrategias que contribuyan a reducir la dependencia energética de España, que se sitúa en el 84 por ciento del consumo.

Durante los próximos cuatro meses estará vigente la reducción de la velocidad máxima de las autovías a 110 kilómetros, sobre cuya efectividad en cuanto a ahorro energético no se ponen de acuerdo ni los propios ministros, y tal vez pronto veamos reducida hasta en un 50 por ciento la iluminación en nuestras carreteras. Puede que, como sugería el presidente de la Federación Española de Municipìos y Provincias (FEMP), Pedro Castro, insistan en la limitación del tráfico de los vehículos particulares, unos días los pares y otros los impares. Y puede también que surjan nuevas ideas geniales como las ya clásicas ocurrencias de la supresión de las corbatas en verano o el regalo de bombillas.

Diez días después del anuncio de la primera de las medidas de ahorro, aún echamos en falta una estrategia meditada, un verdadero plan energético que combine eficiencia y respeto al medio ambiente. Urge diseñar un mix que limite los combustibles fósiles y contemple las renovables, pero también la nuclear. Es prioritario un giro en la política energética  de este Gobierno que, hasta ahora, sólo ha contribuido a que los ciudadanos hayan visto crecer su factura eléctrica en un 60 por ciento.

El ministro Sebastián explicó el pasado viernes que las “circunstancias especiales” de las revueltas en el mundo árabe y el norte de África ha hecho que el Gobierno tomara medidas. Todo esto suena familiar y nos devuelve unos meses atrás, a los toques de atención de los mercados internacionales, Bruselas y Merkel por los que el presidente del Gobierno se lanzó con los mayores recortes sociales de la historia de la democracia española: unas reformas laboral y de pensiones que restan derechos a los trabajadores, pero no resuelven el desempleo que está en el origen de esos recortes. 

Lamentablemente, la historia se repite para constatar una vez más el inmovilismo de un presidente del Gobierno que tardó dos años en reconocer una crisis de la que todos le advertían y que, una vez más, elige la improvisación en lugar de ofrecer respuestas meditadas que permitan implantar el modelo energético que tanto contribuiría a la recuperación económica.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta de la Asamblea de Madrid.