“8 de marzo. La igualdad real sigue siendo un reto pendiente” por Esperanza Fernández

Esperanza Fernández, portavoz UPyD GetafeAfortunadamente pasaron en nuestro país los tiempos en los que había desigualdad jurídica entre hombres y mujeres. Pero no ha llegado aún el momento en el que podamos hablar de que exista  igualdad real y efectiva. Por ese motivo, seguir conmemorando el 8 de marzo como fecha señalada de reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres tiene pleno sentido. Sin ánimo de agotar la relación de ámbitos de desigualdad, quiero detenerme en algunos.

Se habla de brecha o discriminación salarial cuando la diferencia salarial no se justifica por la diferencia de valor del trabajo sino por el hecho de ser hombre o mujer. Según datos recientes de la Comisión Europea, España se encuentra entre los 5 países de UE donde ha aumentado la brecha salarial entre hombres y mujeres, situándose actualmente en el 17,8%, mientras que la media comunitaria es del 16,4%. Otras fuentes nacionales, tales como las que aportan los sindicatos UGT y CCOO, reflejan una ampliación sustancial de la brecha, pues en sus últimos informes disponibles correspondiente a 2011, la estiman en un 23% aproximadamente, lo que significa que una mujer tiene que trabajar 84 días más al año para obtener el mismo salario que un hombre, a igual trabajo, se entiende, o, dicho en otros términos, en el periodo 2008-2011, los hombres ganaron de promedio 5.900 € más que las mujeres. En sectores como el de hostelería la diferencia se amplía hasta el punto de que las mujeres ganan de media un 49,26 % menos que los hombres. Otro dato revelador que aportan los diversos estudios es que la mejor formación no se traduce en una disminución de las diferencias puesto que en profesiones científicas y técnicas también existen diferencias que pueden llegar al 30,54%.

Las diferencias salariales, el empleo precario y el trabajo a tiempo parcial involuntario se traducen también, como es obvio, en diferencias en las prestaciones de desempleo, tanto en su duración como en su cuantía, y en las de jubilación o enfermedad. La feminización de la pobreza es, pues,  más que un concepto; es una realidad. Y una realidad que hace ver como lejano el horizonte de igualdad.

Si no se avanza, e incluso se retrocede, en el ámbito laboral, la participación de la mujer en la vida pública se encuentra también actualmente con otros obstáculos relacionados con los recortes sociales, sobre todo por su incidencia en la gestión de la dependencia. También la tardanza en abordar la racionalización de horarios que permitan la corresponsabilidad en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos repercute en la participación de la mujer en la vida pública.

En cuanto a la violencia machista, pese a la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género,  las cifras de mujeres asesinadas y de órdenes de protección siguen siendo estremecedoras. El tratamiento integral de este problema fue un acierto pero es claro que se debe hacer un diagnóstico de la efectividad de la ley y modificarla, en su caso, porque algo no está funcionando como debiera. Se ha dicho tantas veces que la clave puede estar en la educación de los niños y adolescentes que puede resultar ocioso repetirlo, pero tanta reiteración no se ha reflejado en la puesta en marcha de programas sistemáticos en el ámbito educativo.

Son solo algunas pinceladas que intentan llamar la atención sobre cosas que restan por hacer en el camino hacia la igualdad. Esta llegará cuando se cumplan requisitos tales como: que no haya brecha salarial entre hombres y mujeres; que sea similar a la de los hombres la presencia de las mujeres en las instituciones y en todos los ámbitos de la vida pública; que no haya víctimas de violencia de género;  que se haya conseguido acabar con las redes de trata de seres humanos, cuyas víctimas mayoritarias son mujeres, o que no haya ningún gobierno que se atreva a dar pasos atrás en logros conseguidos como el de la libertad para elegir sin tutelas sobre la interrupción del embarazo. Mientras tanto, cada 8 de marzo tendremos que recordar que estos retos están pendientes y el resto del año trabajar para el logro de esa igualdad real y efectiva.

 

Esperanza Fernández Acedo
Concejal portavoz Grupo Municipal de UPyD Getafe
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“Los mundos de YuPPi” por David Sañudo

Dice el ministro Gallardón que hay “una violencia estructural contra la mujer por el mero hecho del embarazo” lo que les obliga a abortar; la ministra de Sanidad apunta que “quienes quieren ser madres no deben dejar de serlo por presiones sociales, económicas o familiares” y yo (partiendo de la base de que no soy mujer) me pregunto: ¿Estos dos en qué mundo viven?

Me supongo que cuando una mujer se queda, voluntaria o involuntariamente embarazada, tendrá miles de preocupaciones en la cabeza, muchas relacionadas con la salud del bebé y el desarrollo del embarazo, pero seguro que también se preguntará qué pasará con su trabajo (en el caso de que lo tenga) o si podrán llegar a fin de mes. Será que, en “Los mundos de YuPPi” donde viven estos dos ministros, los jefes acogen de buen grado que una empleada se quede embaraza, las leyes laborales protegen a los trabajadores y los gastos de un niño (desde los pañales hasta la ropa) no valen un “pastón”. Ojalá viviésemos en un mundo en el que la mujer (la pareja) no tuviese que pensar en el dinero, en el trabajo o en como combinar el criar a un hijo con la vida normal, pero, por desgracia, la sociedad en la que estamos no nos deja otra salida.

Eso sí, son precisamente los políticos los que pueden revertir la situación: no aprobando leyes laborales que desamparen a todos los trabajadores, y en especial a las mujeres; apoyando las bajas de maternidad para que no cargue con ellas la empresa; fomentando “de verdad” la conciliación y no recortando en servicios públicos. Así es como se consigue que la mayoría de las mujeres no se preocupen de “presiones sociales, económicas o familiares” para poder tener un hijo, o los que sean.

Aunque, bien pensado, si en mi casa, de buenas a primeras, aparecieran de repente deportivos último modelo en el garaje, yo tampoco tendría motivos para la preocupación.

 

David Sañudo
Periodista