“Vacunas: importancia y limitaciones” por Marciano Sánchez Bayle

FOTO_MARCIANOSANCHEZAhora que se ha producido un caso de difteria en un niño no vacunado previamente en nuestro país conviene hacer algunas consideraciones sobre las vacunas.

Las vacunas han sido uno de los grandes avances de la medicina a partir del siglo XIX, utilizadas inicialmente de manera empírica, como en el caso de la viruela, luego sucesivos avances consiguieron utilizar virus y bacterias inactivadas, posteriormente antígenos de los microorganismos que producen las infecciones y mas recientemente productos de ingeniería genética. Pero siempre basándose en el mismo principio, conseguir en los sujetos vacunados una respuesta inmunitaria que proteja frente a la infección de virus o bacterias haciendo que no se produzca la infección o que esta pierda su carácter original y sea menos grave o se prevengan sus complicaciones más agresivas.

 

El éxito de las vacunas proviene de dos hechos muy relevantes, el primero es que ha conseguido erradicar prácticamente a enfermedades gravísimas como la viruela o la poliomielitis que eran azotes de la Humanidad desde tiempos inmemoriales, y el segundo es que responden a la máxima de que “es mejor prevenir que curar” puesto que las vacunas consiguen evitar mucha carga de enfermedad (mortalidad y morbilidad) a costes generalmente asumibles.

 

Pero como todo en medicina hay que se conscientes de que las vacunas tienen complicaciones, generalmente muy raras, pero a veces graves. También que hasta que no hay una experiencia muy importante con una vacuna, ha pasado el tiempo, y el numero de personas vacunadas es muy grande, resulta muy difícil conocer las complicaciones infrecuentes que pueden producirse, y que la inmunidad que crean las vacunas frente a las enfermedades no se dan en todos los casos (hay variaciones individuales en cuanto a la respuesta inmunitaria) y que esta inmunidad va disminuyendo con el tiempo (de ahí que haya revacunaciones en algunas de ellas).

Otra cuestión a tener en cuenta es que las vacunas tienen una dimensión individual (la protección que producen en la persona vacunada) y otra colectiva, que es la mas importante, y que se basa en romper la cadena de transmisión de las enfermedades y puede conseguir su erradicación (el caso de la viruela), esta última puede crear la falsa impresión de que no hay riesgos de padecer la enfermedad (es seguramente el caso del niño con difteria) y hacer que se baje la guardia y se produzcan grupos de población desprotegidos frente a la enfermedad que acaben siendo infectados por algún portador asintomático o por la llegada de un microorganismo desde zonas del planeta donde la enfermedad sigue estando presente.

 

También debemos de ser conscientes de que la información por Internet, poco especializada y poco matizada en muchos casos, puede magnificar los efectos adversos y las limitaciones, y además que hay grupos mas o menos organizados que rechazan todo tipo de intervención médica, entre ellas las vacunas.

Por fin, la industria farmacéutica esta muy interesada en rentabilizar todas sus inversiones y por eso propugna el uso intensivo de medicamentos, entre ellos las vacunas, en muchos casos con escasa justificación científica, y favorece con frecuencia “alarmas sociales” que se aprovechan del miedo para actuaciones injustificadas, y ello hace que existan intensos debates sobre la necesidad de realizar o no algunas vacunaciones, y de incluirlas o no en los calendarios de vacunación oficiales.

Para valorar la conveniencia de una vacuna hay que tener en cuenta la gravedad de la enfermedad que se previene, el porcentaje de personas vacunadas en las que se genera inmunidad, el tiempo de duración de la misma, la capacidad de la misma para reducir mortalidad y morbilidad, el coste de la vacuna y sus efectos secundarios, y eso ajustarlo a la situación epidemiológica y de salud de cada país en concreto. Son cuestiones complejas que explican en parte el porque de las diferencias en los calendarios de vacunación de unos países a otros.

 

En cualquier caso es evidente que las vacunas básicas del calendario infantil tienen un largo desarrollo y su utilidad esta suficientemente demostrada por lo que resulta poco razonable negarse a la vacunación.

El asunto abre otras dos polémicas cuestiones: ¿pueden los padres tomar decisiones que ponen en peligro la salud de sus hijos? ,y si lo hacen ¿qué responsabilidad deben asumir?. Y la otra es si las autoridades sanitarias pueden obligar a los ciudadanos a recibir determinados tratamientos, en este caso vacunas, la Ley General de Sanidad (1986) y la Ley General de Salud Pública (2011) permiten a las autoridades sanitarias, por motivos de interés general, a realizar intervenciones sanitarias obligatorias. Son dos temas complicados porque se mezclan el respeto a la libertad individual con el derecho de la sociedad a imponer medidas preventivas para la población que en lo general se han solventado primando este último (el caso de la obligatoriedad del cinturón de seguridad o del casco en los motoristas).

 

En todo caso parece que lo más importante es convencer a la población de la necesidad y conveniencia de las medidas preventivas siempre que estas se encuentren suficientemente justificadas por la evidencia científica, y eso debe hacerse desde los centros de Atención Primaria, por supuesto siempre y cuando cuenten con los medios y el tiempo para poder hacerlo.

Marciano Sánchez Bayle

Presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid

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“Epidemia de gripe en Madrid” por Francisco Javier Blázquez

FOTO_JAVIERBLAZQUEZLa Consejería de Sanidad ha confirmado el inicio de la onda epidémica de Gripe en nuestra comunidad, ya que la incidencia ha superado el umbral basal, alcanzando los 124 casos por 100.000 habitantes. Ante la existencia aún de un número importante de dosis de vacunas en los centros sanitarios para proteger a la población y la baja circulación del virus de la gripe, se ha considerado oportuno ampliar de la Campaña de Vacunación Antigripal.

La gripe no es más agresiva o diferente a otros años, lo que sucede es que hay menos población vacunada. La pandemia de 2009 hizo bastante daño al respecto de esta situación, ya que creó un cierto escepticismo debido a los mensajes alarmistas y exagerados. Donde se esperaba un virus aviar altamente virulento, apareció un virus porcino menos agresivo. Esto ha generado una  baja percepción de riesgo, en especial del riesgo a contagiar a los demás; miedo a posibles efectos secundarios; dudas sobre la efectividad de la vacuna; información engañosa en los medios y finalmente el desconocimiento general de lo que es la gripe y la vacunación.

No obstante, aunque es mejor vacunarse pronto, la vacuna contra la gripe también puede ayudar si se aplica más tarde. Aún quedarán dos o tres meses de la temporada de la gripe, de modo que seguirá siendo una buena idea protegerse. Es importante tener claras dos cosas: la vacuna no protege al 100% de la infección del virus, pero quien la pase estando inmunizado difícilmente sufrirá complicaciones.

La gripe es una enfermedad respiratoria aguda transmisible producida por un virus que infecta la nariz, la garganta y los pulmones. Este virus generalmente causa una enfermedad leve pero, en ocasiones, y a diferencia de otras infecciones respiratorias virales como el resfriado común, la gripe puede causar enfermedad grave o complicaciones. El contagio de la enfermedad se transmite principalmente a través de las gotitas que se producen al toser, hablar o estornudar. Estas gotitas pueden llegar a la boca o a la nariz de las personas que se encuentran cerca. También se puede transmitir si se toca una superficie o un objeto contaminado con el virus de la gripe y luego se toca los ojos, la boca o la nariz.

Son dos los tipos de virus causantes de la gripe que están circulando por el mundo: un virus tipo B y dos del tipo A. Este último tiene dos subtipos: el A (H1N1) y el AH3. En esta temporada las infecciones gripales se están produciendo mayoritariamente por el virus de la gripe A (H1N1).

El virus tipo A (H1N1) emergió como un nuevo patógeno para el ser humano en el año 2009 y desplazó la circulación del resto de los virus estacionales, lo que provocó una pandemia mundial. Cuando terminó la pandemia, este virus se convirtió en estacional siendo normal que en invierno haya siempre un repunte de casos. Esto era esperable y a simple vista resulta prácticamente imposible distinguir la gripe producida por el virus de la gripe A de la producida por otros virus gripales. De hecho, en estos momentos es altamente probable que haya gente pasando la gripe A en su casa. Y en cualquier caso, los síntomas y la gravedad casi siempre serán leves, y como suele ser habitual, acaban desapareciendo por sí solos con reposo y tratamientos sintomáticos.

El brote de la Gripe A es normal y de las mismas cepas que todos los años. Lo particular de este año es que la epidemia se manifiesta con características moderadas desde el punto de vista de su presentación en el tiempo e intensidad, en comparación con temporadas gripales previas, y que según avisa el Centro Nacional de Epidemiología, este virus A (H1N1) se asocia normalmente a un mayor número de infecciones graves que requieren hospitalización e ingresos en UCI por las complicaciones generadas. Se recomienda la vacuna para las personas mayores de 65 años y las que forman parte de grupos de riesgo (enfermos crónicos, embarazadas y trabajadores sanitarios o de geriátricos) además de las medidas higiénicas básicas para evitar contagios.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fue muy criticada durante la primera pandemia mundial de gripe H1N1 que se produjo entre 2009 y 2010,  por la lenta distribución de vacunas que se registró en los países más pobres y las acusaciones sobre posibles influencias de la industria farmacéutica sobre su toma de decisiones.

El objetivo de la OMS para el 2015 es conseguir una tasa de vacunación del 75% en mayores de 65 años. También se lo propuso en el año 2009 el Consejo de la UE, que transmitió a sus miembros la necesidad de mejorar las políticas y campañas de vacunación. Este objetivo está lejos de cumplirse debido a la baja percepción de riesgo, en especial del riesgo a contagiar a los demás; miedo a posibles efectos secundarios; dudas sobre la efectividad de la vacuna; información engañosa en los medios y finalmente el desconocimiento general de lo que es la gripe y la vacunación.

La pandemia del H1N1 en el verano y otoño de 2009 ha dejado, aparte de escepticismo y dudas, una interesante lección. La OMS declaró la pandemia de gripe a nivel mundial y que la propagación era imparable. Por fortuna, la gripe A resultó ser la más leve de todas las gripes desde que existe un registro histórico. Sin embargo, laboratorios fabricantes de vacunas como Glaxo SmithKline ingresó 1.700 millones de dólares gracias a las ventas de vacunas contra la gripe A H1N1, sólo en el cuarto trimestre de 2009. Países como Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda o España se encontraron con grandes stocks de vacunas que no utilizaron. La declaración de que la gripe A era una pandemia fue definitiva para que los gobiernos comprasen estas grandes cantidades de vacunas.

La pandemia de gripe A que declaró la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2009 hizo un flaco favor al esfuerzo que hicieron las autoridades sanitarias, creando mucha reticencia de la población a vacunarse contra la gripe estacional. Las tasa de cobertura de personas vacunadas mayores de 65 años ha caído en España desde cerca de un 70% hasta el 57,7%, según el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) en su último informe publicado. Ni España ni ningún otro país europeo, salvo Holanda, han conseguido llegar al objetivo del 75% de cobertura vacunal que recomiendan tanto la OMS como el Consejo de la Unión Europea.

Las autoridades sanitarias han decidido aumentar el periodo de vacunación ante la disponibilidad de vacunas antigripales en los centros sanitarios, debido a la falta de respuesta de los ciudadanos a la campaña de vacunación. Asimismo, esta respuesta está respaldada por el resultado de los informes epidemiológicos, que destacan que de momento no circula el virus de la gripe en la región, y, por lo tanto, la población está a tiempo de inmunizarse con la vacuna.

No obstante, es fundamental concienciar a la población. En España más del 70% de los pacientes hospitalizados por un cuadro grave de gripe no fueron vacunados, por lo que bajar este porcentaje, sobre todo en los grupos que presentan mayor riesgo, cobra mucha relevancia, no solo para prevenir, sino también para reducir el riesgo de contagio.

En algunos hospitales las tasas de vacunación del personal sanitario rozan el 30%, a pesar de que se hacen esfuerzos de concienciación y campañas muy agresivas. Es un problema, porque no solo pueden transmitir la infección, sino que su actitud se contagia a la población. Si los trabajadores sanitarios están más informados que la población general sobre la gripe y las vacunas, por qué son más reticentes a inmunizarse.

La Consejería de Sanidad conoce los casos de gripe a través de la Red de Médicos Centinela de Atención Primaria que notifican los casos que atienden en su consulta y las características que presentan, lo que permite cuantificar la frecuencia de la enfermedad, así mismo recogen muestras biológicas para la identificación de los virus gripales circulantes. Esta Red se complementa con un sistema de vigilancia que recoge todos los diagnósticos de gripe que se ven en las consultas de Atención Primaria y que refleja el Summa y que se remiten al sistema de vigilancia de gripe. Además, en los casos graves en los que los pacientes requieran ingreso en las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales, la consejería cuenta con muy buenos profesionales y equipamiento, donde la población tiene que estar tranquila porque saben lo que tienen que hacer ante una situación grave, conocen los tratamientos eficaces y tienen la experiencia de la pandemia anterior.

Francisco Javier Blázquez
Periodista sanitario