“Historia de un cartel” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESEl otro día fui víctima de un engaño. Me atrevo a decir que “me la jugaron” de manera triunfal, que casi llego a engrosar el colectivo de pardillos que de fijo han caído ─inocentes ellos─ en tal treta. Eran en torno a las 9 de la mañana, recién llegado a la facultad y con las manos con el tembleque habitual del que sale de casa sin guantes con tres grados en la calle. Antes de subir a clase, reparo en un cartel bastante llamativo que cuelga del tablón de anuncios y reza: “No a la subida de tasas, frente a su sistema educativo: REVUELTA”. No voy a decir que yo sea un célebre entendido en carteles reivindicativos, pero por mi condición de estudiante e inquieto, tampoco negaré tener ciertas nociones de las proclamas de los diferentes grupos estudiantiles. Últimamente, estos carteles se suelen encontrar muy a menudo, pero acompañados de un Karl Marx de fondo hecho con photoshop, o bien con un puño enarbolando un lápiz que, en vez de tener gomita de borrar por el lado opuesto a la mina, goza misteriosamente de una llave inglesa. Este cartel no tenía nada de eso, pero llamaba la atención. La llamaba por juntar un chirriante amarillo con un negro muy agresivo, y por ir firmado por un logo con flechas que recuerdan a las de Falange Española. Me pregunté, obviamente, a quién correspondería tal combinación pictórica. Entonces, animado por la coherencia de sus reivindicaciones ─las cuales pensé que compartía─ indagué.

Lograron atraer mi curiosidad, llegué a dar con su página web y leí detenidamente lo que reivindicaban, por lo que “luchaban”, siempre “en beneficio del estudiante”. Entonces fui analizando su discurso: algo sencillo de comprender, fácil de simpatizar y tremendamente exaltado. Así como no me he erigido en experto en carteles, tampoco lo voy a hacer en historia, pero también dispongo de ciertas nociones. El Sindicato Español Universitario (SEU) nació durante la II República de la mano de Falange e impulsado por el hijo de Miguel Primo de Rivera, José Antonio Primo de Rivera. Era la organización encargada de captar a los estudiantes universitarios para que pasaran a las filas de las JONS y Falange, haciendo uso de un discurso atractivo, cargado de vigor y de orgullo de ser estudiantes. De carácter sindical y corporativista, trataron de cargarse a su competencia: la FUE (Federación Universitaria Escolar) que se situaba como una asociación progresista. Lograron difundir su ideario entre los universitarios y llegaron a tener una relevancia notable en la Universidad Central (actualmente la Complutense).

Es difícil no encontrar cierta similitud entre el discurso de la organización responsable del cartel con el que yo me topé y el SEU. Los separan 80 años, pero un mismo contexto de frustración entre los jóvenes, de desesperación y ganas de acabar con todo. Triunfan los discursos simplones, y organizaciones simplonas y apolilladas se aprovechan en este aspecto para lograr hacerse un hueco en el panorama universitario actual.

Es preocupante ver cómo arrecian los grupos extremistas en las universidades y la facilidad con la que logran seguimiento haciendo uso de un discurso demasiado general y atractivo, apetitoso para todos los estudiantes.

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas

“Resaca de una huelga” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESMe cuesta realmente discernir una mañana de resaca de una posterior a una huelga. De verdad. Puede que se deba a que el éxtasis acumulado del día anterior en las dos situaciones pasa factura a la mañana siguiente, y que en ambas trato de hacer una profunda reflexión sobre lo acaecido en la jornada precedente. Lo que ocurre es que en las de resaca suelo buscar conclusiones que avalen o excusen mi torpe final y mi reflexión no va a más de lo comprendido entre la apertura de los ojos y la apertura del paquete de Frostie’s. En las mañanas posteriores a una huelga es diferente: la resaca se prolonga durante varias mañanas y, a veces, esta insana reflexión lleva a escribir artículos como el que leen ustedes atónitos.

La resaca huelguista que hoy nos atañe es la causada por el pasado 24 de octubre. He aquí mi visión:

Para ponerse en situación, se trataba de una Huelga General de la enseñanza a todos los niveles. Esto es como cuando una madre dice que hay que hacer limpieza general, todos los miembros de la familia corren despavoridos y buscan serenidad de la mano de fregonas y bayetas. Entonces meditas (yo al menos) sobre cómo has podido convivir con tal cantidad de porquería durante tanto tiempo. La huelga es igual. ¿Cómo hemos podido aguantar tanto sin alzar nuestra voz, sin canalizar tanta furia? Pérez Reverte, en una entrevista que le concedió a Jordi Évole, planteó algo cargado de razón: las movilizaciones son un canalizador, sin ellas estallaríamos y surgiría el caos. Esto también ─sostenía─ ayuda a los gobernantes a mantener a la ciudadanía indignada pero también sosegada o amansada, ya que la rabia contenida encontraba una vía de escape. Pienso que Arturo estaba en lo cierto, la mañana de resaca posterior a la huelga fue acompañada de cierta satisfacción: “he cumplido”. Me he encerrado en la Universidad, hemos debatido en asamblea sobre lo mucho que, con perdón, nos “putean” los de arriba, ha habido un trabajo conjunto entre profesores, trabajadores de la universidad y estudiantes… Mi percepción inicial fue que había sido un éxito, me enorgullecí de haber sido partícipe de algo tan grande y, a primera vista, fructuoso. No importaban las cifras que diese el gobierno sobre el seguimiento de la huelga, ni los de la Delegación de Gobierno sobre los manifestantes en Neptuno; había sido un éxito rotundo porque al fin se había dicho basta desde la subida de tasas universitarias de julio ─que supuso un incremento del 20% en el pago de matrícula.

No puede caber en ninguna cabeza que las desigualdades territoriales lleguen al extremo de que en Madrid un estudiante universitario esté pagando más del triple que un estudiante gallego, o más del doble que uno andaluz. ¡Se está negando el acceso a estudios superiores a los jóvenes por criterios de renta!

Han pasado los días, y empieza a resurgir mi indignación. Necesito otro paliativo.

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas