“10 preguntas para saber si cumplirás las metas que te has propuesto este año” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUASeguramente este año, como los anteriores, te has planteado una serie de propósitos que esta vez, sí o sí, vas a lograr.

O tal vez eres de los que ya han tirado la toalla y piensas que es mejor dejar que la vida te sorprenda antes que desilusionarte una vez más porque crees que no tienes fuerza de voluntad para conseguir lo que te propones.

Hay algunas preguntas que te convendría responder si este año, de una vez por todas, quieres cumplir con tus objetivos.

Es importante que tengas clara la diferencia entre una meta y un sueño. Si quieres convertir tus sueños en metas tienes que hacerlos “operativos”, es decir, hacer que funcionen. Y para eso necesitas responder por adelantado algunas preguntas:

1.      ¿Qué quiero conseguir? Tu meta tiene que ser específica y medible. Definida con claridad. No digas “voy a adelgazar”; di “voy a perder 4 kilos”.

2.      ¿Me motiva? Si la meta que te propones no te motiva o crees que es muy difícil de conseguir no harás lo necesario para lograrlo. Si es demasiado sencilla o demasiado complicada de conseguir no serás capaz de sentirte motivado por ella.

3.      ¿Para qué quiero conseguir mi objetivo? Puede parecer una obviedad, pero si no tienes claro para qué quieres que las cosas cambien, es complicado que tengas la motivación necesaria para llevar a cabo el cambio.

4.      ¿Estoy siendo realista? En principio, casi cualquier meta es posible de alcanzar, pero es necesario que analices los plazos y las metas intermedias que necesitarás para alcanzar un objetivo “ambicioso”. No es realista pensar que serás bilingüe en inglés en tres meses si partes de cero, o que perderás quince kilos en una semana.

5.      ¿Cuándo quiero haber conseguido mi objetivo? Necesitas saber cuándo vas a alcanzar el objetivo, marcarte una fecha de cumplimiento (“en marzo habré perdido 4 kilos”), de lo contrario tu cerebro no tendrá instrucciones claras acerca de los límites temporales.

6.      ¿Cómo voy a conseguir mi objetivo? Detalla qué concretamente vas a hacer diferente de lo que has hecho hasta ahora para que los resultados que obtengas sean diferentes de los que has obtenido hasta ahora. “Voy a salir a caminar tres veces a la semana durante 1 hora, todas las semanas durante los próximos tres meses” “Voy a eliminar la comida precocinada en las cenas durante los próximos dos meses” “Durante esta semana voy a eliminar el cigarro que fumo antes de desayunar

7.      ¿Cuál será el impacto en mí y en las personas que me importan si lo consigo? Puede ocurrir que interiormente tengas la sospecha de que conseguir esa meta va a perjudicarte de alguna manera a ti o a las personas que te importan. Analiza esa posibilidad porque puede ser la causa de que, sin darte cuenta, estés boicoteando el éxito de tus proyectos. Imagina que quieres conseguir un mejor empleo pero temes que eso suponga viajar y pasar tiempo lejos de la familia. Una parte de ti querrá conseguir la meta, y otra, sin que seas consciente de que está ocurriendo, hará todo lo posible para que no lo consigas.

Otras razones pueden estar impidiendo que tengas éxito cuando te propones una meta. Te dejo tres preguntas más para que reflexiones sobre ellas: 

8.      ¿Tengo esperanza real de que lo voy a conseguir?

9.      ¿Me siento capaz de conseguirlo?

10.   ¿Siento que merezco eso que quiero conseguir?

Y lo más importante, recuerda cuando te dispongas a caminar hacia tus metas que:

El fracaso no existe, solo son resultados. Y los resultados siempre pueden mejorar con la práctica.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com
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“6 razones por las que dejamos las cosas para mañana” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUALos primeros meses del año son una época muy propicia para iniciar nuevos proyectos. Es el momento de los grandes deseos y de los buenos propósitos. Pero, si te ocurre como a una gran mayoría de personas, todavía tendrás un montón de propósitos que te marcaste como metas el año pasado y aún no has llevado a puerto: ordenar el trastero, tirar toda la ropa que no usas y se amontona en el armario, escribir esa novela que te ronda en la cabeza, apuntarte a clases de inglés, dejar de fumar, cambiar de empleo, pasar más tiempo con la familia, perder esos kilos de más…

Y ahora que acabamos de comenzar un nuevo año no sabes si plantearte otras metas o volver a hacer el esfuerzo de intentar las que aún tienes pendientes y que cada día notas que se van alejando un poco más de ti.

Si nos paramos a pensarlo, no tiene demasiado sentido ir pasando de un año para otro esas cosas pendientes, entonces ¿cuáles son las razones por las que dejamos de hacer esas cosas que queremos hacer?, ¿qué es lo que nos empuja a esa “postergación” o “procrastinación”?

A continuación te dejo las razones más frecuentes por las que las personas dejamos para mañana las cosas que nos habíamos propuesto hacer:

1. En realidad no quieres hacerlo, lo vives como una “obligación”, un “debería”. Puede ser porque no te gusta esa tarea, ese trabajo, o ese “deber”. Y como no te gusta lo vas dejando a un lado el mayor tiempo posible.

Solución: Cambia tu diálogo interno. En lugar de decirte: “Tengo que ordenar el trastero” intenta algo parecido a “estaría bien tener el trastero recogido”. Así consigues dos beneficios: por una parte te centras en el resultado y no en la tarea; y por otra, evitas el sentimiento de culpa que acompaña a un “tengo que…” que no se ha cumplido. Porque si el resultado final acaba siendo el mismo (se queda sin ordenar) al menos te quitarás de encima el malestar que acompaña a la culpa del deber no cumplido.

2. No sabes cómo resolver la situación. Puede que haya algo que sabes que tienes que hacer pero no sabes cómo hacerlo.

Solución: Analiza la situación, investiga, pon en marcha tu creatividad, pide ayuda… Tal vez eso que para ti es tan complicado resulta que alguien de tu entorno ya lo ha solucionado. En ocasiones nos centramos tanto en las consecuencias del problema que se nos olvida pensar en las posibles soluciones. ¿Necesitas pasar más tiempo con la familia, qué tal un cambio de prioridades?

3. Te falta tiempo. Hay tantas cosas que te gustaría hacer si tuvieras más tiempo… Y te lo repites tantas veces que acabas por creer que es verdad. Pero el tiempo es el mismo para todos. La diferencia no está en la cantidad de tiempo que tienes sino en cómo utilizas ese tiempo.

Solución: Analiza cómo utilizas tu tiempo. Para ello, escribe en un cuaderno qué áreas de tu vida son las más importantes para ti (trabajo, pareja, hijos, amigos, ocio, descanso, espiritualidad, desarrollo personal…) Puntúa de 1 a 10 la importancia que das a cada una de las áreas que has escrito. A continuación, asigna el porcentaje de tiempo que dedicas a cada área, tomando como referencia que un día equivale al 100% de tu tiempo. Este ejercicio te devuelve una información muy valiosa que te ayuda a decidir si necesitas hacer algún cambio en el tiempo que dedicas a cada área de tu vida.

4. No sabes si realmente quieres hacer eso que te propusiste. Esto significa que tienes sentimientos ambivalentes hacia la tarea. Un ejemplo de esta situación le ocurre a la persona que se propone dejar el tabaco. Sabe que fumar le perjudica pero a la vez piensa en el placer que le produce, está convencido de que le ayuda a relajarse… Es decir, piensa que de alguna forma, también le beneficia.

Solución: Todo cambio en un hábito implica una “renuncia”. Cuando tomes una decisión para cambiar algo que venías haciendo de forma habitual, piensa en qué renuncias vas a tener que hacer y en las razones por las que los beneficios superan a los inconvenientes. Haz una lista de lo que vas a conseguir con el cambio y tenla a mano para utilizarla cuando notes que las fuerzas te flaquean. Recompénsate por cada pequeño logro alcanzado y, sobre todo, vigila tu diálogo interno por si tienes que cambiar lo que te dices a ti mismo (“es inútil, no lo conseguiré”, por “no está resultando tan insoportable como pensaba”).

5. Tienes un bloqueo y necesitas que te empujen para comenzar. Hace tiempo que una idea te ronda la cabeza pero no acabas de encontrar el modo de llevarla a la práctica. Intuyes cuál es el camino pero necesitas mayor seguridad para lanzarte.

Solución: En ocasiones la solución está en algo tan sencillo como es oírte a ti mismo decir en voz alta qué es lo que quieres hacer. Busca a alguien en quien confíes, que no te vaya a juzgar y que te escuche con atención, alguien que te ayude haciéndote las preguntas adecuadas. Tú tienes todas las soluciones, sólo tienes que permitirte encontrarlas.

6. Necesitas tiempo para reflexionar. Cuando te enfrentas a un cambio importante es necesario que dediques tiempo a reflexionar sobre las consecuencias que va a suponer para ti y para tu entorno ese cambio. Pero ten cuidado, porque tan malo es hacer las cosas sin haber pensado antes en las implicaciones que pueden tener, como llegar a una situación de “parálisis por análisis”.

Solución: Si llevas mucho tiempo analizando, reflexionando y dudando si hacer o no hacer algo, es posible que te encuentres paralizado por la indecisión. Repasa las razones anteriores que te pueden llevan a no hacer algo por si te encontraras en alguna de esas situaciones. Recuerda que cuando llegues al final de tu vida sólo te arrepentirás de aquellas cosas que no hayas hecho, no de las que intentaste y no salieron como esperabas. Si aún así no puedes tomar una decisión plantéate que ha llegado el momento de abandonar ese objetivo y dedicar tus energías a otra tarea.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com