Recortes en sanidad, en educación,… y además, ya ni nos queda Portugal

A España ya no le queda ni Portugal. La crisis y los recortes, por no dejarnos, no nos deja ni los doce puntos, casi seguros, de Portugal en Eurovisión. Y es que  el país vecino, sometido a un rescate de la UE y a un muy duro ajuste económico, ha decidido  no estar presente en este evento para ahorro de las arcas públicas. Una noticia que no pasa de la anécdota, pero sí es cierto que es un dato más, uno más entre tantos, que te lleva a la melancolía de tiempos mejores, que ¿volverán? Los recortes de nuestros vecinos portugueses no nos son ajenos, ya que, en forma y medida diferente, España también los sufre.

Si todos somos conscientes de la necesidad de cambios profundos en la economía nacional y en muchas estructuras político sociales, también es cierto que algunas cosas el ciudadano de a pie no termina de entender. Puede comprender que su país no participe en el festival de la canción, pero no,  que se recorte en algo tan fundamental como la sanidad pública, asunto de plena actualidad en estos días.

Los profesionales sanitarios están en huelga porque hay menos recursos e incluso cambios en la forma de gestión. Son cambios que el ciudadano no termina de entender, porque, el que una empresa lleve la gestión, también sanitaria, de  un hospital, aunque la titularidad siga siendo pública, ¿no afectará a la atención? El usuario se pregunta si en aras de conseguir  más rentabilidad, no se limitarán cosas como las pruebas que nos tengan que hacer, la calidad del material que se utilice, los medios humanos y materiales con los que cuenten esos hospitales públicos, pero de gestión privada, que parece van a empezar a funcionar cada vez más en nuestro país y en Madrid en particular.

Nuestros políticos deberían salir más a la calle, no del coche oficial a su despacho o a la inauguración de turno, arropados por sus asesores que sólo les dicen lo que quieren oir. Deberían escuchar a esos votantes que no quieren que se toque, en lo fundamental, uno de los mejores sistemas de salud pública de Europa, con unos profesionales de primera y una asistencia universal de verdad. Los propios facultativos reconocen que dentro del sistema se pueden suprimir ciertos “despilfarros”, pero no lo importante, lo que hace posible la calidad asistencial.

Si nuestros políticos prestarán atención a la voz de la calle más a menudo, escucharían como se cuestiona si antes de recortar en sanidad, no hay otras cosas en las que ahorrar. La pérdida de Ipad de sus señorías en el Congreso de los Diputados, es quizá algo anecdótico, pero significativo de que todavía la brújula no apunta al lugar adecuado en lo que a reajustes se refiere. Y cómo esto otros, muchas cosas que deben obligar a apretarnos el cinturón a todos, no sólo a la sufrida clase media, de la que cada vez queda menos, y no olvidemos que un país sin clase media es cada vez más pobre y menos desarrollado.

Pilar García
Periodista
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“Mamá quiero ser famoso” por Pilar García

Ahora los niños no dicen, como la conocida canción, “mamá quiero ser artista”, sino “mamá quiero ser famoso”. Fascina la fama rápida, salir en televisión, ser reconocidos por la calle, tener ciertos privilegios y sobre todo, el dinero  fácil que da, hoy en día, ser famoso. No hablamos de la fama del actor, del deportista de éxito o del científico brillante. No.

Algunos programas de televisión han consagrado como auténticos personajes mediáticos a personas anónimas cuyas vidas hemos ido conociendo por entregas. Pero, hasta el Olimpo de la fama más vacua no llega cualquiera. Muchos los llamados y pocos los elegidos. Sólo los más preparados para ello. Aquellos que saben sacar más partido  al morbo de su vida, aquellos a los que el escándalo les encumbra. A esta indudable preparación, no cualquiera es capaz, se lo aseguro, se une una falta absoluta de pudor para exponer en público lo más íntimo y personal, acompañado de un lenguaje soez y vulgar, que hasta a la audiencia ávida de diversión sin complicaciones, les provoca, en muchos casos, vergüenza ajena.

Es la fama exprés del siglo XXI, no se puede personalizar en ningún nombre porque hay muchos. Unos exprimen el jugo hasta que termina el programa de turno, otros hasta que sus peripecias sentimentales dejan de ser noticia en todos los medios, en fin, cada uno tiene su fecha de caducidad, pero mientras tanto van dejando su huella colectiva.

Dicen que a todos nos gusta tener nuestro minuto de fama. Sí y no pasa nada. No se trata de hacer un aquelarre, si no de comprender que nos divierten, provocan debates, nos escandalizan, no pasa nada, pero por favor, no pueden ser un referente social.

Sí nos pueden servir para reflexionar. Pensar, no por qué son protagonistas de programas de prime time, sino por qué nuestra sociedad se identifica tanto con ellos. Tal vez, una de las claves esté en el cambio de valores que hemos vivido en los últimos tiempos. Hay que volver a poner de moda cosas como la cultura del esfuerzo, que no todo vale, el amor por lo bien hecho, el respeto al otro, el debate de opiniones sereno – ¡por favor, no por gritar más se tiene razón! – y la tolerancia. Ya sé que mucha gente lo tiene en cuenta, pero más todavía. Así, tal vez, volvamos a escuchar la letra de la canción, algo modificada, mamá quiero ser fontanero, médico, comercial, abogado,…, eso sí, si la reforma laboral, la crisis internacional y Moody`s se lo permiten.

Escrito, no desde el cariño, sino con cariño.

 

Pilar García
Periodista

“Virtual y también muy real” por Pilar García

Hace unos días leía en esta página una noticia sobre la importancia que está cobrando Facebook en los divorcios en EEUU. La información en cuestión ofrecía datos de un estudio de la Academia Americana de Abogados Matrimoniales, recogido por “The Guardian”, en el que se aseguraba que  los abogados norteamericanos sitúan a Facebook como la principal fuente de pruebas en el 20% de los divorcios.

En los primeros meses de este 2011 hemos visto también como a través de Internet y las redes sociales, pueblos oprimidos, devastados por la pobreza y el hartazgo de la injusticia, se han revuelto contra sus gobiernos y los han depuesto. En muchos de estos países, se llegó incluso a cortar Internet. Pero no se pueden poner puertas al campo, como dice el refranero más castizo.

En un plano más doméstico, si se quiere, el otro día me encontré en el ascensor a mi vecino del quinto. Iba con una morenaza impresionante, a la que cogía de la cintura con cierto orgullo. No era su mujer. Después me enteré que a su santa la ha dejado por está joven a la que conoció a través de Internet.

Son tres ejemplos, podría poner más, pero con estos basta para comprender cómo el mundo de las redes sociales ha traspasado esa frontera de lo virtual, haciéndose cada vez más real, más palpable y presente por las consecuencias que tiene en la vida  personal y colectiva. Si alguien pensó en un momento dado, o piensa todavía, que esto era sólo una moda pasajera, que vaya cambiando de opinión, porque la realidad es muy tozuda e indica todo lo contrario.

Es verdad, que no debemos sacralizar el mundo 2.0, porque tiene muchos dobles filos y porque nunca es bueno convertirse en un “friky” de nada, además, las relaciones en la red no deben sustituir nunca el contacto personal, mucho más rico, pero si es cierto que las redes sociales son hoy día un campo infinito, abierto al intercambio de ideas, opiniones, capaz de mover el mundo. Queda extender su manejo a todos los sectores, para acortar esa brecha digital marcada por las diferencias económicas o el desarrollo social y cultural. Y es que nunca lo virtual, había sido tan real.

Pilar García, periodista