“¿Por qué UPyD sale a la calle sin haber elecciones?” por UPyD Tres Cantos

Con una periodicidad mensual, las agrupaciones locales de UPyD salen a la calle en un intento de acercar de nuevo la política al ciudadanos y explicar lo que hacemos, nuestras `propuestas y nuestros actos al ciudadano. Sin embargo,  de todas las preguntas posibles que pueden hacernos los ciudadanos, la más recurrente es sobre el qué hacemos montando estas salidas, cuando todavía  queda mucho para las elecciones.

Cualquier ciudadano puede preguntarnos en público, a la vista de todos, nos haya votado o no. Estamos en la calle porque es necesario estar ahí, porque es necesario que mucha gente desencantada con toda la razón de la política en España comprueben que hay otra manera de hacer las cosas.

La política deben hacerla los ciudadanos. El esfuerzo hemos de hacerlo entre todos. No podemos quejarnos de que determinados indeseables en partidos políticos nos roban a manos llenas, si únicamente nos preocupamos de la política cada cuatro años a la hora de votar, o ni siquiera eso.

La “res pública” latina es la “cosa de todos”. La política no es de los políticos ni de los partidos, es cosa de todos y nos pertenece a todos.  Pero esa propiedad, que es un derecho, por el que mucha gente luchó en la dictadura tiene también su reverso: la responsabilidad de ejercerlo.

En España nos hemos abandonado demasiado tiempo. Cuando todo iba bien, hemos dejado que gobernaran por nosotros y sin pedir demasiadas explicaciones. Y a los que auguraban lo peor les llamamos agoreros.

Ahora estamos reaccionando, unos por la fuerza de la razón, otros por el peso de lo evidente, y otros movidos por desgracias propias y ajenas que les han abierto los ojos. Y por eso salimos a la calle. No a protestar, sino a proponer. No a destrozar, sino a construir. A dialogar. Tener opiniones distintas no significa que sean contrarias, ni que seamos enemigos. Es necesario poder volver hablar de política partiendo desde las ideas y no desde trincheras ideológicas que solo propician enfrentamientos estériles.

Por eso salimos a la calle. Para demostrar a la gente que hay otros caminos, otras vías. Y para pedirles que hagan también su parte. Que si quieres cambiar algo, quedarte en casa no vale. Si quieres cambiar, has de proponer. Las cosas se cambian sumando, y ciento uno pueden más que cien.

Es nuestro ADN. Rendir cuentas. Transparentes. Diálogo. Propuestas concretas, prácticas y aplicables. Queremos unos consejos sectoriales con participación real entre ciudadanos, asociaciones y ayuntamiento, y no unos órganos meramente propagandísticos de las bondades de la gestión del equipo de gobierno. Es necesario articular sistemas de participación ciudadana efectiva. Hasta que esto forme parte de nuestro sistema político, hasta que los ciudadanos puedan hablar con los políticos e influir en sus decisiones con aportaciones de una manera real, nosotros saldremos a la calle a hablar con los ciudadanos. Porque es nuestro deber, y porque es como las personas que estamos  en UPyD  entendemos que se debe hacer la política.

UPyD Tres Cantos
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“Anuncio de una muerte crónica” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESBasta con cambiar el orden de las palabras de una conocida obra de Gabriel García Márquez para definir un fenómeno crónico que se está dando entre los órganos de participación y representación juvenil: la Muerte. La extinción de la visibilidad de la juventud supone una pandemia crónica a todos los niveles, ha brotado una fiebre política cuyos síntomas estriban en agotar las fuerzas y leucocitos de Consejos de la Juventud, asociaciones juveniles y sindicatos.

Los primeros brotes surgieron en un convulso 2010 con la inesperada decisión de un casposo gobierno autonómico que optó por cerrar a cal y canto una de las mejores instituciones juveniles, el Consejo de la Juventud de la Comunidad de Madrid (CJCM). Las formas no fueron las correctas, mediante una nota de prensa fue como nos enteramos los que allí y en otros Consejos de la Juventud participábamos, de que se fulminaba todo por lo que se había trabajado. Fue un reflejo del aprecio de las administraciones públicas hacia las voces críticas.

La enfermedad aún no está extinta, quedan reductos de despotismo que persisten en la idea de acabar con la juventud activa y participativa, pues al parecer no renta. Es el caso de Aragón, cuyo Consejo de la Juventud sufrió a finales de 2012 una reducción de presupuesto de un 97% mientras aglutinaba a 40 asociaciones de jóvenes, imposibilitándolo para seguir con su actividad como órgano de participación. El Ayuntamiento de Algete ha rechazado recientemente la propuesta de constituir un Consejo de la Juventud local, alegando que estaba en proyecto un Consejo Sectorial dependiente de la administración, lo que supone una supeditación de los jóvenes al Ayuntamiento. Cabe recordar que los Consejos de la Juventud se fundan de manera independiente como interlocutores entre los jóvenes y las instituciones, siendo los órganos con mayor representatividad juvenil compuestos por asociaciones de diferentes ámbitos (educación, sindical, cultural, deportivo, artístico…), todas juveniles. El Consejo de la Juventud de San Sebastián de los Reyes perdió a principios de 2012 el 40% de su presupuesto anual, lo que supuso prescindir de las dos personas contratadas para la gestión de este órgano.

De momento el Consejo de la Juventud de Alcobendas parece que resiste a la oleada de puñaladas traperas, pero sí es verdad que algún que otro batacazo ha recibido. Se espera una muerte lenta y dolorosa, quizás tratan de maquillarlo para que parezca un accidente y seamos los propios jóvenes los que nos hemos arrojado al vacío en un arrebato de locura, todo mientras se acaba de una vez por todas con según y qué organizaciones que no les convienen a los políticos de turno.

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas

Compasión ‘on line’ por Ángel Garrido

Debatía hace muy pocos días, con compañeros de diferentes grupos, las ventajas e inconvenientes para los políticos de estar presentes en las redes sociales. A favor se encontraba, por un lado, el argumento obvio de la necesidad de utilización de uno de los canales de comunicación más activos e influyentes y, por otro, la apreciación unánime de la cada vez mayor demanda ciudadana de participación e interactividad con sus representantes, que si bien es posible realizar al modo tradicional -es de decir de forma presencial- se multiplica exponencialmente, a través de la participación en lo que se ha dado en llamar política 2.0.

Si esto es así de evidente, se preguntarán cuales son la desventajas de dicha participación, que provocan que la mayoría (sí, la mayoría) de los políticos, no tenga perfiles en facebook o mucho menos en twitter. Pues sólo hay una: el miedo a cometer un error.

Acostumbrados como estamos a escenarios de debate, en las distintas sedes parlamentarias, organizados y tasados en sus tiempos; donde las interrupciones son consideradas una descortesía y donde las intervenciones pueden ser preparadas con mucho tiempo de antelación. La participación en un espacio tan vivo y tan interactivo como twitter provoca a la mayoría, lisa y llanamante, miedo escénico.

Traigo todo esto a colación, aprovechando la muy reciente polémica en twitter provocada por @elenavalenciano quien durante su tuiteo del partido España-Francia, cometió el error de preguntar por la “fealdad” de uno de los jugadores franceses. El error fue doblemente grave, dado que esta “fealdad” viene provocada por un accidente que sufrió siendo niño, cuestión que obviamente la dirigente socialista no conocía.

Como en otras ocasiones twitter se “incendió” con comentarios sobre el tuit de Valenciano, que inmediatamente pidió disculpas. Algunos de los que participamos en esta red social, de forma singular dada su relevancia pública @gonzalezpons, o yo mismo, disculpamos este tropiezo y pedimos que no se crucificara a alguien por un error en un medio donde tan fácil es para cualquiera cometerlo. Curiosamente una parte de las críticas se desvió a quienes intentábamos minimizar el desliz.

Sólo quien hace cosas se equivoca y sólo quien tiene el valor de interactuar con, en ocasiones, miles de seguidores, yerra. Yo lo he hecho y seguramente lo haré y aunque tengo muchas razones para criticar las opiniones y los hechos de Elena Valenciano, que no cuenten conmigo para un auto de fe por un error cometido en ejercicio de algo que muchos no se atreven a hacer, que no es otra cosa que escuchar y hablar con los ciudadanos. Participación de los políticos en las redes sociales sí, debate sí, aceptación de las críticas sí. Compasión ‘on line’ también.

Ángel Garrido García
Presidente del Pleno del Ayuntamiento de Madrid
@angelgarridog

“15M: el periodismo ante un nuevo actor” por David Callejo

Este periodista que les habla tuvo el honor, profesional y personal, de asistir al nacimiento de uno de los movimientos sociales más importantes, seguro, de lo que va de siglo aquí en España. Asistí intensamente a su primer mes de existencia, y como medio de comunicación fui uno de tantos canales a través del cual el resto de la ciudadanía tomó conciencia de lo que ocurría. Pero un año después, algunos parecían haber olvidado la existencia de este movimiento sin caras, sin nombres, sin escudos.

Y sin embargo el 15M ha seguido su camino. Heterodoxo, diverso, múltiple, igual que fue su origen. Un nacimiento que se produjo en la Puerta del Sol, ya lo saben ustedes, tan en pañales que daba cierta ternura. Ingenuo yo, lo reconozco, no le auguré mucho futuro cuando un lunes 16 de mayo me topé con una veintena de jóvenes a los pies del mítico oso del madroño madrileño.

“Estamos aquí porque nos sentimos traicionados, estafados, no representados y engañados”, fue la primera frase que recogían los micrófonos de la Cadena SER de aquellos “indignados” que llevaban toda la madrugada pernoctando en una plaza pública, quizá la más pública de todas las plazas. Allí se quedaron para lanzar un irritado “¡basta!” a todos los españoles.

Y asistí a la segunda asamblea, incomprensiblemente, como a veces hoy, con hostilidad hacia los micrófonos; y cubrí el primer desalojo, incomprensiblemente, como a veces hoy, violento; y el primer “cónclave” de todas las acampadas, y la construcción de la “mini-ciudad”, y su desmantelamiento, y la primera convocatoria para evitar un desahucio… Fueron semanas muy intensas, emocionantes para el observador, para el periodista, para el ciudadano. Pero, ¿y luego qué?

Pues luego el 15M ha seguido existiendo, trabajando, influyendo. Sin acampadas, pero con asambleas. Una realidad que se sigue dejando ver cada semana en cada una de las plazas céntricas de los municipios madrileños. Y su foco reivindicativo, sin dejar de ser general, se ha pasado a lo particular: a intervenir en la actualidad de cada uno de sus pueblos, de sus ciudades.

El periodismo local se ha visto impulsado, emocionado, a veces zarandeado (con razón) gracias a las acciones de cada asamblea. Nos han descubierto que la libertad de expresión sigue en tela de juicio (muchos han visto sus carteles retirados de los lugares destinados al asociacionismo vecinal); han recordado la gran paradoja de que el lugar más público del universo, el Pleno Municipal, el ágora moderno, no lo es tanto cuando se impide grabar lo que allí pasa; y, sobre todo, han conseguido que esa pandemia de los desahucios se reduzca cuando algunos de los casos son, a todas luces, profundamente injustos.

Son los logros de un movimiento inaprehensible, inidentificable, incomparable. Un movimiento que une y divide, como todos, que evoluciona y se disgrega, como todos, pero que no ha vuelto a salir a la calle, porque en realidad, desde hace un año, nunca se había ido de ella.

David Callejo
Periodista