“Tribulaciones de un euroescéptico” por Tomás M. Serna

FOTO_TOMASMARTINSERNAEn fecha breve tendrá lugar un acontecimiento de especial relevancia en Europa. Se trata de las elecciones al Parlamento europeo. Hay quien opina que, dada la implacable e interminable crisis, su resultado pudiera ser de decisiva trascendencia para el devenir de este sufrido territorio del atlas mundial.

     Naturalmente, también hay quienes tenemos bastantes incertidumbres al respecto; sin que ello implique necesariamente identificar a los euroescépticos con los eurófobos ni con los antieuropeos (al menos en mi caso) El presente artículo trata sobre este tema.

      Cuatrocientos y pico de millones de europeos están llamados a las urnas; y se prevé un nivel de abstención y desafección popular hacia la UE bastante elevado. Algo lógico y comprensible dada la enorme desconfianza y frustración ciudadana, y el progresivo deterioro de las instituciones europeas, incapaces (por acción y omisión) de detener la degradación económica, laboral y social que martiriza a la casi totalidad de países de la Unión; obviamente a unos más que a otros.

      Ante todo, siguiendo mi costumbre y fiel a la irreversible decisión adoptada hace años, no tengo reparo en declarar que me abstendré de participar en estos comicios. Entre otras razones, la decisión aludida tiene como principal fundamento mi negativa a acudir a las urnas hasta que no se instauren las `listas abiertas´. Aunque en los primeros años de democracia acepté las `listas cerradas y bloqueadas´; tiempo después consideré rechazable dicho sistema, y decidí no votar hasta que se me permitiera escoger y/o eliminar a los candidatos que las opciones políticas me presenten… Si se me impide ese libre albedrío y se me impone un listado inamovible de candidatos, sin posibilidad de anular a quienes, por las causas que sean, no quiero que me representen, simplemente no voto. Así de sencillo y elemental. Por supuesto, acepto y respeto las consideraciones discrepantes con mi decisión. Faltaría más.

     Pero aparte de lo expuesto; que no tiene más valor que el simplemente subjetivo y anecdótico, hay cuestiones de mucho mayor calado y enjundia. Como las siguientes.

     La política laboral de la UE está sujeta –igual que la económica y financiera- a planteamientos unilaterales comandados por los intereses partidistas del Estado líder: Alemania. Todos los demás, con mayor o menos disimulo y desvergüenza, bailan al son que `toca´ la todopoderosa Merkel en el Bundestag… Poco, o nada, les importa que la mayor fractura y desigualdad Norte-Sur de las últimas décadas se agrande día a día. Estados con más del 25% de desempleo subsisten en situación calamitosa junto a otros con solo el 5%. Y las medidas de ajustes y recortes salvajes se siguen aplicando de manera inmisericordes y contundentes, mientras la palabra solidaridad no pasa de ser una hipócrita entelequia. Al mismo tiempo, el majestuoso BCE se resiste a adoptar medidas necesarias y drásticas para detener la hemorragia social.

       Es obvio que es más urgente e importante proteger y salvar bancos con problemas –muchos de ellos causados por mafiosos comportamientos de sus dirigentes- que proteger y ayudar a seres humanos, ante la indiferencia y/o desprecio de los magnates y élites poderosas. La clase política asentada en Bruselas está más preocupada y pendiente de controlar la inflación –o la deflación- , la deuda excesiva de los Estados, la reducción del déficit, las `primas de riesgo´, etc., etc., a través de dogmatismos economicistas y monetaristas excesivamente ortodoxos y de austeridad a ultranza, encorsetados con medidas de recortes infames hasta enflaquecer los Estados de bienestar a límites impensables e insostenibles; importándoles un pimiento si estas `soluciones´ conllevan la creación de más precariedad y desesperación de las clases menos pudientes… Al fin y al cabo, ellos están protegidos de miserias pertrechados en sus poltronas con sus elevados sueldos.

           Por otro lado, la política exterior común de la Unión es prácticamente inexistente; subjetiva y basada en intereses particulares y coyunturales de cada Estado miembro. Su actuación en crisis mundiales está plagada de ambigüedad, incoherencia y falta de coordinación que, con frecuencia, raya en el ridículo. Hay multitud de ejemplos que ilustran y demuestran su inoperancia.

         ¿Y qué decir de la política de inmigración de la UE?… Sencillamente brilla por su ausencia. Y por su descarado carácter regionalista, en donde las medidas comunes a seguir son, a menudo, invisibles, estériles y, lo que es peor, en ocasiones contradictorias entre los distintos Estados. Es de una urgencia perentoria y dramática ponerse de acuerdo en esta cuestión, teniendo en cuenta que la inmigración en el territorio de la Unión ha crecido en un 40% en las últimas dos décadas; ¡en un continente que necesita ineludiblemente a los emigrantes debido a su imparable envejecimiento!

       Y por último, y para no extenderme más, la política energética y medioambiental es casi onírica y esotérica. Y vergonzosa la actitud laxa y despreocupada de los países integrantes; en un espacio geográfico en donde la mitad del abastecimiento energético necesario procede de fuera de sus fronteras, mientras los Estados miembros discuten y rivalizan entre sí para ver quién saca más provecho y ventajas, y las interconexiones entre ellos son testimoniales o insuficientes. A la vez que las inversiones y normativas en energías limpias y no contaminantes son notoriamente escasas y ridículas…. Por lo visto, es necesario que surjan conflictos como el de Ucrania y Rusia para que la UE le vea las orejas al lobo y `se ponga las pilas´. Lamentable y patético.

     En fin, este es, someramente, el panorama en el que nos encontramos en las próximas elecciones al Parlamento Europeo…. ¿Euroescepticismo? Quizá pero, reitero, nada que ver en lo que a mí respecta con Eurofobia… Ojalá, algún día a la UE se la pueda llamar, real y verdaderamente, los Estados Unidos de Europa y se convierta en un auténtico territorio federal, solidario, justo e igualitario; en donde el capitalismo financiero descontrolado y globalizado, causante de salvajes estragos socioeconómicos, ante la indiferencia y/o el Vº Bº de Gobiernos de todo signo, deje paso al humanismo…; en cuyo caso esta gran aventura geopolítica se convertiría en la mayor hazaña ocurrida en la historia del viejo continente. Pero eso, mucho me temo: `largo me lo fiáis´.

Tomás M. Serna
Exprofesor de Secundaria, comediógrafo, actor y director teatral
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“Decidir qué Europa queremos” por Manuel Robles

Manuel RoblesEl próximo 25 de Mayo tenemos una cita muy importante con las urnas al celebrarse las Elecciones al Parlamento Europeo, en las que hay en juego cuestiones que nos afectan en lo social, en lo económico, en lo político, de forma muy significativa. Estamos en un momento muy delicado, no solo económicamente, sino sobre todo en lo político y en su relación con la ciudadanía. Es en estas circunstancias cuando vemos resurgir ideologías ultras, neofascistas, antidemocráticas, que aparecen como salvadores de patrias excluyentes, con mensajes demagógicos, exentos de soluciones viables y de falsas promesas, alejados de los valores humanos y democráticos, a los que la ciudanía desesperada puede mirar y apoyar. Ya tenemos antecedentes en nuestra historia de consecuencias desastrosas para Europa y para España.

Es verdad que estamos viviendo una delicada situación, pero debemos insistir, llamar la atención a la ciudadanía sobre cuáles han sido las verdaderas causas de esta debacle económica, que ha golpeado muy duro a los países del sur de Europa. Es una tragedia los millones de parados que tenemos en España, que con el gobierno del PP se han incrementado.

Hay que decir alto y claro que esta crisis y la respuesta a la crisis está motivada por una desregulación y falta de control del mercado financiero especulativo en el mundo, impulsado por el predominio de una ideología ultraliberal, defensora de este tipo de mercado y de un modelo político y económico que tiende a eliminar los Estados de Bienestar, junto con derechos y libertades, con la excusa de la crisis. Este es el modelo que predomina hoy por hoy. Este es el modelo que defiende la derecha europea y el Partido Popular en España, a pesar de que pretenda escudarse en echarle la culpa al anterior gobierno socialista.

Estamos, pues, ante una llamada de atención, ante la amenaza, en muchos casos ya realidad, de cambios muy determinantes para este siglo XXI, que pueden hacernos retroceder en bienestar social, conquistado en Europa a lo largo de muchos años , hasta el siglo diecinueve.

Los españoles, como el resto de ciudadanos de la U.E., nos enfrentamos a esta cita con muchas y razonables dudas, aunque los datos nos indican que somos un pueblo que mantiene una mayoritaria conciencia europeísta, aunque degastada por múltiples decepciones ligadas a la percepción de que hay una ruptura del modelo social europeo. Las dudas también tienen que ver con el sentimiento de una falta de liderazgo y de unas ideas claras en cuanto a la Europa del futuro.

Precisamente es ante esta situación cuando más debemos reaccionar, cuando más debemos creer en que podemos incidir con nuestro voto en el modelo económico y social europeo que queremos. Es un momento especial para responder a Europa si los españoles todavía creemos en un espacio europeo defensor de los derechos, de las libertades, de la convivencia democrática, de la compatibilidad con un libre mercado creador de desarrollo económico y empleo de calidad; que además se combata la especulación financiera; que se preste especial atención a la Educación , a la Ciencia y al desarrollo Tecnológico en beneficio de la humanidad. Y esto, desde mi punto de vista, solo se consigue mediante opciones de izquierdas y progresistas.

Manuel Robles Delgado
Alcalde de Fuenlabrada

“La importancia de las elecciones europeas” por Esperanza Fernández

Esperanza Fernández, portavoz UPyD GetafeDe todas las convocatorias electorales que se celebran en España, las elecciones europeas son las que tradicionalmente registran una participación más baja. En los pasados comicios, de mayo de 2009, la abstención fue un 54%, es decir que no fue a votar ni la mitad de los censados.

Tal vez porque la vida política nacional está llena de ruido y furia, y esto motiva más al elector, o tal vez porque los ciudadanos aún no son conscientes de la importancia en sus vidas de las decisiones que se adoptan en Europa, el desinterés es la tónica cuando se trata de las instituciones europeas y de un momento tan importante como es el de las elecciones al Parlamento Europeo. Buena parte de la responsabilidad en este desinterés la tienen los propios partidos que, en general, no transmiten adecuadamente el significado de nuestra presencia en la UE y la importancia de tomarse en serio las elecciones. Se oye con frecuencia a representantes políticos referirse a las elecciones europeas como un test de lo que va a ocurrir en las siguientes convocatorias electorales nacionales, parlamentarias, autonómicas o municipales, supuestamente más importantes. Y no cabe duda de que, también, son un test pero si el elector piensa que solo son un test, el voto se puede distorsionar y así vemos que muchos lo utilizan para dar toques de atención a sus partidos de referencia, hacer experimentos, etc. y, sobre todo, la abstención se eleva considerablemente.

Sin embargo, las elecciones europeas son importantísimas por muchos motivos. Para empezar, España ha recibido mucho de la Unión Europea. En el aspecto económico, ha estado recibiendo durante muchos años ayudas para infraestructuras, agricultura, programas sociales, culturales, etc., que han contribuido al desarrollo económico de las últimas décadas,  y ha tenido acceso a mercados exteriores que están siendo en la actualidad un alivio para paliar la atonía del mercado interno.

Un beneficio extraordinario de nuestra pertenencia a la Unión han sido las llamadas de atención sobre vulneraciones de derechos ciudadanos que se han hecho a nuestros gobiernos. La más reciente ha sido la advertencia que ha hecho el Consejo de Europa de que es ilegal retirar servicios sanitarios a inmigrantes, tengan o no tengan permiso de residencia. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la detención de los desahucios en caso de dudas sobre cláusulas abusivas en las hipotecas o el expediente que se abrió a España por la explotación de acuíferos en zonas protegidas son otros de estos ejemplos. No cabe duda de que es fuente de seguridad el saber que existen unas leyes e instituciones que ponen freno a las posibles arbitrariedades o injusticias de los gobiernos nacionales y, sin duda, es una ventaja al menos tan importante como la de las ayudas económicas. Muchas de las normas de la Unión Europea son vinculantes para los Estados miembros lo que implica que obligan a los mismos y que en nuestra vida cotidiana, aunque no nos demos cuenta, nos afectan normas que están elaboradas en Europa.

Pese a todas las ventajas, no podemos ignorar que en la Unión Europea hay mucho que mejorar y nuestra presencia en sus instituciones debe servir para avanzar en dos líneas fundamentales: por un lado, en el aspecto organizativo, habría que reforzar las instituciones comunes, como la Comisión,  el Parlamento, el Tribunal de Justicia y el Consejo de Ministros y debilitar o hacer desaparecer las nacionales como el Consejo Europeo, que agrupa a los jefes de gobierno y supone una traba para esa deseable integración; en cuanto a las políticas,  hay que exigir un mayor énfasis en la solución de problemas como el nacionalismo y la xenofobia así como en la  construcción de la Europa social, lo que implica prestar atención a problemas como la desigualdad, la pobreza o el empleo, para cuya solución hay que arbitrar medidas relacionadas con las energías verdes, la asistencia social,  la deslocalización y otras. Al mismo tiempo, hay que continuar con programas como el de las becas Erasmus, que han supuesto un importante factor de integración, formación y consolidación de nuestra herencia cultural común.

En resumen, Europa nos concierne y nos interesa. Tenemos muchos intereses comunes que defender junto al resto de países, intereses económicos para una mayor prosperidad  e intereses relacionados con los derechos ciudadanos y las libertades, por ser el espacio donde mayores garantías encuentran en un mundo donde constantemente están siendo vulnerados.

Esperanza Fernández Acedo
Concejal portavoz del Grupo Municipal UPyD Getafe