“Mentiras y gordas” por David Sañudo

Quiero empezar hoy con una adivinanza, ya os digo que el título de este artículo es una pista: Se abre el telón, aparecen varias personas aplaudiendo con entusiasmo el acuerdo de los partidos políticos en la ‘Ley Sinde’: “Salvará la cultura” dice una ministra, “Abajo los piratas” comenta el rico dueño de una discográfica y “Demuestren que están a favor de los derechos de los niños con sida” (sic) espeta al público algún cantante. Se baja el telón. ¿Cómo se llama la película?

La ‘Ley Sinde’ es mala, pero lo peor es que también es inútil: lo más negativo de esta norma, no es solamente que ataque algunos de los derechos fundamentales de los españoles, sino que revela un desconocimiento total del funcionamiento y del espíritu de Internet: el mundo es global y en la red tienes acceso inmediato a cualquier contenido publicado por cualquier persona en cualquier país. De tal manera que se puede cerrar una web alojada en España, pero la gente podrá seguir descargando archivos desde portales situados en otros puntos del mundo; así que la única manera de controlar esos contenidos sería ‘fisgar’ en todo el tráfico de los PC de nuestro país. Creo que algo así hacen hoy en día en estados tan democráticos como China.

La conclusión número 1 sería que nuestros legisladores saben poco de la materia sobre la que tienen que legislar.

Pero es que además la nueva normativa permitirá cerrar un portal en menos de 17 días, entiendo que en un proceso pleno de garantías para todos; así que llama la atención la celeridad con la que se resolverán estos casos frente al bien conocido atasco de la justicia. Sólo un dato, hace dos años (casi 750 días) que murió asesinada la niña Marta del Castillo y aún no hay sentencia. En este tiempo se podrán cerrar cerca de 50 webs.

La conclusión número 2 sería que la Justicia española tiene dos velocidades.

Podríamos estar todo el día buscando conclusiones negativas sobre esta Ley Sinde, pero dejemos en paz a nuestros políticos, que ponen todo su empeño en sacar a nuestro país de la crisis. Por cierto, ¿cómo se llamaba la película?

David Sañudo, periodista

Anuncios

“Matando al pajarito” por Ángel Garrido

La fiebre del 2.0 se ha desatado y todos los políticos han desembarcado en las Redes Sociales. Los candidatos de primera línea de todos los partidos, con fantásticas páginas web; los más humildes, con una cuenta en Twitter –la red del pajarito azul- que es gratis.  ¡Pobre pajarito!

Las “redes sociales”, conviene reparar en la obviedad, no son “redes políticas”. No nacieron para lo último y sí para lo primero es decir, para mantener el contacto con aquellas personas que ya formaban parte de nuestra red social y por supuesto, o sobre todo, para ampliar dicha red. Si una persona pretende conseguir amigos a través de Facebook o seguidores en Twitter, casi con total seguridad pretenderá ofrecer su mejor “cara social” a quienes se dirige, es decir intentará ser simpática, ocurrente, ingeniosa y tratará de poner en común en la red en la que participa, temas o referencias que puedan resultar interesantes para la mayoría.

En Twitter, si eres fontanero, no se te ocurriría twittear cosas como “en el almacén comprando tubería de plomo” y si eres director de una sucursal de banco tampoco escribirás “formalizando unas hipotecas con unos clientes”. Pues eso, exactamente eso, es lo que hacen -hacemos- los políticos de todos los signos.

Ignoro a cuantas personas puede interesar un mensaje del tipo “de camino a la inauguración de nosequé en nosedonde” o a quién puede resultar estimulante un tweet como “propuesta numero X: mejorar tu calidad de vida”. Bueno, en realidad no lo ignoro, lo sé: no interesan a nadie. A nadie, salvo a los que nos retroalimentamos de nuestros propios mensajes y hacemos retweets de lo que ya sabemos positivamente no tiene más destino que el cementerio de los bytes.

Pero los gurús han dicho que hay estar en las redes sociales y estamos, aburriendo al personal sí, pero estamos. Tampoco se trata de que en Twitter nos convirtamos en lo que no somos, ni entremos a competir con el club de la comedia, pero un poquito de informalidad e incorrección se agradecería y si además de los interesantísimos mensajes arriba mencionados, somos capaces, por ejemplo, de recomendar un artículo, incluir un enlace a una página útil o contar algo interesante que no tenga que ver estrictamente con la política, el resto de la red -a la que definitivamente no damos la impresión de pertenecer- nos lo agradecerá.

Hay excepciones a lo dicho y menciono a políticos con larga presencia activa y de interés en las redes como mi querida amiga Cristina Cifuentes @ccifuentes (PP) y mi también amigo José Cepeda @cepeda (PSOE) o recién llegados como Ángel Pérez (IU) @angelpereziu, el político con mayor sentido del humor que conozco, al que en muy pocos días ya debemos un tweet antológico “Mañana iré a verme al Escorial” y que espero no se contagie del rigor mortis general. Pero son eso, excepciones, el resto me temo que seremos corresponsables de la muerte del pajarito… por aburrimiento.

Ángel Garrido, concejal del Ayuntamiento de Madrid

“Virtual y también muy real” por Pilar García

Hace unos días leía en esta página una noticia sobre la importancia que está cobrando Facebook en los divorcios en EEUU. La información en cuestión ofrecía datos de un estudio de la Academia Americana de Abogados Matrimoniales, recogido por “The Guardian”, en el que se aseguraba que  los abogados norteamericanos sitúan a Facebook como la principal fuente de pruebas en el 20% de los divorcios.

En los primeros meses de este 2011 hemos visto también como a través de Internet y las redes sociales, pueblos oprimidos, devastados por la pobreza y el hartazgo de la injusticia, se han revuelto contra sus gobiernos y los han depuesto. En muchos de estos países, se llegó incluso a cortar Internet. Pero no se pueden poner puertas al campo, como dice el refranero más castizo.

En un plano más doméstico, si se quiere, el otro día me encontré en el ascensor a mi vecino del quinto. Iba con una morenaza impresionante, a la que cogía de la cintura con cierto orgullo. No era su mujer. Después me enteré que a su santa la ha dejado por está joven a la que conoció a través de Internet.

Son tres ejemplos, podría poner más, pero con estos basta para comprender cómo el mundo de las redes sociales ha traspasado esa frontera de lo virtual, haciéndose cada vez más real, más palpable y presente por las consecuencias que tiene en la vida  personal y colectiva. Si alguien pensó en un momento dado, o piensa todavía, que esto era sólo una moda pasajera, que vaya cambiando de opinión, porque la realidad es muy tozuda e indica todo lo contrario.

Es verdad, que no debemos sacralizar el mundo 2.0, porque tiene muchos dobles filos y porque nunca es bueno convertirse en un “friky” de nada, además, las relaciones en la red no deben sustituir nunca el contacto personal, mucho más rico, pero si es cierto que las redes sociales son hoy día un campo infinito, abierto al intercambio de ideas, opiniones, capaz de mover el mundo. Queda extender su manejo a todos los sectores, para acortar esa brecha digital marcada por las diferencias económicas o el desarrollo social y cultural. Y es que nunca lo virtual, había sido tan real.

Pilar García, periodista