“Desaparece educación para la ciudadanía” por Juan Torres García

FOTO_JUAN_TORRESLo bueno de tener una emisora como SER Madrid Norte es que te llega con más facilidad la información local que difícilmente tendría cabida en los medios de comunicación de ámbito autonómico o nacional. A través de nuestra SER Madrid norte constantemente recibo información sobre los proyectos, actos o conferencias que mi ayuntamiento y el de la vecina Alcobendas organizan en temas relacionados con igualdad, tolerancia, xenofobia, etc. Temas sociales de máxima importancia y que muchas veces se ponen en marcha en los centros educativos con el objetivo de sensibilizar y educar a los alumnos y a la ciudadanía en general en el respeto al prójimo y a los derechos humanos. Me parece estupendo este trabajo ya que creo que es importantísimo que se incida en la necesidad de hacer una sociedad más respetuosa, cariñosa y cívica. No querría que se entendiera este artículo como una crítica pero sinceramente lo que me llama enormemente la atención es que estos mismos ayuntamientos no hayan levantado la voz ante la eliminación, en la Ley de Educación del Ministro Wert, de la asignatura de Educación para la Ciudadanía ya que precisamente en esta asignatura era donde tenían cabida muchos de los temas sobre los que ellos hacen conferencias, cursos y charlas.

En algunos asuntos nuestro país siempre va a contracorriente. Cuando parecía que nos igualábamos con los países europeos implantando una asignatura donde se inculcaran valores cívicos, democráticos y sociales semejante a la que existe en la mayoría de los países de nuestro entorno llega la LOMCE y nos la elimina.

Desgraciadamente y pese a sus buenas intenciones Educación para la Ciudadanía nació herida de muerte, tanto la derecha política como la jerarquía eclesiástica se lanzaron desde el inicio a una campaña de descalificación a esta nueva asignatura. Una asignatura que al fin y al cabo pretendía trasmitir los valores que consagra nuestra constitución y regulan las leyes. Quizás el problema residía precisamente en eso, en que lo que pretendía Educación para la Ciudanía era impulsar e inculcar en nuestros jóvenes conciencia de ciudadanos y no de simples súbditos. Sabemos que la conciencia como ciudadanos nos obliga a cumplir las leyes pero también a exigir su cumplimiento y el de nuestros derechos, por el contrario ser súbdito nos convierte en simples seres obedientes y callados.

Desgraciadamente los españoles hemos perdido la mayoría de las oportunidades que históricamente se nos han presentado para avanzar y equipararnos a los países más avanzados. En mi opinión dos han sido las principales oportunidades perdidas y las consecuencias de este fracaso se han sufrido durante décadas. A principios del siglo XIX cerramos la puerta a las ideas de progreso de la Revolución francesa y nos quedamos con el “vivan las cadenas” de Fernando VII y los borbones. Más de un siglo de atraso nos costó aquella fiebre de “nacionalismo español” contra el francés hasta que del brazo de la primavera, como dijera Don Antonio Machado, vino la Segunda República.Una República cuyo objetivo era crear ciudadanos libres a través de una educación pública y laica que llevó la cultura hasta el último rincón de nuestro país. En el escaso lustro de paz que tuvo la República se construyeron tantas escuelas como en los 45 años de reinado de Alfonso XIII. Con la guerra incivil nuevamente perdimos el rumbo del progreso y avance y nos adentramos en 40 años de dictadura y oscuridad volviendo a convertirnos en súbditos en vez de ciudadanos.

Si a lo largo de nuestra azarosa historia hubiésemos tenido más Educación para la Ciudadanía quizás no estaríamos en la situación en la que nos encontramos en la actualidad. Seguramente el Sr. Montoro no habría tenido la osadía de descalificar a Caritas por hablar del alto índice de pobreza infantil, ni los Blesa de turno habrían tenido la indecencia de robar descaradamente a los ciudadanos. Por lógica se entiende que si en este país hubiésemos crecido con una asignatura como Educación para la Ciudadanía seríamos más ciudadanos y menos súbditos y no habríamos aceptado, ni votado, a tantos corruptos, ineptos o indecentes.

Qué envidia me produce cuando llegan a mis oídos noticias de países de nuestro entorno de que un ministro o ministra dimite por que se ha descubierto que veinte años atrás copió parte de su tesis doctoral o por que a algún cargo público le ha invitado un empresario a pasar las vacaciones, o simplemente por saltarse una norma de tráfico. Quizás la diferencia de estos países con el nuestro es que ellos sí que tuvieron una asignatura como Educación para la Ciudanía. Nosotros en cambio tendremos que seguir sufriendo que alguna ex-presidenta considere normal parar el coche en la Gran Vía para ir al cajero a sacar dinero y posteriormente darse a la fuga arrollando la moto de los agentes.

¿Estaremos ante otra oportunidad perdida?

Juan Torres García
AMPA “Buero Vallejo” de San Sebastián de los Reyes
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“Abortando que es gerundio” por Guillermo Infantes Capdevilla

FOTO_GUILLERMOINFANTESAbortar está de moda, y eso es algo que al gobierno le duele muchísimo. En lo que va de año (y estamos aún en febrero) el gobierno lleva un total de dos abortos y va camino del tercero: Abortan la misión de privatización de la sanidad en Madrid, abortan el proyecto de remodelación del barrio de Gamonal en Burgos y ahora van a abortar ─porque lo van a hacer ─ la empresa en la que se ha embarcado Gallardón sobre la reforma del aborto. Los supuestos que justifican tanto aborto en el gobierno son bien claros: la oposición de la calle y una política de rotos y remiendos.

Sinceramente, estoy recobrando la fe en la idea de que los ciudadanos podemos cambiar el rumbo de los acontecimientos a través de nuestra expresión en las calles, y los siguientes pasos son la LOMCE, el aborto y la subida de tasas universitarias. La clave reside en la insistencia y la perseverancia (ya lo dicen muchos libros de autoayuda) y en ser conscientes de que la última palabra la tenemos nosotros, quieran o no.

Como ya sostuvo Ortega y Gasset influenciado en parte por Hegel, somos hijos de nuestro tiempo. Un tiempo de poderes mediocres y algo apolillados. Hay que pensar la vida, y apoyarnos en las pasiones para llegar a ese pensamiento. Desde hace un tiempo nos ha faltado pasión, que imagino que en cierta medida deriva de lo motivados que estemos con una causa. Lo que está haciendo el gobierno no es más que hacernos recuperar esa pasión y satisfacción por ver que al fin las movilizaciones tienen su repercusión y que el ejemplo de mayoría silenciosa de poco sirve en estos días, si es que alguna vez sirvió.

 

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas