“¿Cómo relacionarnos mejor con los demás?” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUAA pesar de que estamos en la era de las comunicaciones no siempre somos capaces de relacionarnos y comunicamos bien con los demás. Porque comunicarnos no es simplemente hablar con otros. Para dominar el arte de la comunicación es imprescindible poner en práctica la escucha activa, pero… qué es esto.

Escuchar no es sólo una cuestión biológica que dependa de nuestra agudeza auditiva. Si queremos comunicarnos con los demás el primer paso es diferenciar entre oír y escuchar.  

Oír no es un acto voluntario, los sonidos llegan a nuestros oídos aunque no hagamos nada para que ocurra. Escuchar en cambio es el acto voluntario mediante el cual prestamos atención a los sonidos que percibimos. Se puede oír sin escuchar, pero para escuchar, primero hay que oír.

Pero vamos a ir un paso más allá. Si queremos mejorar el modo en que nos comunicamos debemos aprender a poner en práctica la escucha activa. Esto es: escuchar bien, con atención y cuidado, tratando de comprender lo que nos dice la otra persona.

Es decir, estar “psicológicamente” presentes. Ser conscientes de lo que nos dicen y demostrar que recibimos el mensaje. Muchas veces, parece que escuchamos a la otra persona pero en realidad estamos ocupados pensando en qué le vamos a contestar cuando acabe su turno de palabra. Y vamos unos pasos por delante preparando nuestro propio argumento.

Escuchar activamente tiene importantes ventajas en nuestras relaciones con los demás, se trate de nuestra pareja, hijos o amigos o de nuestro jefe o compañeros de trabajo.

• Porque los demás sentirán la confianza necesaria para ser sinceros con nosotros.

• Porque la persona que nos habla se siente valorada.

• Porque escuchar tiene efectos tranquilizantes y facilita que se eliminen tensiones.

• Porque favorece una relación positiva con los demás.

• Porque permite llegar al fondo de los problemas.

• Porque hace que quien nos habla sienta respeto hacia nosotros.

• Porque es una recompensa para nuestro interlocutor.

Pero cuidado: Escuchar es una recompensa muy fuerte y, en algunas personas, hablar acaba convirtiéndose en un hábito sólo para recibir esa recompensa de cualquiera que tenga en frente.

¿Cómo se practica la escucha activa?

• A través de la observación: Cuanta más información podamos obtener de la otra persona, mejor. Para ello debemos estar atentos a sus expresiones, sentimientos, gestos y a las señales que nos emite para indicarnos que nos cede el turno de palabra.

• A través de la expresión: La otra persona debe captar por nuestra actitud que le estamos prestando atención. Es importante mirar a los ojos y asentir con movimientos de cabeza. También debemos acompañar nuestros gestos con expresiones verbales:”claro entiendo”, “ya veo”, “ah-ah”…

Debemos tomar nota de que hay algunas conductas que realizamos, algunas de forma consciente y otras totalmente inconscientes, que anulan la comunicación. Por ejemplo:

• Interrumpir al que habla.

• Juzgar cada comentario que hace.

• Ofrecer una ayuda que no nos ha solicitado.

• Quitar importancia a los sentimientos de la otra persona con expresiones como “no te preocupes por esa tontería”, “no te pongas así”, etc.

• Contar “nuestra anécdota” cuando el otro está aún hablando.

• Caer en el “síndrome del experto”: Saber lo que debemos contestar cuando el otro no ha hecho más que iniciar su relato.

Escuchar activamente es una habilidad que se puede aprender y entrenar y que nos ayuda a mejorar las relaciones con los demás.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com
 
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