“Ridículo olímpico” por David Sañudo

Al Comité Olímpico Español le ha salido redondo el asunto de la equipación para Londres: nos sale gratis y encima no se habla del ridículo papel que volveremos a hacer en unas olimpiadas.

No busquemos la excusa fácil de las lesiones de Rafa Nadal o Samuel Sánchez, esto va más allá, porque no tiene lógica que un país que en fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, ciclismo… es una potencia mundial, sea un combinado de “cuarta categoría” en las pruebas reinas de los Juegos: atletismo y natación.

Hace cuatro años, en el Nido de Pájaro de Pekín, casi 150 atletas recibieron medalla. ¿Españoles? Ninguno. La situación es más crítica si tenemos en cuenta que 42 países diferentes sí consiguieron un metal.

En el Cubo de Agua de Pekín se repartieron, en 2008, 102 medallas. ¿Para España? Ninguna. Pero sí tocaron metal Zimbabue, Túnez, Eslovenia, Austria o Dinamarca; por no hablar de Gran Bretaña, Holanda, Japón, Francia, Italia o Alemania, que son potencias en el agua.

Uno entiende que un español no vaya a ganar los 100 metros lisos, pero ¿por qué no los 100 metros libres? ¿Qué nos diferencia de franceses, británicos, alemanes, italianos…? La respuesta es clara: la inversión en esos deportes, la promoción entre los niños, la mejora de las instalaciones, las becas y ayudas para los deportistas…

Más allá del fútbol de Primera División y de la selección, el resto de deportes malviven con las sobras de empresas y administraciones y, en el caso olímpico, el COE no ha hecho nada para mejorar y aprovecharse del empuje de Barcelona’92. En los 80 (Moscú, Los Ángeles y Seúl), España obtuvo seis, cinco y cuatro medallas, respectivamente; en Barcelona, tocamos techo con 22 metales (13 oros), pero ese impulso no ha servido para ir a más: desde entonces sumamos 17 medallas en Atlanta’96, 11 en Sidney’00, 19 en Atenas’04 y 18 en Pekín’08; pero siempre da la impresión de que se consiguen gracias a talentos espontáneos que surgen en nuestra tierra, y no debido a una planificación, una inversión y un proyecto de futuro, como ocurre en los países de alrededor.

Así que en los Juegos de la XXX Olimpiada, España volverá a hacer el ridículo y, por desgracia, no solo por su vestuario (que por cierto, “tiene tela”).

 

David Sañudo
Periodista
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“Enseñanzas tras la gesta” por José Carlos Boza

Es imposible, cuando se es aficionado al fútbol como es mi caso, no empezar cualquier conversación, ya sea en el trabajo, en la cafetería, con la familia, los amigos e incluso este artículo, sin mencionar el inmenso éxito de la selección española de fútbol -el éxito de España- en la reciente Eurocopa. Una victoria a la que se ha llegado poco a poco, de menos a más y alcanzando una verdadera y sana locura en el último encuentro contra uno de los equipos con más títulos, más oficio y más nombre del fútbol mundial.

Pese a que aún estamos metidos de lleno en los ecos de esa gran victoria, a la inmensa alegría también debe añadirse una reflexión, necesaria para entender las claves de la gesta de los futbolistas españoles e intentar incorporar posibles enseñanzas a nuestra vida cotidiana. En primer lugar, tenemos un grupo humano de personas jóvenes con un objetivo común en el que depositan una fe inquebrantable; y por encima de ellos, una persona como es el entrenador, que comparte y fomenta esa visión, pero que se mantiene en un discreto segundo plano, sin que por ello merme su autoridad. Y al final, cuando ya se ha realizado la tarea, todos ellos nos ofrecen la estampa de sus familias saltando al césped convirtiendo un campo ucraniano en lo que pudiera ser el parque Bolitas del Airón un domingo cualquiera.

Cuando hablo de extraer enseñanzas de este triunfo, no me refiero a que una victoria deportiva oculta las dificultades y anestesia a la ciudadanía. Ni los lectores ni yo somos tan simplistas. Los recortes –por necesarios y dolorosos que sean- están ahí; al igual que el paro, la complicada situación económica, la prima de riesgo y demás. Sin embargo, es agradable comprobar que del esfuerzo se obtienen recompensas; que siempre se consigue más desde la unidad que desde la división, que un equipo es más que la suma de sus partes y que, apoyándonos en la familia y los amigos, el camino es menos duro y el premio más dulce.

El triunfo de la Selección Española nos enseña que se puede pasar de cuartos sin renunciar a nuestra identidad; que además de vencer con nuestro sistema de juego, también podemos convencer a Europa con nuestros argumentos, que las prórrogas las juega el que llega y que aunque sea en la lotería de los penaltis, hay que estar igual de concentrados por si la suerte nos sonríe.

Son unas sencillas reflexiones en un día feliz que, por supuesto, no ocultan la realidad, pero que dan fuerzas para continuar, pelear y trabajar por ese objetivo común en el que, al margen del papel que desempeñemos en este momento -entrenador, titular, suplente, utillero o ayudante-, todos somos imprescindibles para conquistar el futuro.

José Carlos Boza
Alcalde de Valdemoro