“Idiosincrasia en B” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESNuestras tertulias las copan temas como la corrupción de los partidos, la mancha que esto supone para el buen nombre de España como país y la poca confianza que depositamos los ciudadanos en la política. En el Congreso de los Diputados, hace bien poco, salió al “ruedo” una nueva vocecilla que parecía ser el quita-manchas que todo lo limpia, se presentaron como UPYD y su proyecto político se basaba en retomar la política como herramienta de cambio, a base de un centralismo a ultranza y un rechazo en bloque a los privilegios del monopolio PPSOE.

Arremeten contra los Consejos de Administración, la corrupción, los sobres, los Gürtels, los Bárcenas… No es fácil no sentirse identificado con ellos a primera vista.

Son como ese chico que en la primera cita se te antoja fabuloso, al fin has encontrado la media naranja que te comprende, con la que compartes gustos y largas tardes comiendo helado.

Una vez avanzada la relación, descubres que su habitación es una pocilga y sus calzoncillos tienen zurraspa, que su madre profesa un odio incomprensible hacia tu persona y que mantiene un ligue online en paralelo a vuestra relación. Lo que conocías era solo fachada. Es el “quita-manchas” que aparece siempre a la izquierda en el anuncio, el que lo emborrona todo de manera sobrenatural y desafiando los límites de la higiene en el hogar.

En Alcobendas se posicionaron como segunda fuerza política en las municipales de 2011; encabezaba su lista el que había sido durante 24 años (6 legislaturas) Alcalde de la localidad con el PSOE, José Caballero. Su éxito fue indudable: Cinco concejales. El motivo: Una cabeza conocida y con prestigio político.

La doctrina de voto también existe en UPyD, y si no la sigues a rajatabla te pueden dar una reprimenda. En Alcobendas se les olvidó que José Caballero, ahora casi ex-portavoz del grupo municipal, les sirvió como patente de corso hacia una representación con peso en el pleno. Ha roto la doctrina de voto, se posicionó a favor de asumir, por parte del Ayuntamiento, la paga extra de los trabajadores municipales como un ‘plus’ de productividad, la cual les había sido denegada por orden del gobierno central.

Ahora Caballero está a punto de abandonar la portavocía de la corporación de UPyD por decisión de tres de los cinco concejales del grupo, y el líder del partido en el municipio, Miguel Ángel Arranz, asumirá esta labor que conlleva, dicho sea de paso, una subida considerable de sueldo.

UPYD decidió incluir a Caballero como cabeza de lista habiendo tenido un pasado socialista incuestionable, estando unos años en un Consejo de Administración (órgano que da mucho juego al discurso de UPYD), y siendo conocedores de su forma de hacer política que ellos tachan de “personalista” -quizás se refieran a lo contrario de “partidista”-. Lo que queda claro es que Caballero no es un hombre de partido.

Pero París bien vale una misa, y cinco concejales en pleno un buen líder al que luego tirar por la borda.

Eso es UPyD, desconocemos si tiene contabilidad bajo suelo, pero hay indicios de una idiosincrasia en B.

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas

“Con trabajo, sin nómina” por David Callejo

No has hecho nada mal. No has faltado ni un día al trabajo. Prestas un servicio público. Pero te dicen que “lo sienten”, que no vas a cobrar. Sin saber bien cómo, “sin comerlo ni beberlo”, estás pagando los platos que han roto personas a las que no has visto en tu vida. A los cada vez menos afortunados que no nos hemos enfrentado a esa situación nos cuesta a veces tener ese punto de empatía necesario en todo periodista, en toda persona, para entender el mazazo de ver una cuenta corriente que no se actualiza como debiera.

La situación parece agravada cuando se trata de empresas contratadas por un concejal, por un cargo público. Cientos de trabajadores que creían tener cierta seguridad, amparados tras un servicio que no puede dejar de prestarse, se enfrentan ahora a una incertidumbre vital desconocida. El calendario se inclina cada vez más cuesta arriba y al cinturón le faltan hebillas que apretar.

Empleados de limpieza, de recogida de basuras, educadores, funcionarios… da igual el puesto. También es indiferente el Ayuntamiento al que miremos. Entre noticias de manifestaciones y notas de prensa institucionales, no debemos dejar de centrar el foco en lo que de verdad importa: los cientos de dramas con cara, nombre, apellidos y hasta “twitter”, también incluso con la fortuna del trabajo, pero sin la seguridad laboral y económica tan común hace unos años.

Eso mientras responsables políticos y empresariales agarran con fuerza la soga, tirando pero sin aflojar, para dilucidar quién de los dos sectores tiene la culpa. La culpa no sé, pero el daño está claro para quién es.

Aunque también he de romper una lanza por esos políticos y empresarios que dan la cara, que soportan la vergüenza y el dolor de enfrentarse a sus semejantes en momentos tan duros. No son muchos, pero existen, se lo aseguro. Sin colores ni apellidos. Búsquenlos.

Y reconozcamos la abnegación de todos esos trabajadores que, aun con huecos en sus nóminas, acuden a diario para prestar un silencioso pero imprescindible servicio a sus vecinos. Que no entienden de crisis, de políticas, de recortes ni de negociación sindical. Que no son culpables de una situación que pagan con creces. Pero que merecen una dignidad salarial hace meses arrebatada.

David Callejo
Periodista

“Huelga en la enseñanza, ¡qué vergüenza!” por Antonio Hernández Guardia

Estoy viviendo con extraordinario interés la huelga que mantienen los profesores de Secundaria estos días e intentando ponerme en su lugar para comprenderlos mejor. Tengo que reconocer que no lo consigo y sólo encuentro razones o, mejor dicho, excusas para realizarla.

Confieso que soy profesor de secundaria de un Centro concertado y aunque a algunos les pese, me considero que pertenezco a la enseñanza pública, con menos sueldo, más horario, más exigencia pero con la misma responsabilidad que los profesores de la “pública” oficial. Dicho esto, seguro que todos comprenderán mi posición.

La huelga ha sido convocada ante la decisión de la Comunidad de Madrid de aumentar el horario lectivo en dos horas, es decir, pasar de 18 a 20 horas. Reconozco que esta medida no le guste a nadie pero está dentro de la legalidad y además, muchos profesores de secundaria llevamos años dando más de veinte horas lectivas y no se nos caen los anillos. En tiempos de crisis todos debemos arrimar el hombro. No creo que traiga aparejada la hecatombe como anuncian de forma apocalíptica los sindicatos.

Nos dicen que “se quieren cargar la enseñanza pública” y anuncian recortes y deficiencias por todos sitios pero en realidad no ponen sobre la mesa o hacen públicos cuales son los recortes, salvo problemas organizativos de los Centros o problemas de reparto de materias y horarios ¿Acaso los profesores no estamos capacitados para dar alguna materia anexa a nuestra especialidad? o ¿es que es más cómodo no hacerlo?

No quiero hacer ninguna comparativa con otras Comunidades porque entonces el diferencial sería espectacular a favor de Madrid, pero si les pido a mis compañeros de profesión que recapaciten y piensen en todo ello. A los Sindicatos, sobre todo a los de clase, no les pido nada. No creen en la libertad de enseñanza y eso para mi ya lo dice todo, pero si deben de darse cuenta que no pueden caer en mayor desprestigio ante los ciudadanos con sus dobles raseros para convocar huelgas según el color del Gobierno.

Por favor, un poquito de reflexión, de sensatez y pensemos más en los chavales que están perdiendo las clases, en los millones de parados y menos en nuestras tendencias políticas y en eslóganes trasnochados que ya no se cree nadie.

Antonio Hernández Guardia, profesor de educación secundaria