“Cuestión de rebeldía” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESPoco conozco sobre Schopenhauer, más que tiene un nombre impronunciable de la categoría de Massachussets y que sentía prácticamente el mismo desprecio por las barbas que por las mujeres. Llevo barba y me gustan las mujeres, por lo que imagino que este sujeto no debería suscitarme ningún tipo de interés, dadas las pocas coincidencias entre ambos. Sin embargo, también sé de este insigne misógino (¿cuál será el término cultérrimo para designar al que odia la barba?) que compiló una serie de estratagemas para hacerse con la razón en cualquier discusión acalorada, ya sea teniéndola o arrebatándosela amablemente al conversador adversario, siempre de cara a la galería y mediante argucias que se salen del plano de la elegancia.

Quizás el rechazo de Schopenhauer hacia las barbas se deba a lo recurrentes que han sido éstas en la historia de la filosofía, pues el vello facial ha estado muchas veces presente entre los filósofos que hoy ocupan nuestros libros de texto y sumamente ligadas a los ademanes de reflexión, convirtiéndose este odio en un posible acto de rebeldía. Asimismo, desconocemos si a Schopenhauer le disgustaban las coletas tanto como las barbas, y es que las coletas en política son hoy un acto de rebeldía .

Cualquier persona medianamente instruida en el campo de la filosofía y del raciocinio, estaría barajando la posibilidad de que lo que acabo de exponer sea una soberana estupidez. Lo es. Simplemente buscaba una introducción que ligara a Schopenhauer con un entusiasta seguidor de sus estratagemas como podría serlo Pablo Iglesias.

Una de las razones por las que creo que el líder de PODEMOS cuajó tan bien entre la opinión pública antes de saltar al estrellato de la política, es por lo respetuoso que se mostraba a la hora de defender sus posturas en los platós. Destacaba por no entrar a formar parte de la jungla silvestre que impera hoy por hoy en muchas de nuestras tertulias de actualidad política, en las que se habla de todo y se explica nada. Parecía diferente.

Sin embargo, según ha ido avanzando el auge de su partido, la presencia de Iglesias en los platós ha ido mermando, y cuando aparece lo hace de manera desafiante y, como ocurrió en uno de los últimos programas de La Sexta Noche, recurriendo a falacias con el objetivo de desacreditar al interlocutor.

En este caso, dicho interlocutor era otro fanático del argumento ad hominem ─Eduardo Inda─ por lo que supo mantener el tipo ante la descalificación que pretendía Iglesias. El recurso a esta y otras falacias, iba acompañado de una forma de sentar sus posaderas por las que el profesor te suele reprender diciéndote que para sentarte así lo hagas en tu casa a la hora de comer. Si yo hubiera estado dirigiendo el programa en ese momento, Pablo Iglesias se hubiera ido castigado al rincón y así hubiese aprendido a no volver a sentarse de tal manera en público.

La rebeldía es necesaria, pero se puede ejercer desde la elegancia y el decoro.

Guillermo Infantes Capdevila
Estudiante de Periodismo
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“Desigualdades reales, derechos virtuales” por Víctor Granado

 “El inmigrante no está entrando por un paso fronterizo con una documentación correcta, está violentando la frontera de un país que es soberano y tiene que defenderla. Y no vienen pidiendo permiso o que se le abra la puerta, vienen asaltando la valla”.

Abdelmalik El Barkani Delegado del gobierno en Melilla

 

FOTO_VICTORGRANADO¿Es  que acaso si los migrantes pidiesen que se les abriera la puerta ésta se les abriría? Las declaraciones del Delegado del Gobierno en Melilla parten de la falacia según la cual los migrantes no siguen los cauces legales para entrar en España pudiendo hacerlo. En la medida en que con sus actos amenazan la soberanía española la actuación de las autoridades queda legitimada. En ningún momento los migrantes son tratados como personas sino conceptualizados como delincuentes, como enemigos que asaltan una frontera que hay que defender.

Para su defensa, el Gobierno está pensando colocar de nuevo las cuchillas retiradas en 2006 de la valla y que la coronaban hasta entonces. Retornamos a una situación de desprotección y desprecio por la vida de los migrantes similar a la de 2005, que Amnistía Internacional describía en su informe Frontera sur. En Ceuta y Melilla la frontera no es una mera línea imaginaria que delimita el territorio de in Estado. La frontera entre España y Marruecos es una de las fronteras más desiguales del mundo, es una frontera intercontinental y la frontera más desigual de la Unión Europea. Si atendemos comparamos el PIB per cápita nominal de España y Marruecos veremos cómo el PIB español es casi 10 veces el de Marruecos. Esta desigualdad lo es respecto de los niveles de renta y las condiciones materiales de existencia pero lo que marca la experiencia de la frontera es el igual desprecio a ambos lados de la verja por los derechos de los migrantes.

El desplazamiento de las personas tiene como uno de sus componentes la desigual e injusta distribución de riqueza y población. A la injusticia que significa esta desigualdad se suman  las violaciones de derechos que sufren los migrantes durante el desplazamiento.

La frontera es real, tiene consecuencias reales tanto sobre la vida de las personas que intentan cruzarla como sobre el tipo de sociedad que la sostiene sin cuestionarla. No son las mafias quienes ponen en riesgo las vidas de las personas que intentan cruzar las fronteras sino los Estados los que al bloquear los cauces legales de acceso a su territorio abocan a los migrantes a la clandestinidad y la irregularidad. Y es la sociedad civil de Estados como el nuestro quien debe controlar y denunciar el uso en su nombre de mecanismos de control las fronteras que significan la violación sistemática de los derechos humanos.

 

 

Víctor Granado Almena
Profesor de Filosofía
Investigador dedicado al estudio de las migraciones y a los DD.HH.  

“Gazpacho y paradoja” por Antonio Terán y Pando

Epiménides, poeta cretense, afirma que todos los cretenses son unos mentirosos.

Si Epiménides dijese la verdad, por ser también él cretense, él también es un mentiroso y estaría mintiendo.

Si Epiménides miente, entonces los cretenses no son unos mentirosos, sino que dicen la verdad, y , por ser él también cretense, diría la verdad.

En consecuencia, Epiménides dice la  verdad si y sólo si miente, o miente si y sólo si dice la verdad.

Así de simple-en apariencia- se enuncia la famosa paradoja de Eubúlides de Mileto, tenaz opositor de Aristóteles y discípulo de de Parménides, junto con el cual afirmaba que  todo cambio o movimiento es imposible.

Lo profundo de la paradoja (etimológicamente, más allá de la creencia), no está en la mentira como amenaza, sino en la confusión atroz de la lógica humana.

Si cada vez que miramos al mar, hipnotizados por su fascinante belleza, pensásemos en lo inmutable de sus aguas, negaríamos, pues, el movimiento de las mismas, que convierte su fascinante atractivo en una vana ilusión.

Si fuese así, leer un libro sería como leer “el libro” pues todos los libros serían uno inmutable, completo y cuyo final es el mismo final de todos y cuyo principio es el mismo principio universal, eterno, infinito.

Es decir, “El diablo en la botella” de Stevenson, es el mismo diablo que el cojuelo, que levantaba los tejados para fisgar y, naturalmente el mismo que Belfegor o Mefistófeles y de facto todos son uno y todos están creados por un misterioso escritor sin tiempo que se digna a descubrir a algunos sólo fracciones, piezas de un  relato ignoto en su todo, inmutable.

Todos los escritores escriben lo que otros hicieron y harán, todos son Heráclito, todos Poe, todos Valera o Rosalía.

Terrible situación para los considerados “originales”. Murió la innovación. Todo es lo mismo, nada cambia: el plan está trazado.

Nosotros sólo atisbamos destellos de una obra completa, gigantesca, colosal, inmanente. A veces un monstruo cruel deja sospechar a ciertos individuos, la inmutabilidad. Éstos, luego construyen ciudades imposibles que no responden aparentemente a ninguna regla formal, descubren planetas que por ser transparentes nunca los vimos, aún cuando recorren nuestra eclíptica, aman de forma extraordinaria y muy probablemente jamás mueran.

Bertrand Russell, logró, al parecer, con la teoría de los tipos, escapar de la paradoja maldita de Eubúlides. ¿Lo logró, realmente? O quizás ya todo estaba previsto y todo estaba previamente resuelto en una posteridad que no comienza ni, naturalmente, acaba.

Éste humilde artículo, seguro que lo ha escrito alguien antes y lo escribirán muchos más después. ¡Y yo que pensaba que iba a ser la bomba! Vanitas, vanitatis.

Entonces…la fecha de caducidad del gazpacho en brick, sepultado en mi Kelvinator…¡Es una falacia!…¡Si es el mismo gazpacho que degustó Jovellanos!¡Inmutable gazpacho!

Pues, sin miedo a la intoxicación, la eventración e incluso la diarrea estival que no es episódica, sino diarrea infinita y ucrónica, me lo voy a tomar, fresquito, y me voy a quedar tan ancho.

¿Ustedes gustan?

Antonio Terán y Pando, escritor, articulista y propietario de la librería-galería de arte “El Gato Lector” (El Molar, Madrid)