“Día Internacional de la Felicidad” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUAEste viernes 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad. En julio del año 2012, la ONU decidió dedicar un día a reconocer la relevancia de la Felicidad en el mundo. Y no deja de sorprender que las naciones hayan necesitado la ayuda de un Decreto para recordar la importancia que tiene la felicidad en la vida de las personas.

La felicidad y el bienestar son aspiraciones universales de todos los seres humanos y al dedicar un Día Mundial para celebrarlo lo que se pretende es que se estos temas se incluyan en las políticas de los gobiernos.

Sigue siendo sorprendente el caso del Reino de Bután. Es un pequeño país en mitad del Himalaya, de apenas 700 mil habitantes; tan grande como Sevilla o Zaragoza. Hace casi 40 años, Jigme Singye Wangchuck, al ser proclamado rey con solo 18 años, tomó la decisión de no medir la riqueza de su país por el PIB (Producto Interior Bruto), índice que se emplea en todos los países del mundo. Para él, la Felicidad Interior Bruta era mucho más importante. Y cambió el PIB por la FIB (Felicidad Interior Bruta), también conocida como FNB (Felicidad Nacional Bruta).

Lo que se mide en Bután desde entonces para valorar el progreso de sus ciudadanos es:

  • El bienestar psicológico de la población
  • La salud
  • Los niveles de educación
  • El buen gobierno
  • La vitalidad de la comunidad
  • La diversidad ecológica

El resultado se puede comprobar en los cuestionarios que evalúan el FIB. Hace pocos años se realizó un estudio entre los butaneses y algunos de los resultados fueron, por ejemplo, que el 52% de los butaneses decía sentirse “feliz”, el 45% “muy feliz”, y sólo el 3% dio que no era feliz. Si hay compromiso con el bienestar de la población y se antepone a otros intereses se puede obrar el milagro.

Dedicar un Día Mundial a la Felicidad no significa que sólo haya que ser felices ese día, sino todo lo contrario. Es la forma en que Naciones Unidas busca que haya un verdadero compromiso de todos los países con las políticas que contribuyen al bienestar de los ciudadanos. Se trata de promover actividades concretas, muy especialmente en el ámbito educativo. De sensibilizar a los gobiernos y a la población en general. Al igual que celebrar un día Internacional en Contra de la Violencia de Género tampoco significa que sólo ese día se tengan que tomar medidas, necesitamos sensibilizarnos como sociedad acerca de la importancia de ser felices.

Si un pequeño país como Bután ha podido implantar la FIB como una medida del progreso de su población, cualquier otro país podría hacerlo. O cualquier Comunidad Autónoma, incluso cualquier Alcalde o Alcaldesa de cualquier municipio, pequeño o grande, podría hacerlo… Incluso dentro de cualquier familia podríamos hacerlo.

Aprovechemos este viernes 20 de marzo en el que celebraremos el tercer Día Internacional de la Felicidad para hacer una reflexión de qué podemos aportar cada uno para contribuir a lograr ese bien universal que es la felicidad y el bienestar.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com
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“Cómo criar hijos e hijas felices” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUAEl mayor deseo de todos los padres es educar a sus hijos e hijas de tal manera que crezcan felices y se conviertan en adultos felices. Lo que ocurre es que no siempre sabemos cómo les influye lo que hacemos o decimos.

Hay quienes no niegan nada a sus hijos, pensando que así serán más felices, sin darse cuenta de la importancia que tienen las normas y los límites. Les ayudan a comprender lo que se espera de ellos y a convivir con los demás. En el mundo real no siempre van a conseguir lo que quieren y si no aprenden a manejar las pequeñas frustraciones, no sabrán manejar las dificultades que la vida les traiga.

Otros creen que la mejor forma de educar es castigar por cualquier conducta inapropiada y “sermonear” para que aprendan. Es muy fácil llegar a creer que se es “inadecuado”, malo, vago, gamberro… “Si siempre me dicen que soy así, será que soy así”. Aunque el objetivo del castigo es conseguir un cambio de conducta, el coste emocional de este método suele ser muy alto.    

Y todavía quedan quienes creen que un cachete a tiempo “quita muchas tonterías” y basan este razonamiento en que a ellos les daban cachetes y no han salido tan mal…

Entonces ¿qué hacer para conseguir que nuestros hijos e hijas crezcan más felices? Aquí te dejo algunas ideas:

–         Presta atención y refuerza las conductas adecuadas. Estamos muy pendientes de la mala conducta para eliminarla pero no así con la conducta adecuada para reforzarla (Eres el que mejor abraza de la casa…). Reforzamos aquello a lo que prestamos atención.

–         Si utilizas etiquetas que sean positivas. Di: “eres un gran amigo” No digas: “eres un desobediente”.

–         Ataca la conducta, no a la persona. Di: “no pegues a tu hermano” No digas: “eres un niño malo”.

–          Agradece siempre que puedas. Di: “gracias por hacer tu cama, la habitación ha quedado muy recogida” No digas: “con lo bien que sabes hacer la cama no entiendo porque no la haces todos los días”.

–          No prometas si no estás convencido de que vas a cumplir. No trates de zanjar una pataleta prometiendo algo que no tienes intención de hacer pensando que se olvidará de lo prometido. Es preferible decir: “Ahora no tengo una respuesta. Necesito pensar en ello”.

–          Escucha más y haz preguntas. ¿Y cómo te has sentido? ¿qué otra cosa podrías hacer? ¿cómo puedo ayudarte?

Y sobre todo recuerda que aquello en lo que te enfocas se expande; de modo que busca siempre lo mejor en ti y en aquellos a quienes quieres.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com

“6 razones por las que dejamos las cosas para mañana” por Rosana y Mónica Pereira

FOTO_ROSANAYMONICA_HAZTUALos primeros meses del año son una época muy propicia para iniciar nuevos proyectos. Es el momento de los grandes deseos y de los buenos propósitos. Pero, si te ocurre como a una gran mayoría de personas, todavía tendrás un montón de propósitos que te marcaste como metas el año pasado y aún no has llevado a puerto: ordenar el trastero, tirar toda la ropa que no usas y se amontona en el armario, escribir esa novela que te ronda en la cabeza, apuntarte a clases de inglés, dejar de fumar, cambiar de empleo, pasar más tiempo con la familia, perder esos kilos de más…

Y ahora que acabamos de comenzar un nuevo año no sabes si plantearte otras metas o volver a hacer el esfuerzo de intentar las que aún tienes pendientes y que cada día notas que se van alejando un poco más de ti.

Si nos paramos a pensarlo, no tiene demasiado sentido ir pasando de un año para otro esas cosas pendientes, entonces ¿cuáles son las razones por las que dejamos de hacer esas cosas que queremos hacer?, ¿qué es lo que nos empuja a esa “postergación” o “procrastinación”?

A continuación te dejo las razones más frecuentes por las que las personas dejamos para mañana las cosas que nos habíamos propuesto hacer:

1. En realidad no quieres hacerlo, lo vives como una “obligación”, un “debería”. Puede ser porque no te gusta esa tarea, ese trabajo, o ese “deber”. Y como no te gusta lo vas dejando a un lado el mayor tiempo posible.

Solución: Cambia tu diálogo interno. En lugar de decirte: “Tengo que ordenar el trastero” intenta algo parecido a “estaría bien tener el trastero recogido”. Así consigues dos beneficios: por una parte te centras en el resultado y no en la tarea; y por otra, evitas el sentimiento de culpa que acompaña a un “tengo que…” que no se ha cumplido. Porque si el resultado final acaba siendo el mismo (se queda sin ordenar) al menos te quitarás de encima el malestar que acompaña a la culpa del deber no cumplido.

2. No sabes cómo resolver la situación. Puede que haya algo que sabes que tienes que hacer pero no sabes cómo hacerlo.

Solución: Analiza la situación, investiga, pon en marcha tu creatividad, pide ayuda… Tal vez eso que para ti es tan complicado resulta que alguien de tu entorno ya lo ha solucionado. En ocasiones nos centramos tanto en las consecuencias del problema que se nos olvida pensar en las posibles soluciones. ¿Necesitas pasar más tiempo con la familia, qué tal un cambio de prioridades?

3. Te falta tiempo. Hay tantas cosas que te gustaría hacer si tuvieras más tiempo… Y te lo repites tantas veces que acabas por creer que es verdad. Pero el tiempo es el mismo para todos. La diferencia no está en la cantidad de tiempo que tienes sino en cómo utilizas ese tiempo.

Solución: Analiza cómo utilizas tu tiempo. Para ello, escribe en un cuaderno qué áreas de tu vida son las más importantes para ti (trabajo, pareja, hijos, amigos, ocio, descanso, espiritualidad, desarrollo personal…) Puntúa de 1 a 10 la importancia que das a cada una de las áreas que has escrito. A continuación, asigna el porcentaje de tiempo que dedicas a cada área, tomando como referencia que un día equivale al 100% de tu tiempo. Este ejercicio te devuelve una información muy valiosa que te ayuda a decidir si necesitas hacer algún cambio en el tiempo que dedicas a cada área de tu vida.

4. No sabes si realmente quieres hacer eso que te propusiste. Esto significa que tienes sentimientos ambivalentes hacia la tarea. Un ejemplo de esta situación le ocurre a la persona que se propone dejar el tabaco. Sabe que fumar le perjudica pero a la vez piensa en el placer que le produce, está convencido de que le ayuda a relajarse… Es decir, piensa que de alguna forma, también le beneficia.

Solución: Todo cambio en un hábito implica una “renuncia”. Cuando tomes una decisión para cambiar algo que venías haciendo de forma habitual, piensa en qué renuncias vas a tener que hacer y en las razones por las que los beneficios superan a los inconvenientes. Haz una lista de lo que vas a conseguir con el cambio y tenla a mano para utilizarla cuando notes que las fuerzas te flaquean. Recompénsate por cada pequeño logro alcanzado y, sobre todo, vigila tu diálogo interno por si tienes que cambiar lo que te dices a ti mismo (“es inútil, no lo conseguiré”, por “no está resultando tan insoportable como pensaba”).

5. Tienes un bloqueo y necesitas que te empujen para comenzar. Hace tiempo que una idea te ronda la cabeza pero no acabas de encontrar el modo de llevarla a la práctica. Intuyes cuál es el camino pero necesitas mayor seguridad para lanzarte.

Solución: En ocasiones la solución está en algo tan sencillo como es oírte a ti mismo decir en voz alta qué es lo que quieres hacer. Busca a alguien en quien confíes, que no te vaya a juzgar y que te escuche con atención, alguien que te ayude haciéndote las preguntas adecuadas. Tú tienes todas las soluciones, sólo tienes que permitirte encontrarlas.

6. Necesitas tiempo para reflexionar. Cuando te enfrentas a un cambio importante es necesario que dediques tiempo a reflexionar sobre las consecuencias que va a suponer para ti y para tu entorno ese cambio. Pero ten cuidado, porque tan malo es hacer las cosas sin haber pensado antes en las implicaciones que pueden tener, como llegar a una situación de “parálisis por análisis”.

Solución: Si llevas mucho tiempo analizando, reflexionando y dudando si hacer o no hacer algo, es posible que te encuentres paralizado por la indecisión. Repasa las razones anteriores que te pueden llevan a no hacer algo por si te encontraras en alguna de esas situaciones. Recuerda que cuando llegues al final de tu vida sólo te arrepentirás de aquellas cosas que no hayas hecho, no de las que intentaste y no salieron como esperabas. Si aún así no puedes tomar una decisión plantéate que ha llegado el momento de abandonar ese objetivo y dedicar tus energías a otra tarea.

Rosana y Mónica Pereira Davila
Responsables de Haztúa Psicología Positiva
www.haztua.com