“Enseñanzas tras la gesta” por José Carlos Boza

Es imposible, cuando se es aficionado al fútbol como es mi caso, no empezar cualquier conversación, ya sea en el trabajo, en la cafetería, con la familia, los amigos e incluso este artículo, sin mencionar el inmenso éxito de la selección española de fútbol -el éxito de España- en la reciente Eurocopa. Una victoria a la que se ha llegado poco a poco, de menos a más y alcanzando una verdadera y sana locura en el último encuentro contra uno de los equipos con más títulos, más oficio y más nombre del fútbol mundial.

Pese a que aún estamos metidos de lleno en los ecos de esa gran victoria, a la inmensa alegría también debe añadirse una reflexión, necesaria para entender las claves de la gesta de los futbolistas españoles e intentar incorporar posibles enseñanzas a nuestra vida cotidiana. En primer lugar, tenemos un grupo humano de personas jóvenes con un objetivo común en el que depositan una fe inquebrantable; y por encima de ellos, una persona como es el entrenador, que comparte y fomenta esa visión, pero que se mantiene en un discreto segundo plano, sin que por ello merme su autoridad. Y al final, cuando ya se ha realizado la tarea, todos ellos nos ofrecen la estampa de sus familias saltando al césped convirtiendo un campo ucraniano en lo que pudiera ser el parque Bolitas del Airón un domingo cualquiera.

Cuando hablo de extraer enseñanzas de este triunfo, no me refiero a que una victoria deportiva oculta las dificultades y anestesia a la ciudadanía. Ni los lectores ni yo somos tan simplistas. Los recortes –por necesarios y dolorosos que sean- están ahí; al igual que el paro, la complicada situación económica, la prima de riesgo y demás. Sin embargo, es agradable comprobar que del esfuerzo se obtienen recompensas; que siempre se consigue más desde la unidad que desde la división, que un equipo es más que la suma de sus partes y que, apoyándonos en la familia y los amigos, el camino es menos duro y el premio más dulce.

El triunfo de la Selección Española nos enseña que se puede pasar de cuartos sin renunciar a nuestra identidad; que además de vencer con nuestro sistema de juego, también podemos convencer a Europa con nuestros argumentos, que las prórrogas las juega el que llega y que aunque sea en la lotería de los penaltis, hay que estar igual de concentrados por si la suerte nos sonríe.

Son unas sencillas reflexiones en un día feliz que, por supuesto, no ocultan la realidad, pero que dan fuerzas para continuar, pelear y trabajar por ese objetivo común en el que, al margen del papel que desempeñemos en este momento -entrenador, titular, suplente, utillero o ayudante-, todos somos imprescindibles para conquistar el futuro.

José Carlos Boza
Alcalde de Valdemoro
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Compasión ‘on line’ por Ángel Garrido

Debatía hace muy pocos días, con compañeros de diferentes grupos, las ventajas e inconvenientes para los políticos de estar presentes en las redes sociales. A favor se encontraba, por un lado, el argumento obvio de la necesidad de utilización de uno de los canales de comunicación más activos e influyentes y, por otro, la apreciación unánime de la cada vez mayor demanda ciudadana de participación e interactividad con sus representantes, que si bien es posible realizar al modo tradicional -es de decir de forma presencial- se multiplica exponencialmente, a través de la participación en lo que se ha dado en llamar política 2.0.

Si esto es así de evidente, se preguntarán cuales son la desventajas de dicha participación, que provocan que la mayoría (sí, la mayoría) de los políticos, no tenga perfiles en facebook o mucho menos en twitter. Pues sólo hay una: el miedo a cometer un error.

Acostumbrados como estamos a escenarios de debate, en las distintas sedes parlamentarias, organizados y tasados en sus tiempos; donde las interrupciones son consideradas una descortesía y donde las intervenciones pueden ser preparadas con mucho tiempo de antelación. La participación en un espacio tan vivo y tan interactivo como twitter provoca a la mayoría, lisa y llanamante, miedo escénico.

Traigo todo esto a colación, aprovechando la muy reciente polémica en twitter provocada por @elenavalenciano quien durante su tuiteo del partido España-Francia, cometió el error de preguntar por la “fealdad” de uno de los jugadores franceses. El error fue doblemente grave, dado que esta “fealdad” viene provocada por un accidente que sufrió siendo niño, cuestión que obviamente la dirigente socialista no conocía.

Como en otras ocasiones twitter se “incendió” con comentarios sobre el tuit de Valenciano, que inmediatamente pidió disculpas. Algunos de los que participamos en esta red social, de forma singular dada su relevancia pública @gonzalezpons, o yo mismo, disculpamos este tropiezo y pedimos que no se crucificara a alguien por un error en un medio donde tan fácil es para cualquiera cometerlo. Curiosamente una parte de las críticas se desvió a quienes intentábamos minimizar el desliz.

Sólo quien hace cosas se equivoca y sólo quien tiene el valor de interactuar con, en ocasiones, miles de seguidores, yerra. Yo lo he hecho y seguramente lo haré y aunque tengo muchas razones para criticar las opiniones y los hechos de Elena Valenciano, que no cuenten conmigo para un auto de fe por un error cometido en ejercicio de algo que muchos no se atreven a hacer, que no es otra cosa que escuchar y hablar con los ciudadanos. Participación de los políticos en las redes sociales sí, debate sí, aceptación de las críticas sí. Compasión ‘on line’ también.

Ángel Garrido García
Presidente del Pleno del Ayuntamiento de Madrid
@angelgarridog