“En positivo, por favor” por Miguel Aguado

En la pasada (en su doble sentido de tiempo de coloquial) huelga encubierta de controladores aéreos se pudo escuchar, en la Cadena Ser, a unos pasajeros españoles que venían en un vuelo de Estados Unidos las siguientes opiniones: “La mayoría de los pasajeros venían por primera vez a España y seguro que pensarían que venían a un país africano, de los de los gorilas (sic)” “Esto solo puede pasar en España”,…. Y el consabido: “la culpa es de Zapatero”, ¡faltaría más!

Más allá de que en Francia, los propios Estados Unidos y bastantes países más sufrieron en los últimos años episodios similares, lo realmente significativo es esa visión negativa sobre nuestro país. Me llama la atención que suele ser esa visión negativa mucho más evidente en medios de comunicación de derechas, o sea casi todos, en los que se repite machaconamente lo mal que se hace todo o los pésimos ejemplos de las distintas regiones (si gobierna el PSOE evidentemente). Esos mismos que critican a su país y a sus gentes luego se envuelven en la bandera de España a la más mínima ocasión.

Yo ya estoy cansado de ver de forma inactiva esta situación. Más allá de lo político/partidista de la situación; esta actitud hace daño a nuestro país y es absolutamente injusto e incorrecto. Se me hace una propuesta de colaboración y la acepto encantado. Pretendo escribir de forma continuada sobre lo contrario. Sobre lo bueno que tenemos, sobre nuestra gente, sobre que somos un gran país. Quizás deberíamos reescribir la palabra patriotismo.  Valorar y apreciar tu país por sus valores, no como forma de enfrentar regiones o países.

Me gustaría poner en valor que somos el primer país del mundo donde se ha realizado un trasplante integral de cara, y en la sanidad pública por cierto, que lideramos la generación y tecnología eólica, que nuestro modelo de sanidad, de red de AVE y de gestión de toda la red eléctrica está siendo modelo para implantarlo en Estados Unidos,  que cuando un dirigente chino viene y firma contratos por casi un billón de las antiguas pesetas con empresas españolas, algo bueno tendrán éstas, ¡digo yo!

Somos uno de los países del mundo con mayor esperanza de vida, y todo ello logrado en los últimos años, nuestra cocina y sus nuevas aportaciones son un referente mundial, nuestras empresas de obra civil son líderes mundiales y así están presentes en la mayoría de los aeropuertos de América, Reino Unido y muchos más países, es una empresa española la que está llevando a cabo la ampliación del canal de Panamá (y eso que el gobierno americano trató de descabalgar a nuestra empresa según pudimos ver en los cables de wikileaks), otra empresa española está realizando la mayor autopista sobre el mar en las Azores de 76 kms. Un consorcio español acaba de ser adjudicatario del tren de alta velocidad de la Meca,…. ¿sigo poniendo ejemplos?

Me niego a seguir en esa visión negativa de España. Somos un gran país, de buena gente y gente buena, que trabaja y mucho, donde se vive bien y que en los últimos años ha realizado grandes avances en todos los niveles. Le invito amigo lector a leer más despacio las noticias positivas sobre nuestro país y ponerlas en valor. Así se sale de la crisis, de la económica y también de la de valores; que creo es la realmente importante que tiene nuestra sociedad.

Esta colaboración tiene una novedad como reto personal y político: escribir en positivo, no se es mejor o tus ideas son mejores por descalificar al contrario; sino por poner en valor de forma clara, seria y con una cierta didáctica tu modelo. Me comprometo a este reto: un político que no insulte o descalifique.

¿Me sigue?

Miguel Aguado, secretario de Medio Ambiente del PSM

“Ideas sin firma” por Eduardo Sotillos

Como no puede ser que este gobierno se equivoque siempre- ni siquiera cuando rectifica- he llegado a la conclusión de que la culpa es de la firma que subraya sus propuestas. No es posible que la totalidad de un plan de ahorro energético que  suena  absolutamente razonable en su propósito de reducir , con medidas de inmediata aplicación y campañas pedagógicas de medio alcance, el gasto que van a tener que soportar todas las familias españolas por el encarecimiento del precio del petróleo , de lugar a una crítica ramplona y alicorta que se complace en exaltar los aspectos más pintorescos del debate, convirtiendo, por ejemplo, el parecer de Fernando Alonso en argumento de autoridad incontestable. El apoyo económico al recambio de neumáticos, que además de ahorrar consumo garantiza mayor seguridad, también parece que es recibido con desdén en las tertulias omnicomprensivas del saber global.

Recabar inversiones de Catar, ese país al que acaba de encargársele la organización de un campeonato mundial sin ningún reparo parece que también debe ser valorado como un hecho reprobable por los mismos que vienen denunciando la escasa capacidad de España para generar confianza inversora. Claro que tampoco ha gustado que el presidente Zapatero fuera a Túnez a respaldar los movimientos hacia la democracia, ofrecer ayudas tangibles y promover un plan internacional de cooperación.

Juro que he tenido que escuchar un coro de voces suficientes, casposas, que hacían chanzas sobre la acogida de esa propuesta en los países a los que nuestros  “pps”-patriotas-paletos-consideran siempre como el escalón inalcanzable desde la posición subordinada en la  que siempre sitúan a España. No habían leído, desde luego, el editorial elogioso de “Le Monde” ni los comentarios en otros medios galos en los que se subraya que Zapatero había ocupado el lugar que hubiera debido tomar Sarkozy dado que los lazos de Francia con Túnez son muchos más fuertes que los de España.

A nadie, ni siquiera al gobierno, espero, se le ocurre pedir complacencia y aplauso para los resultados de la política de creación de empleo a pesar de la reforma laboral, pero sí prudencia por parte de quienes no ofrecieron una alternativa mejor que la del “váyase señor Zapatero” que sirve como fórmula magistral, inocua, para resolver todos nuestros males. Se tiene mayor credibilidad en la crítica cuando se silban las malas actuaciones y se aplauden los aciertos, por escasos que sean. Es una obviedad, claro, en situaciones normales. No es ese el escenario actual, inmersos en una campaña electoral que estimula la ferocidad de quienes creen tener la presa al alcance de la mano. Lástima que hayan de ser los ciudadanos quienes  paguen los daños de obstruir, en plena crisis, medidas racionales de gobierno. No se me ocurre otra cosa, por el bien de todos, que cualquier nueva medida la presenten españoles anónimos. Puede que gusten a la mayoría y se conviertan en leyes. Todo antes que dar una baza a los socialistas.

Eduardo Sotillos, secretario de Comunicación del PSM