“La mejor ayuda para quién lo necesita” por Sara González

FOTO_SARAGONZALEZLa dopamina, es un neurotransmisor que desarrolla la mayoría de sus funciones  en el cerebro, manejando actividades importantes como el comportamiento, cognición, actividad motora, motivaciones, regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, aspectos de la atención, y el aprendizaje.

El déficit de dopamina en zonas determinadas del cerebro, da lugar a lo que llamamos enfermedad de Parkinson (EP), afectándose la transmisión de la información necesaria para la correcta realización de los movimientos, y esta es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en nuestro medio tras la enfermedad de Alzheimer con el consiguiente impacto en la calidad de vida de los pacientes y no menos importante, sobre la de sus cuidadores.

En España la prevalencia de la enfermedad es de 1500/100000 habitantes, siendo más frecuente en hombres que en mujeres (1,7/1). En relación a la edad, es una enfermedad que puede manifestarse en cualquier etapa de la vida, si bien es cierto que el 70% de los casos diagnosticados son personas mayores de 65 años, ya que las posibilidades de padecerlo aumentan con la edad.

Actualmente la EP, está en proceso de redefinición. Este nuevo enfoque recoge además de los problemas motores conocidos, nuevas alteraciones en el sistema nervioso, en el sistema límbico, en el somatosensitivo y también alteraciones en la conducta y del estado de ánimo.

El cuadro sintomático que padecen las personas con Parkinson se manifiesta de numerosas maneras, temblores, rigidez muscular, bradicinesia (lentitud de movimientos) y anomalías posturales, trastornos del equilibrio y del sueño, todas ellas variando su intensidad según el estadío en el que se encuentre la enfermedad. Según la Asociación Europea de la Enfermedad de Parkinson el 94% de los pacientes sufre anomalías motoras, el 84% síntomas depresivos y en un 65% trastornos cognitivos. Estas diferencias fisiopatogénicas están influenciadas por factores genéticos y factores ambientales, aunque solo un 10% de los casos de EP, son de origen genético.

Esta combinación supone para el paciente una disminución importante en su calidad de vida de forma progresiva, sobre todo si no ha sido capaz, o no ha recibido la ayuda suficiente para asumir el tipo de enfermedad que se le ha diagnosticado, la evolución natural de la misma y más importante aún, en lo que él puede actuar sobre la misma. Aquí entraría una alimentación adecuada y sobre todo el ejercicio supervisado.

Cuidar a un paciente con Parkinson en un estado avanzado, necesita de un tratamiento integral, que incluye además de cuidados médicos (con valoración nutricional y de riesgo de caídas ) y de enfermería, fisioterapeutas que dirijan el ejercicio imprescindible, terapeutas ocupacionales que ayuden a mantener las funciones cognitivas, psicólogos que puedan tener una valoración pormenorizada de su estado psicoemocional y si es necesario logopeda. Por supuesto, esto no elimina una medicación muy específica tanto antiparkinsoniana, que aportará la dopamina necesaria al sistema nervioso, como medicación sintomática para ayudar a reducir los efectos secundarios.

Las residencias para mayores y centros de día, se muestran en muchos casos como la mejor solución a este tipo de situaciones indeseadas. Ofrecen la oportunidad de combinar la rutina de la personas afectadas por el Parkinson con una serie de horarios perfectamente marcados para tomar su medicación y realizar las terapias complementarias necesarias en su día a día, además de rodearse de cuidadores cualificados y servicio médico las 24 horas.

Asimismo, una de las ventajas principales que puede suponer para estos enfermos estar tratados en centros especializados en el cuidado de personas mayores, es el estar diariamente valorados por un equipo multidisciplinar que observa la repercusión de cada una de las actividades en que usuario se implica. Por otro lado, es muy importante la repercusión positiva que puede tener sobre la calidad de vida de sus cuidadores, más aún cuando hayamos conseguido la confianza del mismo, que como todo conlleva un tiempo de adaptación. En este como en la mayoría de los casos, es imprescindible la colaboración de los cuidadores familiares.

Ya que no existe a día de hoy un tratamiento que cure el Parkinson, tenemos que aprovechar el resto de terapias a nuestro alcance, que aunque no curen, sí que mejoren la percepción del día a día de la convivencia, en un entorno que entiende la enfermedad y facilita su ambiente.

 

Sara González Blázquez

Directora Médico del Grupo Adavir

www.adavir.com

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“Por una Sanidad Pública, de Calidad y más Humana” por Francisco Javier Blázquez

Una sanidad universal, gratuita, pública y de calidad. Estos son los términos que en los últimos tiempos estamos acostumbrándonos a escuchar al intentar definir al sistema sanitario público. En estos momentos difíciles, donde los recursos son limitados, es necesaria una reestructuración de los servicios sanitarios para que este sistema sea sostenible, y entiendo que la gestión que hay que realizar no es fácil. Pero esta complejidad requiere profesionalización, habilidad, conocimiento y prudencia.

La gestión es importante, pero no es un fin en si misma, sino un medio para que la atención sanitaria pueda cumplir la misión primaria de los centros sanitarios: prestar atención clínica a personas enfermas. Y esto último es lo que no está siempre presente, que el paciente es lo primero y lo importante y no los conflictos políticos ni laborales.

Los políticos parecen actuar de forma compulsiva a la búsqueda de soluciones desesperadas, enfrentado a jueces, médicos y enfermeras. Los gestores sanitarios van a la deriva, intentando pasar desapercibidos a la espera de que escape el temporal. Mientras tanto, los sanitarios atienden a los pacientes que se muestran desconfiados, y que en medio de tanto ruido, no saben muy bien si no los operan porque no deben ser operados, porque han jubilado al cirujano, el anestesista no está de humor, han cortado la luz del quirófano por falta de pago o la consejería de turno se lo ha vendido a una empresa privada. La sanidad es algo muy serio en la sociedad y debería estar basada en unos pilares de sentido común, eficiencia en la gestión y correcta atención sanitaria.

Entre tanto, va siendo tiempo de recuperar valores, de entender que la calidad y eficiencia de la gestión y la política sanitaria sólo puede ser definida en función sus efectos sobre los pacientes.

Con demasiada frecuencia las prisas, la sobrecarga asistencial o la falta de tiempo, las agendas sobrecargadas, hacen que nos olvidemos de que cuando una persona acude al Sistema Sanitario espera encontrar no sólo la competencia técnica de los profesionales, sino también a personas capaces de escuchar, de tener empatía, capaces de transmitir seguridad y confianza. Es necesario el rescate del aspecto humano y espiritual en la práctica clínica, administrativa y educativa por parte de los profesionales en el campo de la medicina.

Nos encontramos en un espacio de convivencia cada vez más diverso y plural. En el ámbito sanitario las redes adquieren complejidades a medida que van absorbiendo a población de orígenes distintos, con necesidades desiguales, y donde el cuidado de la persona y la atención a sus necesidades pasan a ser acciones con un sentido complejo y fundamental, ligado a múltiples factores culturales y los éticos. Surge la necesidad de acercarse al ser humano y repensar las relaciones y los cuidados. Es preciso poner sobre la mesa la necesidad y el objetivo de humanizar la atención prestada a los pacientes. Parece preciso, entonces, intentar buscar un equilibrio perdido y que sea capaz de integrar  las dimensiones técnicas y humanas como inseparables.

Es necesario trabajar  y desarrollar estrategias para mejorar las relaciones interpersonales y por lo tanto de comunicación efectiva entre profesionales sanitarios y paciente, porque el proceso de comunicación debe ser priorizado como una actividad terapéutica relevante y esencial. No todo en medicina es el tratamiento, no todo es razón, no todo es técnica y procedimiento. Es muy importante la enfermedad, pero sin perder de vista al paciente, que en ocasiones tiene que ser muy paciente.

Los pacientes hablan de deshumanización de los profesionales sanitarios por percibir distanciamiento afectivo o indiferencia. Quizás, si algún día tengo que someterme a una operación de alto riesgo, creo que lo tengo claro: no recurriré al mejor especialista mundial, me pondré en las manos de un médico que una, a la competencia en el oficio, una fuerte dosis de humanidad. Del más cariñoso, del más bondadoso, del más amable, en definitiva.

 
Fco. Javier Blázquez Molina
Diplomado Universitario en Enfermería