“Una cita electoral de extraordinaria importancia” por Manuel Robles

Todos los procesos electorales son importantes por su propio significado, ya que son la expresión de la voluntad soberana de la ciudadanía dentro del sistema del Estado Democrático del que disfrutamos hace ya más de 30 años. Pero esta cita electoral del 20N, precedida por las cercanas elecciones municipales y autonómicas, tiene una importancia decisiva en el devenir de nuestro país, dado el contexto socioeconómico en el que los ciudadanos han sido convocados a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso y de que color político va a ser el Gobierno de la Nación en la próxima legislatura.

Es muy importante que nuestro voto sea la consecuencia de una reflexión bien meditada sobre qué podemos ganar y extraordinariamente relevante sobre qué podemos perder, dependiendo de que obtenemos por un partido o por otro.

Desde el máximo de los respetos a la opción política que tome cada ciudadano, creo que en esta coyuntura hay que pensar con claridad hacia donde nos puede llevar el modelo que salga mayoritario para formar gobierno. Si esta reflexión no se produce de forma sosegada, puede que el voto se dirija a una opción política que no solo no contribuya a salir de la crisis y reducir las dolorosas cifras de paro, si no que haga recortes  de Derechos Sociales y de Servicios Públicos esenciales; que pueden ser irrecuperables, o muy difíciles de recuperar en el futuro.Como les sucedió a países como Inglaterra que después de gobiernos ultraconservadores eliminó derechos y servicios, que ahora se tienen que pagar aquellos que pueden hacerlo y el resto va a servicios de rango asistencial.

El modelo del PP que considero no ha sido transparente en su programa, es todavía más ultraconservador y  ya nos ha demostrado donde gobierna que no sabe crear empleo, y además recorta servicios públicos.

Por ello, creo sinceramente que la opción del PSOE sigue siendo la que puede darnos más garantías de futuro.

En estos momentos, a pesar de que se puedan haber cometido errores, es el Partido Socialista el que está en condiciones de garantizar la defensa del Estado de Bienestar y de Derechos Sociales, junto con su capacidad para mantener a España como país solvente y preparado para salir de esta crisis, que como vemos cada vez afecta a más países de la Unión Europea y del mundo.

Cuando esto se supere estoy seguro que se reconocerán los méritos del gobierno socialista, de Zapatero y de Rubalcaba, que han conseguido para este país progreso social, modernidad, y sobre todo han contribuido de forma muy relevante a la Paz tan ansiada, después de años de terror etarra.

Yo tengo una gran fe en el Partido Socialista, en la capacidad y en los valores de sus candidatos y candidatas. Y sobre todo en su candidato a presidente Alfredo Pérez Rubalcaba. Por esto pido el voto para el PSOE.

Manuel Robles, alcalde de Fuenlabrada

“Para vencer el inmovilismo” por José Carlos Boza

El próximo día 20 los españoles estamos convocados a las urnas para elegir el nuevo Parlamento. Si por algo se caracteriza esta consulta electoral es por una idea dominante: todas las fuerzas políticas, así como la inmensa mayoría de los ciudadanos son conscientes de que un cambio en el rumbo es imprescindible. Incluso el partido en el Gobierno, que no repite candidato, no oculta esa máxima, consciente de que la trayectoria actual solo aporta negatividad, crisis y tensión social.

Todas las elecciones suponen una llamada a la ilusión y a la esperanza. En este caso, esas premisas alcanzan una mayor cota si cabe. Para todos resulta evidente que no se han dado los pasos adecuados y las elevadas cifras del paro son tan solo una de las muestras de ello. Existe en España un clima de “borrón y cuenta nueva”, de oportunidad, de ganas de iniciar un camino más realista ante los nuevos retos.

Cualquiera que sea el partido -o partidos- que tenga las responsabilidad de formar gobierno tras el 20-N tiene ante sí una difícil tarea. La coyuntura financiera mundial no invita al optimismo, las economías de los países desarrollados –especialmente las europeas- no solo no terminan de remontar el vuelo, sino que aún están lastradas por el desempleo, el desconcierto de los mercados y las dudas sobre el papel que debe jugar el sector bancario.

Un panorama complicado que, en el caso español, se ve agravado por otros desafíos como el fin de ETA, el compromiso con nuestro estado del bienestar y la búsqueda de un modelo de financiación municipal que permita a los ayuntamientos ejercer de pleno el rol de administración más próxima al ciudadano.

Frente a ello, la ilusión de millones de españoles; un inmenso capital político que aguarda un programa serio capaz de emplear ese impulso para generar calidad de vida y superar situaciones pasadas.

Aunque se trata de un sentimiento casi utópico durante una campaña electoral, los españoles demandamos a los máximos responsables políticos serenidad, confianza, un proyecto definido y una relación con los ciudadanos presidida por la sinceridad. No necesitamos ni paternalismo ni que se nos oculte la gravedad de la situación por la que atravesamos.

Afortunadamente, en estos días de mítines y debates los líderes están actuando con moderación, dejando de lado las estridencias de una precampaña que ya se nos estaba haciendo eterna.

A mi juicio –por supuesto interesado- uno de los líderes y uno de los proyectos destaca por encima de todos los demás. El mismo con el que, según los sondeos, coinciden la gran mayoría de los españoles. En cualquier caso, sea quien sea el ganador, a partir del 21 de noviembre todos esperamos lo mismo: trabajo, ilusión y proyecto. Sin duda, será todo un cambio frente al inmovilismo de los últimos años.

José Carlos Boza Lechuga, Alcalde de Valdemoro

“Algunas reflexiones sobre las pasadas elecciones locales y autonómicas” por Manuel Robles

Los ciudadanos y ciudadanas ejercieron el pasado 22 de mayo su derecho al voto. Es un derecho fundamental, recogido en nuestra Constitución como una garantía de nuestro modelo democrático y como una fórmula participativa, igualitaria, directa y secreta para que la voluntad individual de las personas pueda convertirse en voluntad de los poderes públicos.

Naturalmente, tienen razón quienes proclaman que ejercer el derecho al voto no es suficiente para dotar de contenido real a la democracia. La participación de los ciudadanos y ciudadanas en la toma de decisiones que tanto influyen y condicionan su vida diaria no puede reducirse sólo al ejercicio puntual de este derecho. Pero no por ello hay que olvidar el largo y difícil camino de lucha que ha habido que recorrer en nuestra historia, pasada pero aún muy reciente, hasta conseguir el reconocimiento del derecho de los ciudadanos y ciudadanas a elegir mediante el voto -sin discriminación de sexo, raza o condición social de los electores- a quienes les gobiernen. En efecto, votar no es suficiente, pero tampoco es lo menos importante.

En las pasadas elecciones locales y autonómicas han confluido varios factores que, a mi juicio, han orientado la participación y la voluntad ciudadana hacia un resultado que poco tiene que ver con el objeto concreto de esta última convocatoria electoral. La grave situación económica que estamos padeciendo y el hecho de que se esté acusando al actual Gobierno Central de una mala gestión de la crisis, es el factor más importante de todos, y ha sido el principal argumento del Partido Popular no sólo para intentar cambiar el significado del voto y el signo de los resultados, sino, ya de paso, para no tener que dar explicaciones de su gestión en los ayuntamientos y comunidades autónomas que gobernaban ni contar abiertamente cuáles son sus verdaderas intenciones para el futuro.

Que se haya votado en clave nacional explica, en mi opinón, que, siendo unas elecciones locales y autonómicas, hayan salido beneficiadas algunas candidaturas de derecha plagadas de sospechas e imputaciones de presuntos delitos, y que candidatos desconocidos con programas inexistentes hayan salido vencedores en muchos municipios de nuestro entorno y del resto del país. En cualquier caso, la grandeza de cualquier proceso electoral, desarrollado en libertad, es que, sean cuales sean los motivos de los electores para votar, al final el resultado es consecuencia de la opinión de la mayoría.

A quienes han obtenido peores resultados que los esperados, corresponde reflexionar y hacer un análisis en profundidad de esta situación, no sólo para superar con trabajo y nuevas ilusiones los posibles puntos débiles de la labor desarrollada hasta ahora, sino para identificar cuáles son las causas, conscientes o inconscientes, propias o ajenas, que han movido a la ciudadanía a castigar a unos y a premiar a otros.

También quienes han salido favorecidos, si no es mucho pedirles, deberían hacer su análisis, mirarse las entrañas y no el ombligo, tomar distancia con los pies en el suelo para entender el verdadero significado de lo que ha sucedido y no olvidar que la verdadera hoja de ruta de cualquier cargo público es el interés general de la ciudadanía.

Manuel Robles, Alcalde de Fuenlabrada

La estrategia socialista del “todo vale” por Cristina Cifuentes

Cuando apenas quedan unos días para el inicio de la campaña electoral, algunos han puesto en marcha la maquinaria de la mentira y el engaño en un intento por extender la confusión y el miedo entre los ciudadanos para sacar ventaja política. Tras los embustes sobre el copago sanitario o la eliminación de la gratuidad de las tiras de control de la glucosa para diabéticos, sale a escena la número dos de la candidatura socialista a la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce,  utilizando la muerte como instrumento electoral sin ningún tipo de pudor.

Valcarce critica al Gobierno de Esperanza Aguirre y dice que en Madrid ha habido “79 personas que han muerto esperando los recursos de la Ley de Dependencia”. Olvida la dirigente socialista que el 60% de las personas dependientes que todavía no reciben asistencia viven precisamente en comunidades autónomas gobernadas por el PSOE.

Lo cierto es que Madrid lidera la atención a dependientes, con 9 puntos por encima de la media nacional. La Comunidad atiende diariamente a 70.000 personas dependientes y otras 16.000 reciben prestaciones económicas. Además, nuestra región es la que cuenta con más plazas residenciales y centros de día. Desde la implantación de la Ley de Dependencia, el Gobierno de Esperanza Aguirre ha aportado en Madrid prácticamente la misma cantidad aportada por el Gobierno de Zapatero en el resto de España (3.400 millones de Euros en políticas de prevención y atención). Además, la aportación del Gobierno regional para la atención a la dependencia es casi diez veces la de la Administración General del Estado en la Comunidad de Madrid.

El Gobierno socialista presume de la paternidad de la Ley de Dependencia, pero no aporta los fondos necesarios para aplicarla. Y es la Comunidad de Madrid quien asume el 76% del coste de atención de cada persona dependiente. Valcarce fue impulsora de esta Ley desde la Secretaría de Estado de Asuntos Sociales y por tanto conoce perfectamente la situación. Por ello su mezquino intento de atacar al gobierno de Esperanza Aguirre a costa de los dependientes muertos resulta especialmente censurable.

Resulta lamentable la macabra utilización que los socialistas madrileños hacen de las desgracias ajenas. A eso se le llama “ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. Y es que en política no puede valer todo ni se deberían atravesar determinadas líneas rojas como acaba de hacer la número 2 socialista. Sin duda los madrileños les pasarán factura por ello.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta de el Asamblea de Madrid