“La importancia de la colaboración universidad-empresa” por Luis Suárez de Lezo

Luis Suárez de LezoLa Universidad es percibida por la sociedad española en general y por el tejido productivo en particular, como el ámbito académico donde se forman nuestros jóvenes para el desarrollo de una carrera profesional y donde se realizan debates de índole intelectual por los principales pensadores del país. No obstante, pocos son los que identifican la universidad como la entidad generadora de conocimiento con la que colaborar para el desarrollo de actividades innovadoras.

En nuestro entorno está situada la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) compuesta por 8 facultades, 30.000 alumnos, 1.000 empleados y más de 2.500 investigadores. En el Campus de Cantoblanco se encuentran ubicados 8 centros pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas que añaden 2.000 empleados más entre investigadores y personal de apoyo.  Es decir, uno de los principales polos de conocimiento, no solo a nivel regional y nacional, sino también, europeo.

El origen de la identificación de la Universidad meramente como entidad formativa proviene de la visión clásica en la cual la Universidad tiene dos grandes objetivos: la docencia y la investigación. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX se empieza a constatar que las grandes universidades deben añadir a sus dos misiones clásicas una tercera, la integración con su entorno, principalmente mediante la transferencia de conocimiento, tecnología y know-how. Es decir, se acepta que, como sociedad, debemos invertir en la generación de conocimiento, pero se espera obtener resultados vía mejora de la competitividad del tejido productivo. Pero, ¿Cómo transferimos esa tecnología/conocimiento?

La colaboración con el tejido empresarial es, sin duda, uno de los principales retos que las universidades, no solo las españolas sino también las europeas, tienen hoy en día. La distancia que hasta ahora mantenían los mundos académico y productivo se ve reflejada en las motivaciones para la investigación, donde la presión por obtener resultados económicos por parte de las empresas choca con el interés por la generación de conocimiento. Además, el reconocimiento profesional en las universidades en la que tan solo se consideran las publicaciones realizadas y no la colaboración con  las empresas. Entonces, ¿qué se puede hacer para fomentar la colaboración?

No existe la formula universal con la que reducir la brecha existente entre el mundo académico y empresarial. En la UAM, la colaboración arranca en las Oficinas de Transferencia de Resultados de la Investigación (OTRI), que ponen en valor la investigación aplicada e intermedian en los contratos. Continua con el Centro de Iniciativas Emprendedoras (CIADE) que apoya la creación empresas basadas en el conocimiento que, con frecuencia, se alojan en el Parque Científico de Madrid (PCM) ubicado en el Campus de Cantoblanco. El canal de Transferencia se completa con la Asociación para el Fomento de la Innovación en Madrid Norte, InNorMadrid, de la cual soy Secretario General, desde donde fomentamos una cultura activa de innovación en las PYMEs en la cual se integre la universidad, acercando objetivos e intereses comunes entre esas pequeñas empresas y los investigadores.

 

Luis Suárez de Lezo
Secretario General de la Asociación de Empresarios de Alcobendas – AICA
Secretario General de la Asociación para el Fomento de la Innovación Madrid Norte – INNORMADRID
Tesorero de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales – APRI
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“La competitividad de la PYME española” por Luis Suárez de Lezo

Se habla mucho sobre si las pequeñas y medianas empresas españolas son competitivas o no. Tras cuatro años duros y con un primer trimestre de 2012 que anticipa un año muy duro para la empresa, esa es una pregunta que debería hacerse, sobre sí misma, toda empresa que quiera seguir funcionando.

Los problemas que las empresas tienen en el día a día, financiación, impagados, tesorería, etc. impide a muchas hacer una reflexión estratégica de a donde debe dirigirse, así como hacer planteamientos que mejoren su situación en el mercado. La razón más importante por la que esto ocurre, y muchos pequeños empresarios se verán reflejados, es la excesiva atomización de las empresas que impiden crear empresas con tamaño suficiente para que el día a día no consuma a los tomadores de decisiones.

Pero no sólo por la toma de decisiones, la falta de tamaño de las compañías es un hándicap para ser más competitivas. Frente a la flexibilidad y capacidad de adaptación de las empresas pequeñas, un poco más de tamaño afectaría de forma notable a los aspectos más importantes de la competitividad: innovación, internacionalización y recursos humanos.

En cuanto a los efectos sobre la innovación, hay que destacar que las empresas más grandes no son necesariamente más innovadoras, pero sí se necesita un tamaño mínimo para aprovechar potencialidades como el mejor acceso a financiación, mayor número de recursos humanos y financieros, capacidad de diversificar y generar economías de escala.

Respecto a la internacionalización, un mayor tamaño permite producir con economías de escala de forma más eficiente, mayor capacidad para acceder a información y reducir los riesgos, así como mejores condiciones para acceder a financiación.

En lo que respecta a la formación y la cualificación de los empleados, las empresas con mayor tamaño tienen una mayor estructura para gestionar los planes de formación de sus empleados y mejores prácticas en el reclutamiento y retribución de los empleados.

A pesar de esta realidad, las pequeñas y medianas empresas tienen muchas herramientas a su disposición para paliar el problema del tamaño, inferior a nuestros competidores europeos. Las empresas que están participando en acciones de cooperación tecnológica o de internacionalización están obteniendo unos muy buenos resultados. 

La cooperación es una gran opción para las empresas y es algo que tiene que analizar toda aquella que tenga capacidad para ello. Puede ser entre diversos agentes del sistema de innovación y está motivada por intereses comunes que llevan a la colaboración, normalmente de oferentes (universidades, organismos públicos, empresas) y demandantes (empresas) de servicios de innovación. En otras ocasiones, la cooperación se produce también entre empresas competidoras. La más tradicional es entre clientes y proveedores; pero cada vez es más frecuente la cooperación entre agentes que desarrollan su actividad en áreas funcionales diversas, lo que ha ampliado el abanico de cooperantes y de resultados de la innovación. De hecho, esta cooperación “horizontal” está generando redes de innovación más amplias y diversas que parecen ser también las que están mostrando mayor dinamismo.

Desde el punto de vista más individual de cada pequeña empresa, también hay diferentes herramientas y técnicas que se pueden fomentar para mejorar la competitividad de las mismas. La gran mayoría son evidentes, pero como hemos comentado anteriormente, el día a día, impide muchas veces dedicarle tiempo a las mismas.

La tecnología es un elemento imprescindible que toda pyme debería utilizar, desde la presencia y venta a través de internet a la utilización de diferentes aplicaciones tecnológicas que mejoren la gestión interna o el acceso a nuevos clientes.

Igualmente, es importante analizar qué productos son lo que le permiten ser más competitivo priorizando aquellos que destaquen por marca, por calidad y por precio.

Del mismo modo, el conocimiento profundo del cliente permite apostar por estrategias y productos más beneficiosos para la compañía, teniendo en cuenta que el cliente cada vez tiene más información, es más proactivo y participa más en la difusión de mensajes y experiencias de compra.

Potenciar la comunicación y las estrategias marketing utilizando todas las herramientas que existen en el mercado para llegar a nuestros posibles clientes, fidelizarlos y trasladar una imagen adecuada de nuestra empresa.

En definitiva, para que nuestras pymes compitan en un mercado global, partimos de una situación de desventaja frente a las pymes de otros países por el tamaño de las mismas, excesivamente reducido. Pero hay herramientas que pueden mejorar su posición competitiva.

Desde una visión general, mediante la cooperación, teniendo a Asociaciones Empresariales, Universidades y otras empresas como aliados para crecer y ser más competitivos. Y desde una visión particular, utilizando las diferentes herramientas que permiten mejorar desde la gestión interna a la capacidad de acceso y fidelización de clientes.

Si las pequeñas y medianas empresas trabajan en esta línea, cuando se vuelva a acceder a financiación, se recupere el consumo y empiece a crecer la economía, estarán mejor preparadas para competir y crecer más rápido y y de forma más sólida y estable que en ciclos anteriores.

Luis Suárez de Lezo
Secretario General de AICA