“Fumar vs vapear” por Francisco Javier Blázquez

FOTO_JAVIERBLAZQUEZEl uso del cigarrillo electrónico se ha popularizado rápidamente y su consumo se ha disparado. Este producto ya se anuncia como si fuera un iPhone o una Nespresso y muchos fumadores quieren hacerse con él, al ser considerado como un artículo de moda.

Pero no se trata de un dispositivo nuevo, sino que se empezó a comercializar en China en el año 2003 y ha ido mejorando el diseño hasta convertirse en un bien identificativo de determinada categoría social. La polémica está servida, ya que la legislación en materia publicitaria y de uso de estos dispositivos, a diferencia del tabaco convencional, sigue sin estar regulada.

España prohibirá el consumo del cigarro electrónico en los lugares públicos, utilizando la reforma de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios que se está tramitando en el Congreso para incluir una enmienda, que modifica la actual Ley antitabaco para detallar los lugares donde se prohibirá el uso de estos dispositivos. Según el Ministerio de Sanidad es necesario regularlo prestando especial atención a la protección de los menores. Su uso se prohibirá en zonas infantiles, en centros sanitarios, en zonas de atención a los ciudadanos de las administraciones públicas y en el transporte público.

Esta modificación afecta a cualquier dispositivo susceptible de liberación de nicotina que pueda utilizarse para el consumo de vapor y contenga nicotina a través de una boquilla, y precisan que pueden ser tanto desechables como recargables mediante un contenedor de carga o un cartucho de un solo uso.

En Europa, se van a considerar como producto derivado del tabaco. No prohibiéndose su uso, pero sí se va a regular su venta y los lugares de uso. No se podrán vender a menores de edad, y los fabricantes de ‘e-cigarrillos’ tendrán que tener una licencia para poder distribuirlos.

Por otro lado, no se está actuando con la suficiente celeridad para regular su consumo, bien como un producto derivado del tabaco o como un producto farmacéutico, dándole un trato de favor y poniendo en riesgo el trabajo realizado hasta ahora y el cambio de conciencia social que todos hemos experimentado con el hecho de fumar en público.

Su utilización no consiste en fumar, sino que en realidad lo que se hace es vapear, o sea que, se trata de inhalar un vapor obtenido como resultado del calentamiento de un líquido que pasa por una resistencia, el cual puede contener más o menos dosis de nicotina. Esto genera un vapor, que es lo que luego se aspira. El líquido poco a poco se va gastando. Cuando se agota por completo, el cigarrillo electrónico se puede recargar. Tanto los botes de recarga como los propios ‘e-cigarrillos’ se pueden comprar en tiendas especializadas y pueden contener más o menos nicotina. No emiten vapor de agua inocuo y las personas que están pasivamente expuestos a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos pueden inhalar y absorber la nicotina u otros ingredientes y pueden mostrar niveles comparables a los fumadores pasivos convencionales.

El efecto que tiene para la salud es muy controvertido, ya que los expertos no se ponen de acuerdo. La Organización Mundial de la Salud desaconseja ‘vapear’ por no haber datos sólidos sobre sus efectos secundarios. La OMS no dispone de pruebas científicas que confirmen la seguridad y eficacia del producto, afirma la organización en un comunicado que “no puede aceptar sugerencias falsas de que aprueba o respalda el producto”.

El Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo está en contra del cigarrillo electrónico. Sostiene que su seguridad no ha sido demostrada, y menos aún su pretendida eficacia como instrumento de ayuda a las personas que quieren dejar de fumar.

Los expertos sanitarios consideran el cigarrillo electrónico debería tratarse como un producto farmacéutico pues de este modo, por un lado, estaría sujeto a rigurosos controles de calidad en su producción y distribución y, por otro lado, facilitaría la investigación sobre sus efectos sobre la salud, así como su eficacia como dispositivos para dejar de fumar.

La comercialización del e-cigarrillo es un negocio que mueve mucho dinero. En el mundo, ya hay más de 7 millones de personas que ya lo usan. Sólo en España hay entre 600.000 y 800.000 personas que ‘vapean’. Es un sector que mueve mucho dinero. Un ‘kit’ de un ‘e-cigarrillo’ y una dosis de líquido para un mes cuesta entre 50 y 60 euros. Esto supone un volumen de negocio que puede deberse al interés de las tabacaleras al intentar hacerse con el mercado prohibido al tabaco convencional.

Francisco Javier Blázquez
Periodista sanitario

“Su entrevista, gracias” por Guillermo Infantes Capdevilla

FOTO_GUILLERMOINFANTES¿Por qué es el presidente de la Asociación Nacional del Cigarrillo Electrónico? La respuesta por parte del entrevistado ─ que obviamente se trata del presidente de dicha asociación – no habla de amores a primera vista con la profesión, ni de ilusiones pueriles y fantasiosas sobre el idílico mundo de los sustitutivos del tabaco, tampoco de los muchos cánceres de pulmón que se pueden evitar con su épica labor de firme defensor de la causa de los cigarros de vapor.

La respuesta aglutina una cantidad de sinceridad que según la vi pensé que me iba a afiliar yo también a la organización que esta persona representa. “Porque me va el barro. Me interesa por currículo. Contactos voy a hacer muchos. He conocido a una persona en Hacienda, a otra en Sanidad… A lo mejor mañana hablo con ellos de otros temas”.

 

O-L-E

Esta entrevista la pueden ojear si acuden a la contraportada del ejemplar de EL PAÍS del pasado domingo, es decir, son unas declaraciones que este señor representante de la industria tabacalera de mofa sabe que van a trascender y que van a llegar a muchos lectores. Es realmente admirable cómo lo dice, sin tratar de buscar los romanticismos en los que muchos nos enredamos a la hora de explicar por qué nos dedicamos a lo que nos dedicamos. Me hubiese gustado que en una entrevista a Chicote éste hubiera declarado: “supe que me iba a poner las botas de gratis”. O a Bárcenas soltando un “yo sabía que ser tesorero del PP era la mejor manera de ganar dinero a espuertas”. Con esto no quiero comparar para mal la respuesta de este representante del cigarrillo electrónico, sino más bien todo lo contrario, alabar la manera en la que lo dice, sin tapujos.

Asimismo, aclara en la entrevista que lo mejor es ni fumar ni vapear (entiéndase como fumar cigarrillos electrónicos) y recomienda a la periodista que lo entrevista que si no fuma tabaco no pruebe el cigarrillo electrónico. Aún estoy esperando a que el vaquero de Marlboro descabalgue, resucite y reconozca que eso de fumar era malo después de esto.

Si han tenido la oportunidad de ver la película “Gracias por Fumar”, dirigida por Jason Reitman y basada en la novela de Christopher Buckley (gracias filmaffinity) podrán comprobar que la imagen que se ha tenido siempre del mundo de las tabacaleras es la de un lobby plagado de capullos neoliberales sin escrúpulos, lo cual choca frontalmente con la actitud del entrevistado por EL PAÍS.

¿Cambiará el panorama del tabaco en nuestro país? ¿Prohibirán fumar vapor en espacios públicos? ¿Sería Ud. capaz de explicar por qué trabaja donde trabaja con el mismo pragmatismo?

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas