“La psicomotricidad como recurso terapéutico” por Lidia Abades

FOTO_LIDIAABADES_ADALVIRLa realización de la práctica psicomotriz tiene múltiples beneficios para nuestros residentes y  sumados a su realización al aire libre, hacen de esta actividad una de las terapias más completas y gratificantes para nuestros mayores, además de ser uno de los ejes fundamentales en el trabajo diario desde el departamento de Terapia Ocupacional.

Pero… ¿qué es la psicomotricidad? Más allá de ser una “simple” actividad física, la psicomotricidad es una técnica corporal que nos permite trabajar de forma global con el residente, estimulando no sólo los aspectos físicos, sino también aspectos cognitivos, afectivos y relacionales.

Como terapeutas ocupacionales, nuestro objetivo general  a través de la práctica psicomotriz es optimizar la independencia funcional y la calidad de vida del usuario, a la vez que trabajamos aspectos como: la conciencia corporal, el equilibrio, la lateralidad, la coordinación, la relajación, la memoria, la respiración, la atención, la expresión y comunicación y la socialización.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos sobre los que podemos incidir y trabajar, el uso de la psicomotricidad como técnica terapéutica en el trabajo diario con personas mayores nos permite diferentes niveles de intervención (preventivo, rehabilitador, terapéutico…), pudiendo adaptar el desarrollo de la sesión a las características y necesidades de nuestros residentes según sus capacidades y/o grados de deterioro cognitivo o funcional, obteniendo a través del movimiento y el trabajo corporal una mejora en su la calidad de vida.

Pero, ¿cómo se desarrolla una sesión de psicomotricidad? El inicio de las sesiones suele estar marcado por un ritual de entrada que nos permite centrarnos en la actividad que vamos a realizar y prepararnos para el desarrollo de la misma: ejercicios de respiración, correcto posicionamiento y orientación a la realidad.

En el núcleo de la sesión se desarrollaran las actividades enfocadas a trabajar los objetivos marcados inicialmente. Conforma la parte más amplia de la misma y es en ella donde utilizamos el movimiento como eje principal del trabajo.  Es en este momento donde en muchas ocasiones utilizamos diferentes elementos motivadores para favorecer y estimular el movimiento corporal, tales como aros, picas, pelotas…

El final de la terapia estará marcado igualmente por un ritual de cierre,  donde en función de las características del grupo, se expondrán cómo se han sentido durante la sesión y terminará con una actividad de clausura acompañada por música o una canción. Además de un ejercicio de memorización sobre lo que se ha trabajado en la sesión, indicando cuál es la siguiente actividad o tarea a realizar.

De esta forma podemos ver como la psicomotricidad constituye un recurso terapéutico fundamental en el día a día de nuestros mayores, permitiéndonos trabajar de una forma global sobre la persona,  mejorando así su bienestar y su calidad de vida.

LIDIA ABADES HERNÁNDEZ

Experta en psicomotricidad geriátrica y terapeuta ocupacional en Adavir Torrejón de Ardoz.

“La mejor ayuda para quién lo necesita” por Sara González

FOTO_SARAGONZALEZLa dopamina, es un neurotransmisor que desarrolla la mayoría de sus funciones  en el cerebro, manejando actividades importantes como el comportamiento, cognición, actividad motora, motivaciones, regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, aspectos de la atención, y el aprendizaje.

El déficit de dopamina en zonas determinadas del cerebro, da lugar a lo que llamamos enfermedad de Parkinson (EP), afectándose la transmisión de la información necesaria para la correcta realización de los movimientos, y esta es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en nuestro medio tras la enfermedad de Alzheimer con el consiguiente impacto en la calidad de vida de los pacientes y no menos importante, sobre la de sus cuidadores.

En España la prevalencia de la enfermedad es de 1500/100000 habitantes, siendo más frecuente en hombres que en mujeres (1,7/1). En relación a la edad, es una enfermedad que puede manifestarse en cualquier etapa de la vida, si bien es cierto que el 70% de los casos diagnosticados son personas mayores de 65 años, ya que las posibilidades de padecerlo aumentan con la edad.

Actualmente la EP, está en proceso de redefinición. Este nuevo enfoque recoge además de los problemas motores conocidos, nuevas alteraciones en el sistema nervioso, en el sistema límbico, en el somatosensitivo y también alteraciones en la conducta y del estado de ánimo.

El cuadro sintomático que padecen las personas con Parkinson se manifiesta de numerosas maneras, temblores, rigidez muscular, bradicinesia (lentitud de movimientos) y anomalías posturales, trastornos del equilibrio y del sueño, todas ellas variando su intensidad según el estadío en el que se encuentre la enfermedad. Según la Asociación Europea de la Enfermedad de Parkinson el 94% de los pacientes sufre anomalías motoras, el 84% síntomas depresivos y en un 65% trastornos cognitivos. Estas diferencias fisiopatogénicas están influenciadas por factores genéticos y factores ambientales, aunque solo un 10% de los casos de EP, son de origen genético.

Esta combinación supone para el paciente una disminución importante en su calidad de vida de forma progresiva, sobre todo si no ha sido capaz, o no ha recibido la ayuda suficiente para asumir el tipo de enfermedad que se le ha diagnosticado, la evolución natural de la misma y más importante aún, en lo que él puede actuar sobre la misma. Aquí entraría una alimentación adecuada y sobre todo el ejercicio supervisado.

Cuidar a un paciente con Parkinson en un estado avanzado, necesita de un tratamiento integral, que incluye además de cuidados médicos (con valoración nutricional y de riesgo de caídas ) y de enfermería, fisioterapeutas que dirijan el ejercicio imprescindible, terapeutas ocupacionales que ayuden a mantener las funciones cognitivas, psicólogos que puedan tener una valoración pormenorizada de su estado psicoemocional y si es necesario logopeda. Por supuesto, esto no elimina una medicación muy específica tanto antiparkinsoniana, que aportará la dopamina necesaria al sistema nervioso, como medicación sintomática para ayudar a reducir los efectos secundarios.

Las residencias para mayores y centros de día, se muestran en muchos casos como la mejor solución a este tipo de situaciones indeseadas. Ofrecen la oportunidad de combinar la rutina de la personas afectadas por el Parkinson con una serie de horarios perfectamente marcados para tomar su medicación y realizar las terapias complementarias necesarias en su día a día, además de rodearse de cuidadores cualificados y servicio médico las 24 horas.

Asimismo, una de las ventajas principales que puede suponer para estos enfermos estar tratados en centros especializados en el cuidado de personas mayores, es el estar diariamente valorados por un equipo multidisciplinar que observa la repercusión de cada una de las actividades en que usuario se implica. Por otro lado, es muy importante la repercusión positiva que puede tener sobre la calidad de vida de sus cuidadores, más aún cuando hayamos conseguido la confianza del mismo, que como todo conlleva un tiempo de adaptación. En este como en la mayoría de los casos, es imprescindible la colaboración de los cuidadores familiares.

Ya que no existe a día de hoy un tratamiento que cure el Parkinson, tenemos que aprovechar el resto de terapias a nuestro alcance, que aunque no curen, sí que mejoren la percepción del día a día de la convivencia, en un entorno que entiende la enfermedad y facilita su ambiente.

 

Sara González Blázquez

Directora Médico del Grupo Adavir

www.adavir.com

“Avanzan los tiempos que es una barbaridad” por Sara González

FOTO_SARAGONZALEZEsta es la frase que repetía mi abuelo cada vez que oía alguna noticia que le sorprendía con un gran avance, y murió a los 97 años en 1989.

En ese momento, si a un paciente como él, al hacerle la historia clínica le preguntabas sus antecedentes familiares, era difícil que te pudieran contestar a no ser que hubiera sido una muerte traumática o como mucho: “de los pulmones” “de la tripas” o respuestas similares poco específicas.

A partir de aquí llegaron los grandes avances en técnicas diagnósticas de imagen, RMN, TAC, PET…., que nos han permitido ver lesiones que nunca hubiéramos imaginado, y no solo en imagen bidimensional, sino en movimiento para observar la función, con contraste viendo, por ejemplo, como la sangre pasa de unas cavidades a otras (ECO), o la actividad cerebral. Pues bien, todo esto se queda pequeño comparado con el desarrollo de la genética en los últimos años.

Genética, como nos dice su significado etimológico (guénesis, origen), “es la parte de la biología que estudia nuestro origen”, buscando en los genes la herencia que va pasando de generación en generación. Así, la información de nuestro color de ojos, de pelo o la estatura la llevamos en nuestra carga genética, y mucho más importante que esto, la información de nuestra posibilidad de padecer cada una de las patologías que a día de hoy conocemos.

Gracias a este conocimiento y su aplicación en la medicina, podremos no solo diagnosticar y tratar, sino lo que es mucho más importante, hacer profilaxis. Por ejemplo, si la incidencia de diabetes es muy alta en mi familia, al hacerme el estudio genético, no voy a poder modificar mis genes, pero voy a poder cambiar mis hábitos de vida para que aparezca lo más tarde posible, protegiendo los órganos diana con revisiones previas. Esto quiere decir que hay otros dos componentes importantes que pueden actuar para ralentizar la aparición de la enfermedad a la que estamos predispuestos genéticamente a padecer: los factores ambientales y nuestros hábitos de vida.

He puesto de ejemplo la diabetes, por su gran prevalencia, pero podríamos hablar de cualquier otra patología.

Dado que los grandes avances de la medicina van a estar muy unidos a la genética, es importante que podamos informarnos de: ¿qué es?, ¿en qué nos puede ayudar? ¿qué tipo de estudio nos podemos hacer?

Aunque esto parece fácil hoy día con las redes sociales, es mejor tener buenas fuentes de información, y tiempo de reflexión.

Por este motivo, con la intención de colaborar, las residencias Adavir han incorporado el servicio de herencia genética a su carta de servicios, brindando la posibilidad de contratar la conservación de muestras biológicas para realizar en un futuro estudios genéticos familiares.

Sara González Blázquez

Directora Médica del Grupo Adavir

http://www.adavir.com