“Abortando que es gerundio” por Guillermo Infantes Capdevilla

FOTO_GUILLERMOINFANTESAbortar está de moda, y eso es algo que al gobierno le duele muchísimo. En lo que va de año (y estamos aún en febrero) el gobierno lleva un total de dos abortos y va camino del tercero: Abortan la misión de privatización de la sanidad en Madrid, abortan el proyecto de remodelación del barrio de Gamonal en Burgos y ahora van a abortar ─porque lo van a hacer ─ la empresa en la que se ha embarcado Gallardón sobre la reforma del aborto. Los supuestos que justifican tanto aborto en el gobierno son bien claros: la oposición de la calle y una política de rotos y remiendos.

Sinceramente, estoy recobrando la fe en la idea de que los ciudadanos podemos cambiar el rumbo de los acontecimientos a través de nuestra expresión en las calles, y los siguientes pasos son la LOMCE, el aborto y la subida de tasas universitarias. La clave reside en la insistencia y la perseverancia (ya lo dicen muchos libros de autoayuda) y en ser conscientes de que la última palabra la tenemos nosotros, quieran o no.

Como ya sostuvo Ortega y Gasset influenciado en parte por Hegel, somos hijos de nuestro tiempo. Un tiempo de poderes mediocres y algo apolillados. Hay que pensar la vida, y apoyarnos en las pasiones para llegar a ese pensamiento. Desde hace un tiempo nos ha faltado pasión, que imagino que en cierta medida deriva de lo motivados que estemos con una causa. Lo que está haciendo el gobierno no es más que hacernos recuperar esa pasión y satisfacción por ver que al fin las movilizaciones tienen su repercusión y que el ejemplo de mayoría silenciosa de poco sirve en estos días, si es que alguna vez sirvió.

 

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas
Anuncios

“Envolviendo con periódicos” por Guillermo Infantes Capdevila

FOTO_GUILLERMOINFANTESUn papel de regalo cuesta más que un periódico, lo cual ha llevado a SS.MM los Reyes de Oriente a envolver los regalos de esta navidad con un ejemplar de El País del 21 de diciembre de 2013. Esto ha dado lugar a que uno de los regalos que he hecho ─en nombre de Baltasar─ este 6 de enero haya ido acompañado de un Gallardón en la foto de portada, anunciando que el Ministro de Justicia daba por terminada la Ley de Plazos que estaba vigente hasta ahora.

No me considero un purista del periódico en papel ni me regocijo en la pulpa de celulosa al pasar las páginas de un diario, pero siento cierto rechazo hacia la conversión de los medios de comunicación escritos a las plataformas digitales en detrimento de los periódicos en papel. Resulta arcaico leer este tipo de prensa si no es de la mano de tablets u otros tipos de dispositivos electrónicos y, como ya indicaba al comienzo de este artículo, el papel de periódico nos es más útil envolviendo regalos o demarcando la zona de meado de nuestro perro/gato.

Esta fiebre de la prensa escrita en medios digitales conlleva que la financiación de este tipo de periodismo derive de la publicidad ─como en otros medios como radio o televisión─ y deje de depender de las ventas de ejemplares y las suscripciones, es decir: de las personas.

El periodismo se debe al ciudadano y no a la publicidad ya que, poniéndonos algo quisquillosos, podría suponer que éste se viese supeditado a sus sponsors antes que a la información.

Hemos llegado al punto de que un periódico como El País tenga una difusión diaria de 330.000 ejemplares, pero 3 millones de seguidores en Twitter a los que les aparece en su timeline cada nueva noticia que se publica en la web del famoso diario. Los periódicos quedan apartados para los puristas y melancólicos, mientras que la mayoría de la sociedad se ha adaptado bastante bien a las comodidades que ofrece la información en la web.

Aún no estoy graduado en periodismo ─estoy cursando el segundo año─ pero tengo bien claro que (y no me relacionen con la SGAE después de lo que voy a decir) quiero que mi trabajo sea valorado y pagado por los lectores, y no gracias a los banners publicitarios que copan las webs de los diarios. Agradecería mucho más que se comprase mi trabajo antes que poder observar que el último reportaje o crónica tiene X número de likes o una puntuación de X estrellas.

Y, sobretodo, me frustra que un papel de regalo cueste más que un periódico.

Guillermo Infantes Capdevila
Representante estudiantil UC3M
Área de Estudiantes del Consejo de la Juventud de Alcobendas

 

“No al retroceso en los derechos de las mujeres” por Manuel Robles

Manuel RoblesSe han cumplido dos años del Gobierno presidido por Mariano Rajoy , a lo largo de los cuales los españoles hemos podido comprobar que nada de lo que se prometió se ha cumplido y casi todas las medidas que el Gobierno de España ha tomado han sido para retroceder en derechos y libertades, en forma de decretos y leyes que han significado brutales recortes en servicios esenciales como la Sanidad, la Educación, las Pensiones, una dura reforma laboral que se van a seguir endureciendo, la nueva ley de seguridad ciudadana que atenta contra la libertad de manifestación.El penúltimo recorte a los derechos y libertades adquiridos con esfuerzo y consenso tiene que ver con el anteproyecto de Ley del Aborto, presentado por el ministro Gallardón el pasado mes de Diciembre.

En realidad esta propuesta viene a demostrar que el PP llegó al gobierno para imponer unas reformas de corte ideológico, ultraliberal en lo económico y más ultraconservador en cuanto a derechos y libertades. Esta Ley supone un ataque a los derechos de las mujeres, a su capacidad de decidir sobre su propio cuerpo, su salud y su vida. Es un retroceso de dimensiones históricas que nos retrotrae a etapas predemocráticas y deja a España en un mal lugar ante los países europeos ,que veían en nuestro país un referente en cuanto a la evolución democrática de su sociedad hacia la construcción de una nación moderna y progresista.

La ley aprobada en 2010 ha dado buenos resultados y no ha provocado, como decían los ultraconservadores, más abortos, sino más seguridad médica, psicológica y jurídica para la mujer, más garantías para decidir sin que dependan de sus posibilidades económicas.

El ministro Gallardón ha mostrado su verdadera cara, la verdadera cara ideológica del PP, influida por su corriente más ultra y conservadora, dominada por los intereses de los grupos ultracatólicos que provienen de la España del franquismo, de la etapa más negra de nuestra historia. Utilizan a las mujeres como moneda de cambio, argumentando de forma cínica y maniquea que es en defensa de la vida ¿De qué vida? De poner en peligro la propia vida de las mujeres, de condenarlas otra vez a la incertidumbre, a la clandestinidad, al miedo, al sentimiento de culpabilidad.

Este gobierno ultraconservador no respeta nada, pero lo más grave es que no respeta a la mujeres. Sr. Ministro, las mujeres son responsables con sus decisiones y así lo demuestran los datos. Para una mujer  la decisión de ser madre no es baladí. No es una decisión frívola como ustedes parece que dan a entender. Es una decisión absolutamente responsable.

Desde el gobierno municipal que presido hemos apostado siempre por las políticas a favor de las mujeres y vamos a luchar junto con las asociaciones de mujeres, con los partidos de izquierdas y progresistas para que esta Ley se modifique profundamente, o no se apruebe y dejen en vigor la que tenemos actualmente, que ha demostrado plenamente su eficiencia y equidad.

Manuel Robles Delgado
Alcalde de Fuenlabrada

“¡Uf, por este artículo de opinión sobre las políticas de igualdad me va a caer la del pulpo!” por Miguel Aguado

Miguel AguadoDebo decir de antemano que siempre he defendido la igualdad de hombres y mujeres. No creo que una sociedad en la que la mitad del planeta tenga menos derechos y oportunidades que la otra sea una sociedad justa. Considero que esta no es solo una causa de las mujeres, es y debe ser una causa común de las personas justas. Sinceramente creo que los valores femeninos son mejores para lo colectivo y lo público; es decir, que con una visión femenina la política sería mejor para todos. No descubro nada nuevo: ya lo dijo el feminismo en el pasado siglo. No me refiero a una cuestión numérica, que también, sino de modos y formas: la búsqueda de lo que se comparte frente a lo que diferencia, el acuerdo frente a la discrepancia,… ¡Vamos, una democracia más real!

Dicho esto, quisiera reflejar algo que me lleva dando vueltas desde hace tiempo. Lo políticamente correcto sería callarme, dejarlo en ese lugar del cerebro donde se almacenan las cosas que no se usarán. Pero creo que el debate libre nos obliga a poner sobre la mesa lo que consideramos debe ser de utilidad, aún a riesgo de estar equivocado o de tener respuesta discrepante.

Hace algunos años en las entidades sociales y en la izquierda política se hablaba de políticas o áreas de mujer; quedaba claro, se trataba de acciones dirigidas a lograr que la desigualdad de la mujer en general se redujese. Eso está muy bien. Luego, por esa obsesión que tenemos en la izquierda de reinventar los nombres para seguir muchas veces haciendo lo mismo, pero más moderno, se le llamó políticas de igualdad. Ahí comienza mi discrepancia, cuya expresión en público en este artículo me llevará a la “muerte política” (es broma, ¿supongo?).  

Es verdad que tenemos muchos problemas de desigualdad en nuestra sociedad con las mujeres, sin lugar a dudas. Es cierto que tenemos un número repugnante de atentados a mujeres por hombres asesinos, machistas y posesivos, es igualmente cierto que las mujeres en general cobran menos que los hombres como reflejan los informes oficiales, es cierto que cuesta ver una mujer en los lugares importantes de toma de decisiones en la esfera internacional o en las empresas. Es verdad todo eso.

Pero tengo la sensación que una cosa es la realidad y otra la respuesta tradicional desde la izquierda. Los partidos de izquierda (PSOE e IU principalmente) compiten para ser los que más peso le dan a las políticas de mujer. Así logran colocar en la agenda política temas como la paridad, las listas cremalleras, los porcentajes de mujeres en puestos directivos, la defensa de la decisión de las mujeres sobre el aborto (parece mentira que en pleno 2013 tengamos que seguir hablando de ello por la visión retrógrada del PP y especialmente del “progre” Gallardón), los premios de mujer, las entidades de mujer,… Todo muy bien, ahora lo llamamos igualdad y no hay dirigente que no  quiera estar al frente de ello.

Así, en mi propio partido recientemente se propuso como evolución positiva que en todas las decisiones importantes que se tomasen estaría presente una persona (presumiblemente mujer) para valorarlo desde la perspectiva de la igualdad o de género. Considero que la igualdad, la justicia social o la honestidad por ejemplo, no se pueden “procedimentar” o reglamentar; se trata de valores y eso o está presente en todo y en todos los que toman decisiones o no hay reglamento que lo sustituya.

Este feminismo de las élites femeninas en política bien podría ser llamado el “feminismo del 1%”, el cual trata sólo del techo de cristal, pero muy pocas veces del suelo de piedra. Se ocupa de las preocupaciones, ansiedades y prerrogativas del 1%, mujeres que están en o cerca del nivel más alto de sus profesiones, el mundo corporativo o gubernamental. Desgraciadamente, esto les ciega en su propio campo de visión limitado, tiende a hablar en nombre de todas las mujeres, universalizando algo que es profundamente particular. Porque, realmente ¿todas las mujeres españolas consideran como prioritario que los partidos políticos presenten sus listas en forma de cremallera? Que conste que cuando me presenté a la Alcaldía de mi municipio (Tres Cantos) en 2003 (¡qué mayor ya!) presenté una lista cremallera, por convencimiento, por didáctica política y por capacidad de todos y todas. 

Considero que esta visión de feminismo corporativo es fundamentalmente conservadora, porque liga la igualdad a valores post-materiales. Daríamos a entender que lo material y la desigualdad más básica, la material, ya se ha logrado; quedando únicamente “huecos” por cubrir en ese post-materialismo. Esta visión del feminismo utiliza metalenguajes corporativos, es conformista con las estructuras de la cultura corporativa y no requiere, aparentemente, ningún cambio cualitativo en las relaciones sociales. En su lugar requiere que aquellas personas que estén sufriendo un  impacto fuerte de la desigualdad y la discriminación deban modificar su perspectiva psicológica.

El feminismo vertical desde arriba hacia abajo depende de la benevolencia y política de género de las que llegan arriba. No se trata de hacer acciones colectivas o construir un poder colectivo para el cambio.

Recuerdo que cuando en el Gobierno del José Luís Rodríguez Zapatero se lanzaron las ayudas de 2.500 euros a los nacimientos, política que no comparto por ser lineal, trabajaba en una agencia de comunicación y en ese momento se encontraban embarazadas, al tiempo, la Directora General y la recepcionista. Mientras que para la primera era un dinero que le vendría bien, para la segunda era una ayuda imprescindible.

Pero, considero que sin restarle importancia al problema esta visión que se ofrece a veces  desde la izquierda es claramente una visión burguesa (como se decía antes). Porque, la mayor desigualdad, la falta de igualdad mayor en derechos y oportunidades en España no es entre hombres y mujeres, lo siento, es entre ricos y pobres; sin lugar a dudas. Es decir, no estamos en esa sociedad post-material donde algunos consideran se ubica la política.

Hace unos días la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organización internacional que reúne a los 34 países más industrializados del mundo, hizo público un informe sobre la desigualdad en el período comprendido entre 2007 y 2010.

España, según este estudio, no solo es el país con mayor desigualdad de la eurozona, también es donde más crecieron las diferencias entre los más ricos y los más pobres en este período, es decir, los años correspondientes a la primera mitad de la crisis. Complementariamente, tres millones de nuestros compatriotas (si, 3 millones) se encuentran en la extrema pobreza.

Este informe señala cómo la desigualdad en lo que referido a los recursos familiares, medido en el llamado coeficiente Gini que refleja la diferencia de ingresos en un país, se agravó en España 2,9 puntos en este indicador a lo largo del periodo analizado.

¿Hay que trabajar por la igualdad entre hombres y mujeres? sin duda; pero hay que reorientar las prioridades. Esto quiere decir, desde mi perspectiva, que siendo importantes para nuestra sociedad y su progreso las medidas que se piden desde lo que denomino el feminismo del 1%; en época de crisis como la actual, debemos cambiar la prioridad y darle más importancia y esfuerzo a que la desigualdad no se cebe, aún más, en las mujeres en general y en las que se encuentren en situaciones de mayor vulnerabilidad en especial. Esto hay que hacerlo con más insistencia y al tiempo, no en lugar de.

Lo moderno parece ser hablar y hacer jornadas sobre mujer (bienvenido sea), igualmente señalar las políticas de nuevos derechos: gais y lesbianas, por ejemplo. Pero parece ser que es poco moderno hablar y trabajar por lo que la izquierda se fundamenta: acabar con la pobreza. Yo me quedo con la frase de mi admirado Olof Palme: “Yo no quiero acabar con los ricos, quiero acabar con la pobreza”. Por eso soy socialdemócrata.

Ahora,…. ya pueden lincharme.

Miguel Aguado Arnáez
Diputado PSOE Asamblea de Madrid