“Una historia repetida” por Cristina Cifuentes

Como ocurrió con el 3 de marzo de 1996, el 20 de noviembre de 2011 se ha convertido en una fecha clave de cambio en la historia de nuestra reciente democracia; por su necesidad indiscutible y por su parecido con la situación del país a mediados de los noventa.

Entonces como ahora, España atravesaba por una grave crisis económica: el paro superaba el 20 por ciento, la mitad de los jóvenes españoles no podía acceder a un empleo, las cuentas de la Seguridad Social estaban en quiebra, las perspectivas de crecimiento eran prácticamente nulas, la credibilidad de nuestro país dentro y fuera de las fronteras era inexistente y la corrupción salpicaba al Gobierno socialista.

Quince años después, mismo partido en el Gobierno, problemas similares, misma ineficacia. Todo igual, quizá con una excepción: la deriva a la que hace tiempo abandonó al país el presidente Rodríguez Zapatero, ahora en funciones, cuando desoyó la crisis y, antes y después, con su empeño en hacer una política de imagen en lugar de apostar por la política de gestión.

Ahora como entonces, el Partido Popular tiene la responsabilidad de lograr la recuperación de  España lo antes posible. Y eso, sin duda, pasa necesariamente por adoptar medidas urgentes, hacer importantes esfuerzos y remar todos juntos.

Es urgente una reforma del mercado laboral, que dote de garantías a los trabajadores, que no tenga como prioridad reducir el coste del despido sino abaratar la contratación, bonificando, por ejemplo, con una reducción en el Impuesto de Sociedades a aquellas nuevas empresas que creen empleo. Una reforma que no deje de lado a quienes han sido los grandes perjudicados de esta crisis, como jóvenes, mujeres y parados de larga duración con más de 45 años.

Igual de urgente es dar un ejemplo de austeridad y de gestión responsable con un saneamiento de nuestras cuentas públicas; porque un control exhaustivo y riguroso del déficit presupuestario, impidiendo el endeudamiento excesivo del Estado y las Comunidades Autónomas, será la única garantía para preservar nuestro estado de bienestar.

Sin duda, el nuevo Gobierno tendrá que eliminar gasto corriente y no productivo, evitar duplicidades, priorizar la prestación de servicios y planificar una adecuada inversión pública, haciendo de la vuelta a un plan de estabilidad presupuestaria el objetivo irrenunciable.

Y se deberá afrontar sin demora un saneamiento y reestructuración del sistema financiero para dotarlo de mayor estabilidad, mejor seguridad y más dinamismo.

España tiene futuro y los españoles tienen más cerca la solución. Si aplicamos medidas, y actuamos juntos y con determinación, conseguiremos recuperar la credibilidad y la confianza que nuestros vecinos europeos demandan.

Confianza, empleo y austeridad, tres elementos de una suma que, entonces como ahora, nos sacará con buenas expectativas de la crisis y convertirá a España, de nuevo, en un referente en el mundo.

Cristina Cifuentes, vicepresidenta Asamblea de Madrid

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“Municipios, una deuda pendiente” por Francisco Javier López

El 20-N expiró la tregua que algunos políticos se habían dado antes de iniciar la senda de los recortes en unas maltrechas finanzas municipales golpeadas por la crisis.  Una crisis económica que ha provocado que los Ayuntamientos hayan visto mermados en más de un 63 por ciento sus ingresos.

El problema de los Ayuntamientos no es ni su deuda, salvo excepciones como el Ayuntamiento de Madrid, ni su déficit público.  Los ayuntamientos soportan un 5,6 por ciento de toda la deuda pública española y su déficit es del 0,6 por ciento.

El problema municipal se encuentra en que los Ayuntamientos sólo asumen el 13 por ciento del total del gasto público, frente al 36 por ciento de las Comunidades Autónomas y el 51 por ciento del Estado.  La media europea de gasto municipal supone el 25 por ciento del total.  Incluso en Estados centralistas como el francés el gasto municipal supone el 22 por ciento del total.  En otros como Finlandia o Suecia los municipios soportan más del 44 por ciento del total del gasto.

Si los municipios se muestran incapaces de soportar sus gastos anuales se debe a una nunca bien resuelta financiación municipal y a unos compromisos de gasto contraídos para asumir competencias que corresponderían en más del 70 por ciento de los casos a las Comunidades Autónomas, como bomberos, cultura,  promoción social, o sanidad.

Si a esta situación le añadimos las limitaciones que el Ministerio de Economía ha dictado para la refinanciación  de la deuda municipal, el pago de esa deuda y el pago a los proveedores de bienes y servicios, puede llevar a una situación que los Ayuntamientos, privados de los ingresos que aportaba el boom inmobiliario, no pueden superar por sí mismos, sin la ayuda de otras Administraciones.

Una situación que podría llevar a la ruina municipal, pero que podría ser solucionada poniendo en marcha unas cuantas medidas sensatas.

En primer lugar conocer la situación real de cada Ayuntamiento en cuanto a déficit y deuda financiera y a proveedores.  Determinando qué servicios propios o impropios están prestando.

En segundo lugar, los Ayuntamientos deben poder refinanciar su déficit, aún limitado a no superar determinados límites de endeudamiento.

En tercer lugar deben acometerse políticas de austeridad, eficacia, eficiencia y control del gasto, especialmente el gasto superfluo, gasto en altos cargos y puestos de confianza, coste de las concesiones administrativas y privatizaciones.  No se explica que haya alcaldes, concejales y altos cargos, que tienen sueldos superiores al Presidente del Gobierno y sus Ministros.

Sería conveniente revisar y renegociar los contratos y pliegos de condiciones de las empresas que prestan servicios al Ayuntamiento para suprimir clausulas abusivas y ventajistas.

La Comunidad de Madrid debería de dotar un Fondo de Financiación Local, un Fondo de Rescate de 2.000 millones de euros, para sanear de forma controlada los municipios madrileños.  Unos recursos vinculados a Planes de viabilidad y saneamiento económico en los Ayuntamientos solicitantes de los mismos.  Unos Planes de Ajuste que no deberían afectar nunca a servicios públicos esenciales como ayuda a domicilio, o educación.

Unos fondos gestionados por la Comunidad de Madrid, con la participación de la Federación Madrileña de Municipios y los Agentes Económicos y Sociales.

Por último, parece urgente abordar una segunda descentralización del Estado, estableciendo competencias municipales y los recursos necesarios para gestionarlas.

Los Ayuntamientos, siendo la Administración más cercana a la ciudadanía, no pueden ser opacos y poco transparentes. La participación social es más fácil en ellos y una condición para la credibilidad y la regeneración democrática.  Ingresos, gastos, sueldos de alcaldes, concejales, cargos públicos y de confianza, deben ser absolutamente transparentes.

Estas medidas permitirían evitar mucho sufrimiento innecesario para la ciudadanía.  Si no se afrontan no haremos sino sembrar desconfianza, retrasar la salida de la crisis, seguir perdiendo empleo, debilitar la calidad de nuestras vidas.  Es el momento de elegir entre soluciones duras pero equilibradas y compartidas, o forzar el sufrimiento  y provocar el conflicto.

Francisco Javier López Martín, Secretario General de CCOO de Madrid.

19N: Jornada con reflexión e influencias en Twitter por David Guerrero

En el artículo 144 de la Ley Orgánica 5/1985 del Régimen Electoral General se recoge que “serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año o la multa de seis a veinticuatro meses” quienes realicen “actos de propaganda una vez finalizado el plazo de la campaña electoral”.

La conocida como Jornada de Reflexión se implantó en nuestro país para evitar incidentes entre simpatizantes de los diferentes partidos políticos y sobre todo propiciar un voto “sin influencias”.

En  el año 1985, cuando se aprobó nuestra actual ley electoral, en España sólo un grupo de físicos de altas energías de seis Centros Académicos y de Investigación estaban conectados en red. Hoy somos más de 27 millones de internautas, hay 15 millones de usuarios españoles en Facebook y más 3 millones de “twitteros”.

Este 19N, estoy seguro de que los perfiles oficiales de los principales partidos y candidatos quedarán silenciados. ¿Pero la Junta Electoral perseguirá los “tweets” de militantes y simpatizantes?

Imagino a magistrados y catedráticos tropezándose con su toga en “muros” y “timelines” en su tarea de mantener la objetividad y transparencia del proceso electoral.

Las redes sociales seguirán siendo, como en las últimas semanas, el paraíso de la opinión política. Ese gran foro de discusión en la que las armas son las palabras y la batalla se decide entre eslóganes e idearios de partido.

Los medios de comunicación abrirán sus informativos con las concentraciones de indignados, que como ya ocurrió en las elecciones autonómicas, reflexionarán de forma colectiva, crítica y en ocasiones contradictoria en plazas de toda España.

Mientras en las redes sociales se compartirán libremente argumentos a favor y en contra de ese, este o aquel candidato, se recordarán los errores de uno y otro bando, aparecerán las fórmulas mágicas que necesita el país….y al final alguien pedirá el voto.

Hasta el proceso más importante de nuestra democracia está marcado por lo absurdo…

David Guerrero, Director de Informativos y Contenidos SER Madrid Norte – SER Madrid Sur

“Una cita electoral de extraordinaria importancia” por Manuel Robles

Todos los procesos electorales son importantes por su propio significado, ya que son la expresión de la voluntad soberana de la ciudadanía dentro del sistema del Estado Democrático del que disfrutamos hace ya más de 30 años. Pero esta cita electoral del 20N, precedida por las cercanas elecciones municipales y autonómicas, tiene una importancia decisiva en el devenir de nuestro país, dado el contexto socioeconómico en el que los ciudadanos han sido convocados a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso y de que color político va a ser el Gobierno de la Nación en la próxima legislatura.

Es muy importante que nuestro voto sea la consecuencia de una reflexión bien meditada sobre qué podemos ganar y extraordinariamente relevante sobre qué podemos perder, dependiendo de que obtenemos por un partido o por otro.

Desde el máximo de los respetos a la opción política que tome cada ciudadano, creo que en esta coyuntura hay que pensar con claridad hacia donde nos puede llevar el modelo que salga mayoritario para formar gobierno. Si esta reflexión no se produce de forma sosegada, puede que el voto se dirija a una opción política que no solo no contribuya a salir de la crisis y reducir las dolorosas cifras de paro, si no que haga recortes  de Derechos Sociales y de Servicios Públicos esenciales; que pueden ser irrecuperables, o muy difíciles de recuperar en el futuro.Como les sucedió a países como Inglaterra que después de gobiernos ultraconservadores eliminó derechos y servicios, que ahora se tienen que pagar aquellos que pueden hacerlo y el resto va a servicios de rango asistencial.

El modelo del PP que considero no ha sido transparente en su programa, es todavía más ultraconservador y  ya nos ha demostrado donde gobierna que no sabe crear empleo, y además recorta servicios públicos.

Por ello, creo sinceramente que la opción del PSOE sigue siendo la que puede darnos más garantías de futuro.

En estos momentos, a pesar de que se puedan haber cometido errores, es el Partido Socialista el que está en condiciones de garantizar la defensa del Estado de Bienestar y de Derechos Sociales, junto con su capacidad para mantener a España como país solvente y preparado para salir de esta crisis, que como vemos cada vez afecta a más países de la Unión Europea y del mundo.

Cuando esto se supere estoy seguro que se reconocerán los méritos del gobierno socialista, de Zapatero y de Rubalcaba, que han conseguido para este país progreso social, modernidad, y sobre todo han contribuido de forma muy relevante a la Paz tan ansiada, después de años de terror etarra.

Yo tengo una gran fe en el Partido Socialista, en la capacidad y en los valores de sus candidatos y candidatas. Y sobre todo en su candidato a presidente Alfredo Pérez Rubalcaba. Por esto pido el voto para el PSOE.

Manuel Robles, alcalde de Fuenlabrada

“Para vencer el inmovilismo” por José Carlos Boza

El próximo día 20 los españoles estamos convocados a las urnas para elegir el nuevo Parlamento. Si por algo se caracteriza esta consulta electoral es por una idea dominante: todas las fuerzas políticas, así como la inmensa mayoría de los ciudadanos son conscientes de que un cambio en el rumbo es imprescindible. Incluso el partido en el Gobierno, que no repite candidato, no oculta esa máxima, consciente de que la trayectoria actual solo aporta negatividad, crisis y tensión social.

Todas las elecciones suponen una llamada a la ilusión y a la esperanza. En este caso, esas premisas alcanzan una mayor cota si cabe. Para todos resulta evidente que no se han dado los pasos adecuados y las elevadas cifras del paro son tan solo una de las muestras de ello. Existe en España un clima de “borrón y cuenta nueva”, de oportunidad, de ganas de iniciar un camino más realista ante los nuevos retos.

Cualquiera que sea el partido -o partidos- que tenga las responsabilidad de formar gobierno tras el 20-N tiene ante sí una difícil tarea. La coyuntura financiera mundial no invita al optimismo, las economías de los países desarrollados –especialmente las europeas- no solo no terminan de remontar el vuelo, sino que aún están lastradas por el desempleo, el desconcierto de los mercados y las dudas sobre el papel que debe jugar el sector bancario.

Un panorama complicado que, en el caso español, se ve agravado por otros desafíos como el fin de ETA, el compromiso con nuestro estado del bienestar y la búsqueda de un modelo de financiación municipal que permita a los ayuntamientos ejercer de pleno el rol de administración más próxima al ciudadano.

Frente a ello, la ilusión de millones de españoles; un inmenso capital político que aguarda un programa serio capaz de emplear ese impulso para generar calidad de vida y superar situaciones pasadas.

Aunque se trata de un sentimiento casi utópico durante una campaña electoral, los españoles demandamos a los máximos responsables políticos serenidad, confianza, un proyecto definido y una relación con los ciudadanos presidida por la sinceridad. No necesitamos ni paternalismo ni que se nos oculte la gravedad de la situación por la que atravesamos.

Afortunadamente, en estos días de mítines y debates los líderes están actuando con moderación, dejando de lado las estridencias de una precampaña que ya se nos estaba haciendo eterna.

A mi juicio –por supuesto interesado- uno de los líderes y uno de los proyectos destaca por encima de todos los demás. El mismo con el que, según los sondeos, coinciden la gran mayoría de los españoles. En cualquier caso, sea quien sea el ganador, a partir del 21 de noviembre todos esperamos lo mismo: trabajo, ilusión y proyecto. Sin duda, será todo un cambio frente al inmovilismo de los últimos años.

José Carlos Boza Lechuga, Alcalde de Valdemoro