“El fondo de las ideas” por Miguel Aguado

Muchos años antes de hacerse famoso en todo el mundo como gurú de la comunicación progresista con sus libros “No pienses en un elefante” y “Puntos de reflexión”, el norteamericano George Lakoff coescribió un libro prácticamente desconocido, entre la lingüística y la filosofía, titulado “Metáforas de la vida cotidiana”, que la Universidad de Chicago publicó allá por 1980. El entonces treintañero Lakoff elaboró con el filósofo Mark Johnson una tesis provocadora: que las metáforas condicionan de manera decisiva e invisible nuestra forma de percibir la realidad, de pensar y de actuar. Si el lenguaje nunca es neutro, las metáforas son el elemento más tendencioso de todos.

Lakoff y Johnson ponen un ejemplo ingenioso para demostrar hasta qué punto nos dominan las metáforas. Para nuestra cultura, discutir es combatir. En castellano, como en muchos otros idiomas, aceptamos sin rechistar la metáfora “una discusión es una guerra” y la reforzamos mediante un vocabulario belicista y una lógica de confrontación, en la que un interlocutor ataca los puntos débiles del otro, se tira con bala si se dispone del suficiente arsenal dialéctico y se atacan los argumentos del contrario, que puede atrincherarse en sus posiciones, defender su territorio o contraatacar de forma combativa, hasta que uno se impone y gana la discusión. Imaginemoslo distinto que sería discutir si perteneciéramos a una cultura donde rigiera la metáfora ‘una discusión es un baile’. Los interlocutores tendrían que colaborar entre sí y marchar al compás, y primaría la armonía sobre la victoria, el ritmo sobre la refutación, el goce estético sobre el dialéctico.

En una sociedad avanzada y acomodada como la nuestra solemos dar por supuesto que nuestra calidad de vida viene determinada por nuestro bienestar material. Sí, aceptamos que la salud y el amor también importan, pero solemos asumir que para sentirnos satisfechos lo decisivo son el dinero y las cosas materiales que podemos comprar con él.

Ya lo dijo Homer Simpson: “¡Bart, con 10.000$ seremos millonarios! Podremos comprar todo tipo de cosas útiles, como… ¡Amor!”. La evidencia de que muchísima gente es feliz aun viviendo en sociedades pobres e incluso míseras no consigue poner en cuestión nuestra metáfora cultural de “más dinero es mejor”. Bueno, esto está cambiando. La consabida crisis económica, y sobre todo de valores, está obligando a revisar este punto de vista. Es obvio que muchos occidentales, y sobre todo muchos europeos, están matizando su materialismo y evolucionando hacia un posmaterialismo que les hace medir su bienestar en términos no exclusivamente económicos.

En esa línea, siempre he pensado que si como personas nuestra aspiración máxima es ser felices, como sociedad nuestro anhelo colectivo ha de ser procurarnos (o rozar) esa felicidad. En tal caso, es evidente que el deber de los políticos es intentar que la gente sea feliz, más feliz o en el peor de los casos menos infeliz. ¿Suena ingenuo?, pienso, como Petra K. Kelly, que se debe estar en política por creer en ello y tratar de lograrlo. Aquí encuentro un claro punto de fusión entre política y ética, humanismo, o incluso espiritualidad: trabajar para la felicidad de los demás; o como me dijo un muy alto oficial dela Guardia Civil: “Aguado,la Guardia Civily los políticos tenemos un objetivo en común: trabajar por los demás”. Era el reflejo del lado espiritualidad dela Guardia Civil, que igualmente lo tiene.

Miguel Aguado
Diputado PSOE Asamblea de Madrid
 
De niño escuché: “ Si no veis nada,
volved hacia atrás. Tomad distancia”
Vetusta Morla (grupo musical de Tres Cantos- Madrid).
Tema: CENAS AJENAS. DISCO: MAPAS
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One Response to “El fondo de las ideas” por Miguel Aguado

  1. cherryberrry says:

    Bellos pensamientos que podría compartir si” volvemos atrás y tomamos distancia”. Difícil ejercicio en estos tiempos de zozobra. Estoy totalmente de acuerdo en que el dinero no da la felicidad. el tener el suficiente como para no tener que pensar en él, sin duda ayuda. La economía del decrecimiento es algo por lo que empezar. Recomiendo esta entrevista:

    para aquellos que sientan la necesidad de que el discurso sea un baile. También hay bailes muy estimulantes. Sobre los políticos, quizás deberían contemplar esa etapa como un servicio temporal, no una profesión vitalicia. Abriría mucho más la perspectiva. Una cosa es no pensar en un elefante y otra dejar que te lamine, que es como algunos contemplamos las decisiones políticas.

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