¿A qué huelen las nubes? por Ángel Garrido

No ha empezado muy bien el Presidente Zapatero su nuevo oficio de “observador de nubes”. De hecho fue hacer públicas sus intenciones y -como una especie de señal estelar- ver desplomarse desde los cielos el satélite UARS, que nos tuvo en vilo a todos unos dias, ante la posibilidad, nada remota, de que impactara en tierra firme y habitada.

Al Presidente Zapatero se le he acusado, no sé si con razón o sin ella, de “gafe”. Pero a mí, más allá de anécdotas nada concluyentes de ciertas derrotas deportivas en su presencia, personalmente siempre me ha parecido lo contrario, es decir: ZP es un hombre con suerte.

Porque díganme a mí si no es tener verdadera suerte que después del estado en el que ha sumido el Estado -y perdonen mi voluntaria redundancia- alguien, en este caso el Señor Rubalcaba (y recalco lo de Señor), decida “comerse el marrón” y dejar que el en breve ex-Presidente, se pueda marchar con toda tranquilidad a observar nubes. Es una verdadera suerte, en serio. Yo creo que ni el mismo se lo imaginaba y esperaba con terror infantil que en algún Congreso montado ad hoc, todos sus posibles sucesores por aclamación le pidieran que se volviese a presentar, que a ellos les daba la risa. Pero este hombre, créanme, tiene suerte.

O explíquenme también si no es una cosa de intervención directa de la diosa Fortuna el hecho de que habiendo nombrado en Ministerios transcendentales como los de Fomento, Economía o Sanidad, a personas de la acreditada solvencia de Magdalena Álvarez, Leire Pajín, María Antonia Trujillo o Elena Salgado, España no haya tenido que declararse en quiebra, salir de Europa y pedir el ingreso en alguna organización económica centroafricana. Es un hombre con mucha, muchísima suerte.

Sí, Zapatero ha arruinado el país, es un hecho incontestable; pero viendo los compañeros de viaje que ha tenido, lo cierto es que bien se puede hablar nuevamente del “milagro español”, porque es un verdadero milagro que sigamos en pie y podamos afirmar como país con Garcilaso que

Cuando me paro a contemplar mi estado

y a ver los pasos por do me han traído,

hallo, según por do anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado;

Zapatero se va a observar nubes y yo le deseo, de corazón, lo mejor. Porque además creo que es imposible que haya hecho las cosas tan mal a propósito, así que en su descargo, al menos no hubo dolo. ZP es un hombre de suerte, ya lo he dicho, así que una vez esté por allí arriba observando, es posible que no vuelva a llover en el mundo, pero seguro que es el primer ser humano que desvela el célebre enigma publicitario de a qué huelen las nubes. Por mucho menos otros Presidentes han ganado un Nobel.

Ángel Garrido, concejal del Ayuntamiento de Madrid

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